Desde el Café
Bernardo Gutiérrez Parra
Quienes visitaron Álamo después de la inundación del 10 de octubre
(ya sea para prestar ayuda o por puro chinche morbo), fueron
recibidos por “El Colotero” un imponente y emblemático
monumento que se convirtió en orgullo de los alamenses desde el
2004.
Inclinado hacia adelante, descalzo, con los pantalones arremangados
arriba de las rodillas, desnudo del torso y con un colote sobre sus
espaldas del que vaciaba decenas de naranjas, la obra del escultor
pozarricense Miguel Vargas Martínez tenía 15 metros de altura y
estaba asentada sobre una base de 230 metros de longitud, hasta que
sucedió la de malas.
Este martes a eso de los 8 de la mañana, un estruendo rompió la
tranquilidad en la calle Quintana Roo esquina con un tramo de la
carretera México-Tampico donde estaba instalado el monumento. El
estruendo lo provocó el colapso del Colotero que se vino abajo
veintiún años después de ser colocado en ese lugar. Y si digo
colocado es porque nadie lo inauguró.
La escultura representaba un atractivo turístico para Álamo (un lugar
que no tiene muchos atractivos que ofrecer), pero era ante todo, un
reconocimiento a los campesinos que trabajan diariamente en el
cultivo y cosecha de la naranja, cítrico que es el motor principal de
la economía del municipio.
“Se convirtió en parte de nuestra identidad porque el cultivo de la
naranja está arraigado en Álamo desde hace siglos. Nueve de cada
diez campesinos se dedican a esta actividad que han heredado a sus
hijos, nietos, bisnietos, tataranietos…”, me dijo un colega.
El Colotero llegó a ser tan importante para los alamenses que se
convirtió en punto de reunión (nos vemos en el Colotero); en punto
de referencia (ahí por donde está el Colotero); en parada de
autobuses, (la parada del Colotero) y en escenografía para fotos y
videos de bodas, 15 años, graduaciones y hasta primeras
comuniones (Qué fotos de estudio ni qué mis tompiates, vamos a
retratar a mi ahijao en el Colotero).
Por veintiún años el imponente gigante hecho de acero y hormigón
aguantó de todo, hasta balazos. Durante unas labores de
mantenimiento se encontraron impactos de bala en el cuerpo del
colotero y en el cesto cilíndrico que se elabora con tiras de carrizo
reforzado con cuero; el famoso colote. Aunque nada como para
preocuparse.
Pero este martes se vino abajo, aparentemente como consecuencia
del reblandecimiento de tierra ocurrido tras el diluvio del 10 de
octubre.
“No quiero sonar cursi, pero a pesar de las pérdidas materiales que
hubo en la ciudad y de los millones de pesos que se perdieron
porque el 90 por ciento de los naranjales quedaron bajo el agua, el
Colotero nos daba para arriba; era para nosotros un ejemplo de
trabajo y perseverancia. Pero con su derrumbe nos sentimos como
huérfanos”, me dijo el colega.
Enterada del hecho, la gobernadora Rocío Nahle escribió en sus
redes: “El Colotero es una obra emblemática del municipio de
Álamo, conocido como la capital de la naranja. Debido a las pasadas
lluvias torrenciales, el monumento quedó fracturado y hoy
lamentablemente colapsó. Vamos a levantar una réplica con el
mismo diseño del maestro Vargas”.
Que así sea.
bernagup28@gmail.com
