Sin tacto
Por Sergio González Levet
Hurgando en “Sin tacto” me di de frente con un texto que publiqué en 2014,
precisamente el 20 de noviembre, y me produjo una sensación encontrada, porque
me pude dar cuenta de que 15 años después hay un tema en el que sigo
pensando igual, lo que por un lado me parece digno de encomio en el caso de la
congruencia pero por otro me hace quedar mal con el desarrollo de mi
pensamiento.
Sí quedé muy satisfecho con aquel Sergio por la importancia que le daba al
protagonista más importante, crucial, definitivo de esta columna: el lector (o la
lectora, para los incluyentistas).
“Ustedes como lectores son unos tontos, unos ignorantes, unos buenos para
nada. A mí no me sirven ni para limpiarme los zapatos. Tan no me importan, que
escribo para mí, porque solamente yo me entiendo, pues soy el único inteligente
que hay por aquí. Cómo me gustaría encontrar al menos una persona que
comprendiera la profundidad de lo que escribo, porque todos se quedan
pazguatos con la calidad de mi prosa y con la excelsitud de mi pensamiento…
“Estas palabras las escuchaba el otro día de la boca de un connotado articulista
mexicano, que habitualmente manda una colaboración a varios medios impresos y
electrónicos, y por eso se considera periodista, allá él. Yo la verdad me sentí
agredido y me asumí como un lector medio, así que consideré que me quedaba el
saco de lo que estaba vociferando el tipo/personaje.
“Como no tuve la oportunidad ni las ganas de contestarle, quise anotar algunas
ideas que tengo con respecto a los lectores, quienes al hacernos el favor de leer lo
que publicamos consuetudinariamente, completan el círculo de la comunicación y
enriquecen el flujo de las ideas.
“Yo cuando escribo procuro tener siempre presente a un lector ideal; es una
representación universal que trata de considerar cualquiera de las particularidades
que puede tener el vastísimo público que se informa a través de los medios
impresos o del Internet. Es a ése individuo con el que platico y a quien le cuento
mis cosas y mis ocurrencias (‘Converso con el hombre que siempre va conmigo,/
quien habla solo espera hablar a Dios un día./ Mi soliloquio es plática con este
buen amigo,/ que me enseñó el secreto de la filantropía’. dice Machado el grande).
“Si me permiten, se los describo, con la mejor esperanza de que se encuentren
en ella/él:
“1. El sexo es lo de menos, puede ser hombre, mujer, ambos o diverso.
“2. Tiene sus conocimientos y sus estudios, y es culto aunque tal vez no terminó
una carrera.
“3. No es un especialista en el manejo del lenguaje, pero tiene una ortografía
sobresaliente que lo lleva a detectar cualquier insuficiencia, por insignificante que
sea. Y también exige una redacción clara y concisa.
“4. Es una persona sumamente informada, aunque debe reconocer que es
medio floja para leer. Su costumbre es acudir a muchos textos breves (o
solamente a los párrafos iniciales de algunos largos) para ir teniendo idea de la
situación general del día o de los temas que están vigentes en el momento.
“5. Es muy sensible, por eso no permite los insultos groseros y tampoco las
barbajanadas; menos aún que se ataque la honra de las personas, y mucho
menos si son del sexo femenino.
“6. Su estructura mental abjura de las ideas vagas, de las conclusiones
erróneas, de los datos mal empleados, de las superficialidades, de los lugares
comunes.
“7. Y muy importante: no acepta ninguna mentira, del tamaño que sea o con la
mejor intención que pueda tener.
“Es ésa mi lectora; es ése mi lector: Usted… a quien no termino de agradecerle
el honor de su atención.”
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