Sin tacto
Por Sergio González Levet
Si usted de casualidad anda por Martínez de la Torre y se enfila en la carretera
hacia San Rafael no va a tener más remedio que detenerse a desayunar o a
comer o a cenar, según, en el maravilloso lugar que mantiene y abrillanta con su
trato de misanteco bien nacido el amigo Eric Lara Meza.
Un publicista de los años 80 del siglo XX no hubiera dudado en decir que el
restaurante La Ostra no es solamente un lugar para sentarse comer, sino que es
un concepto; sí, un concepto que se corresponde no nadamás con el hecho de
llenar la panza sino con toda una filosofía de vida que implica buena gastronomía
pero además el entusiasmo de vivir, el bordado fino de la buena charla, el goce del
humor centenario que es divisa de la Señorial y el trato singular que hace que
cada comensal se ubique en un mundo aparte, disfrute sabores inimaginables y se
sienta como de la familia.
Porque Eric es un torbellino que recorre todos los detalles del servicio integral,
siempre pendiente de los deseos del cliente, siempre atento a que nada falte, ni
viandas ni calidez. Y le sabe al asunto porque viene de una estirpe en la que
destella la figura legendaria de la patrona María Reyes Contreras, la creadora de
la magia hecha humo y aroma de El Quelite, la cocina infaltable de Misantla. Es
ese lugar entrañable, siendo casi un niño, nuestro héroe de hoy conoció los
secretos para preparar los sabores inconmensurables de la gastronomía
misanteca, famosa ya en todo Veracruz, en México y en Estados Unidos, y en
todo el mundo próximamente.
Apearse en La Ostra también tiene un dejo antañoso del deporte en Martínez,
pues está pegado por el frente al Estadio El Cañizo, en donde tantos malabares
hicieron con los pies, con la cabeza y con todo el cuerpo los jugadores que hoy
son leyenda del primer equipo profesional que jugó en la Tercera División.
Por cierto, en la más reciente visita que hice a La Ostra tuve el placer inédito de
encontrarme con el mejor futbolista que ha dado Misantla, el maestro Alfredo
Landa, que fue mi condiscípulo en la primaria Manuel Gutiérrez Zamora y en la
secundaria Alfonso Reyes, a quien después de 50 años le di un apretón de manos
y un fuerte abrazo, enfundados ambos en la trampa juguetona de la nostalgia.
Hay que decirlo, la Ostra como lo adelanta su nombre, es un restaurante
especializado en mariscos. Sus chilpacholes de camarón y jaiba, sus cocteles, sus
mojarras fritas, su posta de robalo a la plancha son delicias dedicadas a paladares
verdaderamente exigentes. Y hay que añadir el detalle magnífico de sus tortillas
hechas a mano y recién salidas del comal, que Eric reparte a los comensales
como quien despliega beatíficamente sus mejores dones.
Pero no se queda ahí la cosa, porque junto a las delicias marinas se esparcen
verdaderas joyas de la comida única de Misantla, lo que nunca deja de ser un
placer único y memorable.
Vaya usted, no se pierda el sabor, pero sobre todo déjese contagiar por el
humor y el amor por la buena vida que desparrama su propietario a todo aquel que
se sienta a su mesa. No se arrepentirá.
sglevet@gmail.com
