Sin tacto – Sucesión UV (7)
Por Sergio González Levet
La legislación autoimpuesta por la Universidad Veracruzana desde el nacimiento
de su etapa como institución autónoma previó que el Rector fuera elegido por un
grupo de notables, reunidos en la Junta de Gobierno.
Serían y son nueve personajes cuya decisión garantizaría la democracia interna
de la casa de estudios, puesto que su currículum, su honorabilidad y su propia
investidura los llevarían a elegir de entre los aspirantes a quien la comunidad
auscultada por ellos durante el proceso de elección hubiera señalado como el más
idóneo. Y también el fallo de estos sabios -pensaron quienes plantearon la
creación de la Junta- tomaría en cuenta la carrera personal, las capacidades y la
preparación del elegido, con el fin de que llegara el mejor.
Quienes idearon esta forma de selección para la máxima autoridad universitaria
mostraron su vocación democrática y su mejor voluntad, pero también un cierto
grado de ingenuidad, porque no establecieron los límites indispensables para que
el proceso no pudiera ser desviado por las ambiciones personales o por la falta de
ética, como se corre el peligro de que suceda en esta sucesión.
Ingenuos, y poco expertos en el uso del idioma, porque en la redacción de las
leyes dejaron resquicios a la interpretación por el uso de términos ambiguos, que
ahora un grupo de anti-demócratas -encabezado por el Rector actual, un
personaje grisáceo que responde, las pocas veces que lo hace, al nombre de
Martín Aguilar- pretende aprovechar para consolidar un golpe de Estado que le
regale otros cuatro años a quien no mostró en su primer periodo ninguna
capacidad y menos liderazgo para llevar a la UV por los mejores caminos de la
calidad y el reconocimiento.
A casi cuatro años de que se cumpla su mandato, Martinillo entrega muy malas
cuentas porque nuestra ilustre institución de educación superior, otrora orgullo de
los veracruzanos, ha retrocedido en todos los indicadores de calidad y ha perdido
el lugar de excelencia que tenía en el concierto de la educación superior
internacional.
Este rectorcito está moviendo los hilos para que las nueve personas que forman
la Junta de Gobierno actual decidan en contra de los deseos de la comunidad
universitaria, tuerzan la ley ignominiosamente y lo designen graciosamente como
un rector prorrogado.
Los tres distinguidos ex rectores de la era de la autonomía, una decena de
ilustres ex consejeros de la Junta de Gobierno -José Sarukhán, Diego Valadez,
Eduardo Matos Moctezuma, Ricardo Corzo, Alberto Olvera y Adalberto Tejeda
Martínez entre otros prestigiadísimos nombres-, tres aspirantes a participar en la
sucesión rectoral y una cantidad notable de académicos se han manifestado en
contra de esa chicanada que pretenden el Rector y la Junta. Con cartas abiertas a
la sociedad veracruzana, han manifestado firmemente su exigencia de que el
proceso se ajuste a lo señalado por la Ley Orgánica, la Ley de Autonomía y el
Estatuto General de la Universidad Veracruzana.
Es toda una comunidad en contra de nueve personas que deberían ser dignas y
no peleles sin criterio. Con Martinillo, completan una decena de enemigos de la
democracia universitaria que quieren imponer la voluntad de seguir mangoneando
de un individuo que ha sido un mal rector y, a lo que se ve, una mala persona
también.
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