EL DERRUMBE DE TRES SÍMBOLOS QUE SE CRÍAN INTOCABLES EN MÉXICO

Sep 17, 2025 | Columnas

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Prosa aprisa

Arturo Reyes Isidoro
Todavía hasta la segunda mitad del siglo pasado se decía que había cuatro símbolos
intocables en México: el presidente de la república, el Ejército (entonces la Marina-
Armada de México no cobraba la relevancia que tiene hoy), los Símbolos Patrios (la
bandera, el escudo y el himno nacional) y la Virgen de Guadalupe. En son de broma se
agregaba al presidente de Estados Unidos.
El 1 de septiembre de 1988 se desmitificó la figura presidencial cuando el entonces
senador Porfirio Muñoz Ledo, del entonces Frente Democrático Nacional (FDN),
antecedente de lo que terminó en Morena, interrumpió e intentó interpelar al presidente
Miguel de la Madrid, quien rendía su sexto y último informe de gobierno.
Cuando el priista iba a la mitad de su lectura, de pronto se escuchó aquel: “Con su
permiso señor presidente”, una, dos, tres veces. En ese momento el país entero, que veía
y escuchaba la transmisión en vivo (se unían todas las cadenas de radio y televisión del
país), contuvo la respiración.
Un periodista con orígenes en Chicontepec, Fidel Samaniego Reyes (QEPD), de El
Universal, de los mejores cronistas que ha habido, apuntó en aquel memorable día: “Y fue
entonces cuando murió una época y nació otra. Aquella mañana ocurrió lo que nunca
había ocurrido. Y el ritual ya envejecido quedó sepultado. Y los gritos, los puños, los
rostros enrojecidos aparecieron en el salón de sesiones de la Cámara de Diputados, en
lugar de los gestos comedidos, los aplausos desmedidos, el absoluto respeto a las
formas”.
A partir de entonces ningún presidente estuvo a salvo de ser cuestionado por la oposición
y en 2006 con Vicente Fox primero y luego en 2007 con Felipe Calderón legisladores del
PRD, que venían del FDN, les impidieron llegar a la tribuna y hablar en San Lázaro. En
adelante se optó porque el secretario de Gobernación fuera a entregar el Informe por
escrito a San Lázaro y que el presidente diera un mensaje desde el Palacio Nacional.
Había caído uno, el primero, de los símbolos que se creían intocables.
Treintaiún años después, quienes vimos la caída de la figura presidencial del pedestal en
el que había estado, asistimos también al derrumbe de la imagen de otra institución, que
con todo y su papel represor en el movimiento estudiantil de 1968 era símbolo de orgullo
de la mayoría del pueblo mexicano: el Ejército, pero esta vez arrodillado y maniatado por el
propio presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador.
El fatídico jueves 17 de octubre de 2019 pasó a la historia cuando AMLO ordenó la
liberación de Ovidio Guzmán, hijo de Joaquín El Chapo Guzmán, quien había sido
detenido por el Ejército en Culiacán y expuso al instituto armado a una humillación sin
precedente en su historia al hacerlo capitular ante la delincuencia organizada con el
pretexto de salvar vidas de civiles inocentes, sin mencionar que una mala organización y

