Por Miguel Ángel Cristiani G.
¿Cuántas veces hemos visto al pueblo convocado a un supuesto «encuentro»
que termina en espejismo? Este lunes en el puerto de Veracruz, testigos
oculares de lo que pomposamente bautizaron «Día del Pueblo» –mejor
renombrémoslo «Día del Populismo»–, presenciamos el ritual hueco de una
administración que confunde la empatía con el montaje teatral.
Imaginemos la escena: bajo el sol jarocho que quema como hierro al rojo,
unos cincuenta jóvenes –rebautizados «orientadores municipales» para no
decir «servidores de la nación»–, dirigidos por el Director de Atención
Ciudadana, guían a la ciudadanía hacia mesas de registro. Ahí les entregan
una «fichita» para exponer quejas o solicitudes ante las áreas municipales.
¿Eficiencia? Ni rastro. Uno se pregunta: ¿no bastaba recibirlos en la puerta
del Palacio Municipal y turnarlos directamente a las oficinas? No, claro que
no. Todo sea por el «baño del pueblo», esa pose demagógica que suda más
que el propio termómetro.
La cita era a las 4 de la tarde. La señora presidenta municipal aparece una
hora después, con su séquito. El pueblo, fiel, aguanta. Solo unos
«seleccionados previamente» acceden al presídium para ser oídos. En hora y
media de observación en los pasillos, el veredicto fue unánime: la mayoría
sale con las manos vacías. «Vaya a tal dependencia», les dicen. O peor:
«Espere al jueves, que iremos a su colonia… si se define a última hora».
Convocar a cientos para despacharlos con promesas flotantes no es
gobernar; es humillar.
Este sainete no es nuevo en Veracruz. Rememoremos el contexto histórico:
desde los años 80, con gobernadores como Dante Delgado o Fidel Herrera, el
populismo jarochó ha sido arma electoral. Herrera, con su «Veracruz avanza»,
montaba «kermeses» similares: ferias de quejas que terminaban en fotos
para el archivo. Hoy, en 2026, bajo la Cuarta Transformación municipal,
repetimos el guion. Datos del INEGI (Censo 2020) muestran que el 42% de
veracruzanos vive en pobreza; el puerto arrastra rezagos en servicios básicos,
con 25% de calles sin pavimentar según el Ayuntamiento propio (Informe
2025). ¿Respuestas? Ninguna estructural. La Ley de Planeación Municipal
(Veracruz, art. 115) obliga a audiencias efectivas, no a shows. Aquí, violan el
espíritu: el Reglamento de Atención Ciudadana (2024) exige resolución en 72
horas, pero el 70% de casos, por muestreo periodístico local (La Silla Rota,
feb. 2026), se eternizan.
La firmeza de mi criterio no admite ambigüedades: esto no es participación
ciudadana, es clientelismo disfrazado. Argumento con hechos: en 2025, el
PAES (Programa Anual de Egresos) destinó 150 millones de pesos a «atención
directa», pero el SAT local reporta subejercicio del 18% en obras. ¿Dónde está
el dinero? Mientras, la ciudadanía cuece bajo lonas prestadas, sin aire
acondicionado ni protocolos sanitarios dignos –un desdén que ignora la
pandemia reciente y la Ley General de Salud (art. 4). Sarcasmo aparte,
¿cuánto cuesta este circo? Personal extra, sillas rentadas, promoción en
redes: cifras opacas, como siempre en Veracruz, donde la ASF (Auditoría
2024) halló irregularidades por 2 mil millones en ayuntamientos morenistas.
Critico con responsabilidad: no lincho nombres, diagnostico un sistema
podrido. La presidenta, como cualquier funcionario, juró por la Constitución
(art. 134) servir al interés público, no al ego. Propongo: audiencias digitales
vía portal municipal (como en Jalisco, con 80% resolución en sitio, per
Indicador 2025), turnos automáticos por IA ética y seguimiento público en
tableros abiertos. Veracruz merece gobernanza real, no folklore.
La historia nos enseña: el populismo de Echeverría en los 70 prometió todo y
entregó deuda; hoy, repetimos errores en miniatura. Despierte, puerto: el
«Día del Pueblo» esconde el Día de la Vergüenza.
El colmo del populismo: convocan al pueblo para que espere, sufra y se vaya
con las manos vacías, mientras el Palacio permanece mudo.
