Adalberto Tejeda-Martínez
El miércoles 27, a las cinco de la tarde, rendirá su último informe Martín Aguilar
como legítimo Rector de la Universidad Veracruzana. A partir del próximo lunes es
muy probable que siga en el puesto, pero ya no será legítimo, no sólo por las
razones que académicos, exrectores, exintegrantes de la Junta de Gobierno,
estudiantes, consejeros universitarios y cientos de artículos en la prensa lo han
documentado fehacientemente, sino también por lo que mostrará y lo que no
mostrará el tal informe.
En la lectura del documento y en las imágenes que lo acompañen, no se dará
explicación alguna sobre por qué, desobedeciendo el mandato del Consejo
Universitario General, el Rector retiró la iniciativa de nueva Ley Orgánica
presentada ante el Congreso local. Por qué no le exigió al Gobierno del Estado el
cabal cumplimiento del 4% del presupuesto estatal, que por ley le corresponde a la
UV. No se espera que a cabalidad se diga por qué 27 posgrados de la UV no
cumplieron con los recientes lineamientos de la Secretaría de Ciencia del
Gobierno federal, ¿fue descuido, falta de presupuesto? Tampoco abundará la
información sobre el subejercicio presupuestal que fue denunciado en el Consejo
Universitario del 6 de junio.
Mucho menos se informará sobre la necesaria integración de un comité de
honor y justicia para decidir la sanción que corresponde al amanuense del Rector,
el escritor Omar Valdés Benítez, por el plagio de veinte páginas de un libro de
David Foster Wallace para presentarlas como propias en el prólogo a Memorias
del subsuelo, de Dostoievski, no sólo publicada en 2013 sino reditada en 2023,
cuando muy probablemente ya era conocida la falta de Valdés, pero fue solapada
por las autoridades universitarias.
Mucho menos se aludirá al rechazo a la recomendación de la Comisión Estatal
de Derechos Humanos sobre el acoso laboral de la Secretaria de Desarrollo
Institucional contra una trabajadora.
Se mencionan sólo seis faltas, pero graves, suficientes para que la Junta de
Gobierno no hubiera, ni remotamente, dado el pase automático, o la exención de
examen, al doctor Aguilar para que continúe cuatro años más desobedeciendo a la
máxima autoridad de la UV –el Consejo Universitario General– y para que sea
omiso en la defensa del presupuesto, la calidad académica, la ética y los derechos
universitarios.
Sin embargo, sí mostrará el informe los avances en logística: desde hace
semanas se desató una cruzada para cambiar a los integrantes del Consejo
Universitario no afines a la administración, y se estuvo llamando telefónicamente a
la mayoría, presionándolos para que se manifiesten a favor de la prórroga; desde
la madrugada del día 23 se desplegará –o se desplegó– un cerco para impedir
que algún grupo inconforme se acerque siquiera a la sede del informe, no sea que
vaya a arruinar la fiesta –ceremonia seguida de cena de gala– con la que se
pretende legitimar lo ilegítimo. Al cuarto para las doce, se dio la orden de rehacer
el documento y el video del informe, a fin de que no aparezca cifra alguna negativa
a la administración. Al mismo tiempo, se organizó una lista de invitados
especiales, académicos, trabajadores y estudiantes no consejeros, para que en la
ceremonia funjan como porristas de Martín.
Se tratará, entonces, de un acto de manipulación, desinformación, coacción y
cerrazón: un motivo de mucho peso para negarle legitimidad a la prórroga del
Rector.
