CUM AMORE

Ene 16, 2026 | Columnas

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Sin tacto

Por Sergio González Levet

En el Renacimiento italiano dos familias llegaron a tener un poder inaudito, los
Médici y los Borgia, de las que se cuentan sus historias truculentas en la política y
sus grandes mecenazgos en el arte. Vivían entre la opulencia y una inmoralidad
plena, no obstante que entre ellos hubo varios papas.
Eran famosos por sus riquezas y su dominio, y además por su manera insana
de ejercer el poder. Entre los manejos palaciegos se cruzaban muchas traiciones y
muchos secretos y no fueron pocos los que murieron envenenados por la mano de
su propia parentela.
Se sabía que tenían la costumbre de mandarse mensajes escritos que eran
entregados por criados, quienes ejercían un oficio que resultaba sumamente
peligroso, porque si la carta terminaba con la bonita frase “Cum amore” (con amor)
quería decir que su contenido era muy peligroso y había que matar al mensajero
que la había entregado, con el fin de garantizar su secrecía.
Bueno, pues guardadas todas las diferencias del caso, en nuestros días y en
nuestro país los periodistas ejercemos un oficio similar al de aquellos mensajeros,
pues damos cuenta pública de lo que sucede y de cómo sucede, en particular en
lo que se refiere a acciones de las autoridades de los tres niveles. Pero esa
función por lo general lleva implícita el final fatídico “Cum amore”, porque quienes
gobiernan desde la Cuarta Transformación pareciera que quieren matar al
mensajero, al periodista, que no es sino el vehículo que informa sobre lo sucedido,
y no el responsable de que haya hechos reprobables, aunque lo quieren culpar
quienes los han cometido.

Desde las tribunas del poder morenista se lanzan anatemas e invectivas en
contra de los informadores que se atreven a reportar hechos de corrupción o
errores garrafales que cometen los funcionarios de los gobiernos cuatroteros.
La propia Presidenta nos llama chayoteros, comentócratas, buitres, carroñeros,
impudorosos y ya no sabe qué inventar para acallar las voces que señalan lo mal
hecho desde el Gobierno y la manera en que están enderezando la nación hacia
un autoritarismo que se quiere eternizar en el poder.
Pero los comunicadores no somos culpables de que las autoridades no hagan
bien las cosas; tampoco de que no elogiemos hasta el absurdo a los gobernantes
morenistas.
No somos tapaderas, somos informadores; no somos enemigos, somos
solamente los mensajeros de las buenas y las malas noticias. Sin embargo, nos
insultan, nos calumnian, nos investigan fiscalmente, nos encarcelan sin pretexto,
nos asesinan.
No tenemos la culpa de que las cosas no se hagan bien. Y no hay razón para
que nuestras informaciones sean objeto de denuncias. Solamente somos los
portadores del mensaje de la realidad.
Un mensaje que está terminando siempre con la frase fatal:
“Cum amore”.

sglevet@gmail.com