estrategia de su gabinete de seguridad fue la que los expuso al peligro en el que
estuvieron.
Antes, en diferentes fechas, su mismo Comandante Supremo, o sea Andrés Manuel,
había expuesto a soldados al atarlos prácticamente de manos y prohibirles que se
defendieran ante vejaciones por parte de turbas alentadas o compuestas por los mismos
delincuentes, como vimos en muchas imágenes que quedaron para la historia, sin que el
gobierno hiciera nada por evitarlo. Hoy sabemos que López Obrador se entendía con y
protegía a la delincuencia organizada.
Al final a los soldados los convirtió en obreros y albañiles y a los jefes les encargó los
grandes proyectos y obras emblemáticas de su gobierno, que cuando vieron que podían
robar como los civiles cayeron en la corrupción. Había rodado por los suelos otro símbolo.
Cobró entonces relevancia la Marina-Armada de México, que pasó a ocupar el lugar de
honor que había tenido el Ejército, a la que AMLO le entregó también la responsabilidad
de diversas instituciones de gobierno, como las aduanas del país, y hoy el escándalo por
el huachicoleo fiscal es monumental, al grado que se considera que altos mandos crearon
una verdadera red delincuencial paralela a la de los delincuentes organizados, aunque
coludidos con ellos, red en la que involucran a los propios hijos de López Obrador y al
mismo Andrés Manuel.
Quedan los Símbolos Patrios a salvo, aunque no han faltado los y las morenistas que los
han mancillado, como en el caso en Veracruz de la diputada Tanya Carola Viveros
Cházaro, así como la Virgen de Guadalupe, realmente el único símbolo intocable y,
aunque antes se decía en broma, el presidente de Estados Unidos, que de pronto se
convirtió en la verdadera esperanza de México, porque gracias a la presión del gobierno
de Donald Trump se está actuando en nuestro país y están en prisión verdaderos peces
gordos de la Marina.
Reacciona MC ante derrotas en Poza Rica y Papantla
El dirigente nacional de Movimiento Ciudadano, Jorge Álvarez Máynez, y el delegado
nacional en el estado y exdirigente estatal, Sergio Gil Rullán, acusaron a la gobernadora
Rocío Nahle de haber orquestado un fraude electoral para revertir los triunfos de su
partido en Poza Rica y Papantla y dárselos a Morena. A diferencia de Álvarez Máynez,
quien se midió en sus palabras, Gil Rullán se fue a fondo y acusó a Nahle de
“huachicolera electoral” y de estar metida de lleno en el proceso, así como de haber
cooptado al OPLE y haber amenazado a los magistrados del Tribunal Electoral de
Veracruz.
Están molestos por no decir que furiosos, lo que es entendible, y lo que dicen es cierto
pero no es nuevo, aunque, como siempre, es difícil de probar (que la gobernadora decidió
convertirse en la jefa de campaña de su partido y tomó el control de los órganos
electorales). El coordinador nacional dijo en declaraciones a Milenio que Nahle está
sentando un mal precedente de fraude que no se debe permitir.

Difiero. Todos los gobernadores, y ahora Rocío, han estado atrás de los fraudes
electorales, que en todas las elecciones ha habido en Veracruz, con la diferencia de que
los de Morena decían que no eran iguales. Resultaron más de lo mismo y hasta un poco
peores. No que por sabido se acepte esa vieja práctica y que los electores estemos y nos
quedemos conformes. Al final somos los grandes y verdaderos perdedores, porque los
gobiernos, antes del PRI, ahora de Morena, pasan por encima de la voluntad popular.
Me llamó mucho la atención la conclusión del dictamen del magistrado Gilberto Salazar
Ceballos, del Tribunal Electoral de Veracruz, quien planteó muy claramente que
“independientemente de que materialmente puedan tener razón o no”, hubo ineficacia
probatoria en la impugnación. Creo que ahí está el punto medular. Puede entenderse, al
menos así lo entiendo, que el togado tal vez vio o consideró que, “materialmente”, sí hubo
fraude, pero que él tuvo que apegarse a la ley y proceder con los elementos legales que
le turnaron, que si está acertada su decisión la Sala Regional o la General del Tribunal
Electoral del Poder Judicial de la Federación habrán de confirmarla, y si no, de revertirla.
Respeto la postura de los dirigente emecistas, pero creo que están cayendo en lo mismo
que los opositores a la prórroga como rector de Martín Aguilar Sánchez, que creen que
con declaraciones o escritos en forma de artículos para los medios lo van a tumbar. No
que se deje de luchar, de denunciar, de impugnar, nunca, pero sí de estar siempre muy
conscientes de que en cada proceso no se va a enfrentar a un candidato y a un partido,
sino a todo el aparato de Estado, al que hay que derrotar en forma contundente, por
amplio margen en las urnas, respaldados siempre por el mejor equipo legal de defensa
que se pueda.
Concluyo por ahora que los fraudes que ha habido y que legalmente no se pueden probar
van a dejar una gran ola de inconformidad ciudadana, que miles de veracruzanos ya no
tienen ninguna duda de que Morena ahoga la democracia, como lo hizo el PRI, por la que
tanto lucharon sus fundadores, y que nunca debe morir el espíritu de lucha por un México
verdaderamente democrático por el que generaciones precedentes han venido luchando,
siempre conscientes de que la lucha ahora es más difícil cuando ya tienen el control de
los tres Poderes, el último el Judicial.