Por Edgar Hernández*
Bien se dice que los números hablan por sí solos.
Si en 2010 Javier Duarte alcanzó la gubernatura con 1 millón 358 mil votos mismos que para el 2016 se llevaría el PAN con Miguel Angel Yunes con un millón de votos -escasos 4 puntos arriba de Héctor Yunes- y en el 2018 el atarantado de Cuitláhuac arrasaría con 1.7 millones para encontrarnos con Nahle en 2024, con 2.1 millones ¿qué te indica?
Si en 2016 Pepe Yunes declina en favor de Héctor Yunes por esperar el 2018 para perder más de 500 mil votos frente a Morena ¿qué te indica? E, insistiendo, si para 2024 pierde por paliza a pesar de su enorme popularidad e ir en alianza con el PAN y el PRD, hoy desaparecido ¿qué te indica?
Y sí, en efecto, las tendencias y los números cambian de acuerdo a las circunstancias, como cambiaron para el PRI en el 2018, pero fueron como resultado del hartazgo, por el efecto Peje y porque Morena hizo trampa en las urnas, sábanas y conteo final.
¿Esa, por tanto, será la tendencia para 2027, 2029 y 2030?
Hoy, de cara a un escenario tan abrumador, la pregunta obligada es saber si Pepe Yunes tiene o no posibilidades, posibilidades reales, para el 2030 de ser el gobernador electo de Veracruz.
Regresemos por lo pronto al presente, sin adelantarnos.
Si hoy fueran las elecciones a Morena no le iría nada bien si se postulará al candidato de Nahle, Pedro Miguel Rosaldo. No así si Morena llevara a Ricardo Ahued, aunque seguramente el arrebató provendría de Manuel Huerta con el apoyo de Adán Augusto.
Por ello cuando se habla de la fiesta y brincos que da la gobernadora Nahle tras enterarse de la pérdida del poder del senador Adán Augusto, olvida que este, ya suelto y sin la atadura senatorial, irá por el rescate para la causa de AMLO hoy desvirtuada por el oportunismo.
¿No el mismo Adán Augusto destapó a su «novia» Andrea Chávez como candidata en Chihuahua, el mismo día en que lo desplazaron del liderazgo del Senado de la República?
Hoy en Veracruz la fórmula Adán-Huerta representa para el morenismo histórico, el de López Obrador, la opción.
Huerta es el que tiene los votos, el que desde abajo mueve los programas sociales y los capitaliza en su favor. Es a quien se la deben. Es el que podría ir de nuevo el rumbo en el 2030.
Así le hizo el PRI por casi ocho décadas. Así lo hace en el presente el neo PRI, encarnado en Morena.
Habrá que entender, desde luego, que una cosa son los números y otra la política y que eventualmente Pepe Yunes podría regresar a la popularidad y arrastre no reflejados en las urnas en 2024, pero ¿cómo? ¿con qué partido? ¿abrazado a una candidatura ciudadana, pero con que apoyo partidista?
Si Pepe decide esperar por ese necio afán de seguir siendo priista a que se vaya hasta el 2032 el actual dirigente del PRI “Alito” Moreno, lo le quedaría otra que esperar hasta el 2036 o de plano confiar en que los tiempos le den para que se abrace a un nuevo partido lo cual también lo llevarían a esperar una década mas.
¡Misión imposible!
A Pep Yunes “Alito” no lo puede ver ni en pintura, consecuentemente “Fofo”, el local del PRI no iría ni a la esquina con alguien a quien nunca apoyó.
Mientras el PAN, ya dijo su dirigencia, no irá en alianza con el PRI ya que tiene un dueño absoluto que es Miguel Angel Yunes, mientras Movimiento Ciudadano de Dante Delgado que tanto le rogó a Pepe, ahora lo ve fuera de vigencia a lo cual se suma el odio que le tiene su actual dirigente Luis Carbonel.
Ello, desde luego, a menos que haya una conciliación porque pláticas hay.
Mientras el PT y el Verde transitan rumbo a territorio de Morena en aras de ganar más prerrogativas, espacios de poder y dinero, mucho dinero y no por una apuesta perdedora que sería Pepe Yunes.
Es por ello que, regresando al planteamiento inicial, lo de Pepe se ve como una misión imposible.
Y Pepe lo sabe.
Lo supo desde 2010 cuando Fidel Herrera lo engañó con el cuento de que Rosa Borunda estaba empeñado en que fuera el candidato a ganador.
Lo supo cuando en 2016 erró su decisión al entregarle la estafeta a Héctor Yunes a pesar del apoyo manifiesto en dinero y voluntad política del ni más ni menos poderoso secretario de Hacienda, José Antonio Meade.
Lo supo cuando en el 2018 se enfrentó al efecto Peje en donde la ciudadanía le volteó la cara y en el 2024 y parte de los veracruzanos le dieron la victoria en las redes, pero no en las urnas.
Hoy mismo, lo sabe, sin embargo, en política los muertos no están muertos.
Tiempo al tiempo.
*Premio Nacional de Periodismo
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