A 40 días de iniciado 2026, Veracruz enfrenta una situación crítica. La estrategia implementada por el gobierno del estado no ha logrado contener la violencia y los hechos recientes confirman un escenario de creciente inseguridad que afecta a distintas regiones de la entidad y a la vida cotidiana de sus habitantes.
Desde el inicio de 2026, la violencia ha cobrado la vida de decenas de ciudadanos: como el asesinato del periodista Carlos Castro en Poza Rica o los cuatro hombres ejecutados a plena luz del día en una chatarrera de Acayucan.
A estos hechos se suman los ataques recientes contra autoridades locales, como el ataque armado contra el alcalde de Banderilla, José Antonio Sangabriel Fernández, y su familia; la emboscada contra el presidente municipal de Zacualpan, Andrés Maldonado Yáñez, y su esposa; y el asesinato hace dos días de Raúl Hernández Sánchez, hermano de la exalcaldesa de Mixtla de Altamirano.
Estas agresiones no solo cobran vidas, sino que siembran miedo y alteran la vida cotidiana de comunidades enteras, afectando a vecinos, comerciantes y familias que buscan seguridad en su día a día. Y confirman que la violencia en Veracruz va en aumento y que no se trata de casos aislados ni focalizados, sino de un problema que se extiende y se normaliza en el estado, generando un clima de miedo e incertidumbre entre la población.
A más de un año de la actual administración estatal, los resultados no llegan. La violencia no disminuye y, frente a hechos cada vez más graves, es lamentable que el gobierno elija minimizar o evadir la realidad, en lugar de reconocer la magnitud del problema y actuar con responsabilidad.
Si no se corrige de inmediato la estrategia actual, se puede vislumbrar un escenario aún más grave. Veracruz no puede ni debe normalizar la violencia; las y los veracruzanos merecen vivir con tranquilidad y contar con un gobierno que enfrente la realidad con acciones, no con negación.
