EL EMBAJADOR GERTZ MANERO Y LOS VERACRUZANOS SAQUEADOS. BITÁCORA POLÍTICA

Ene 25, 2026 | Columnas


Por Miguel Ángel Cristiani G
¿La diplomacia como coartada o la justicia como pendiente? La pregunta no es menor
cuando el nombramiento de Alejandro Gertz Manero como embajador de México en el
Reino Unido se anuncia con la solemnidad del servicio exterior, pero se arrastra con el
pesado equipaje de expedientes inconclusos, promesas incumplidas y una herida abierta que
sigue supurando en Veracruz.
Gertz Manero no llega a Londres como un diplomático cualquiera. Llega como el ex Fiscal
General de la República que conoció —y manejó— los casos más emblemáticos de
corrupción del país, entre ellos el de Javier Duarte de Ochoa y su esposa Karime Macías. Y
fue el propio Gertz quien afirmó que su labor diplomática serviría para “defender los
derechos de los mexicanos”. Bien. Entonces conviene preguntar: ¿también los derechos de
los veracruzanos saqueados?
Porque mientras se pronuncian discursos sobre legalidad y cooperación internacional,
Karime Macías sigue viviendo en Inglaterra con una tranquilidad ofensiva, como si el daño
patrimonial causado a Veracruz hubiera sido una anécdota doméstica y no uno de los
mayores desfalcos en la historia reciente del país. Durante meses —años— se anunció su
inminente deportación. Nunca ocurrió. El expediente duerme. La justicia bosteza.
Y como si el sarcasmo de la realidad no fuera suficiente, desde hace semanas circula la
versión de que Javier Duarte podría recuperar su libertad anticipada por “buena conducta”,
lo que le permitiría viajar al extranjero y reunirse con su familia. El mensaje es brutal: en
México, robar miles de millones puede ser delito; pagarlo, parece opcional.
No se trata de linchar ni de especular. Los hechos están documentados. El sexenio de
Duarte significó el mayor saqueo a las finanzas públicas de Veracruz. No fue obra de un
solo hombre ni de una sola mujer. Fue una red perfectamente articulada que involucró a
secretarios, operadores financieros, prestanombres y cómplices silenciosos. La corrupción
no fue accidente: fue sistema.
Durante la minigubernatura de Miguel Ángel Yunes Linares se exhibieron —con
espectacularidad mediática— mansiones, ranchos, cuentas bancarias y propiedades en
México y el extranjero. Se habló de recuperación de recursos. Se montaron conferencias. Se
señalaron nombres. Pero, al final, nadie supo explicar con claridad a dónde fueron a parar
esos millones supuestamente recuperados. Mucho ruido, pocas cuentas.
Ahí están los datos duros. En junio de 2018 se presentó la lista de las llamadas “casitas de
los veracruzanos” en The Woodlands, Texas. No chozas, no viviendas modestas: un
emporio inmobiliario valuado en miles de millones de dólares, adquirido por ex
funcionarios duartistas a través de familiares, empresas fachada y testaferros. Direcciones,
valores comerciales, fechas de compra, nombres completos. Información precisa,
verificable, pública. Y aun así, la impunidad intacta.

Adolfo Mota, Harry Grappa, José Mansur, Antonio Badín, Karime Macías, Salomón
Mansur, Salvador Manzur, Arturo Bermúdez. La lista es larga, detallada y escandalosa.
Cada propiedad es un recordatorio de hospitales sin medicinas, escuelas abandonadas,
carreteras inconclusas y deudas heredadas a generaciones enteras de veracruzanos.
Por eso el nombramiento de Gertz Manero en Londres no es irrelevante ni protocolario.
Tiene un peso político, ético y simbólico enorme. Conoce el expediente. Conoce los
mecanismos. Conoce a los actores. Y ahora representa al Estado mexicano en el país donde
reside una de las principales figuras del saqueo veracruzano. No hay excusas técnicas ni
diplomáticas que valgan.
La Ley de Extradición, los tratados internacionales, la cooperación judicial y la voluntad
política existen. Lo que ha faltado es decisión. Y cuando la justicia se posterga, deja de ser
justicia para convertirse en simulación.
La diplomacia no puede ser refugio de la omisión ni la embajada un archivo muerto. Si el
discurso de defensa de los derechos de los mexicanos es sincero, debe traducirse en
acciones concretas: reactivar procesos, exigir cooperación, transparentar resultados y rendir
cuentas claras. Todo lo demás es retórica hueca.
Veracruz no olvida. No puede ni debe olvidar. Porque la memoria también es una forma de
justicia.
Si Gertz Manero cruza el Atlántico para representar a México y no para cerrar el
círculo de la impunidad duartista, su nombramiento no será diplomacia: será
complicidad.