VERACRUZ TESORERÍA EN FUGA: CUANDO LA TRANSPARENCIA SE ANUNCIA, PERO NO SE EXPLICA

Mar 11, 2026 | Columnas

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Por Miguel Ángel Cristiani G

En política, como en la vida pública, las renuncias suelen decir más por lo que callan que
por lo que explican. Y en el caso del Ayuntamiento del puerto de Veracruz, la reciente
dimisión del tesorero municipal apenas a poco más de tres meses y medio de iniciada la
administración deja más preguntas que respuestas.
Porque una cosa es la narrativa oficial —siempre pulcra, siempre optimista— y otra muy
distinta es la realidad que percibe la ciudadanía.
La administración municipal encabezada por la maestra Rosa María Hernández Espejo
anunció esta semana que el Cabildo aprobó por unanimidad el nombramiento de un nuevo
titular en la Tesorería Municipal, luego de la renuncia de José Luis Vargas Lugo, quien
apenas había asumido el cargo al inicio del actual gobierno municipal.
Hasta ahí, el trámite administrativo parece rutinario.
Lo que no resulta rutinario es la ausencia total de explicaciones.
En el comunicado institucional se habla de un “ejercicio de continuidad institucional y
compromiso con la transparencia”, frase elegante que, traducida al lenguaje ciudadano,
significa exactamente lo contrario: se informa el cambio, pero no se explica el motivo.
En su lugar, el Ayuntamiento informó que el nuevo titular será Manuel Alejandro Serrano
Trinidad, quien ya rindió protesta ante el Cabildo y asumió la responsabilidad de conducir
las finanzas públicas del municipio bajo los principios de orden, eficiencia y rendición de
cuentas.

Todo suena muy bien.
Demasiado bien, dirían algunos.
Porque cuando un funcionario clave abandona una responsabilidad tan sensible como la
Tesorería Municipal a los pocos meses de haber iniciado funciones, lo mínimo que merece
la sociedad es una explicación clara, puntual y transparente.
No se trata de morbo político.
Se trata de responsabilidad pública.
La Tesorería de un ayuntamiento no es una oficina cualquiera. Es el corazón financiero de
la administración municipal: ahí se registran los ingresos, se autorizan los egresos, se
ejecutan los presupuestos y se controla el manejo de los recursos públicos.
En otras palabras, es el lugar donde se decide cómo se gasta el dinero de los ciudadanos.
Por eso, históricamente, el cargo de tesorero municipal ha sido uno de los puestos más
estratégicos dentro de cualquier gobierno local.
Basta recordar que el artículo 115 de la Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos establece la responsabilidad de los municipios en la administración de su
hacienda pública, mientras que la Ley Orgánica del Municipio Libre del Estado de
Veracruz define con claridad las atribuciones del tesorero como responsable directo de la
recaudación, custodia y administración de los recursos municipales.
No es un cargo menor.
Tampoco es un puesto improvisado.
Por eso sorprende —o debería sorprender— que un funcionario que apenas estaba iniciando
su gestión decida separarse del cargo en un periodo tan corto sin que exista una explicación
pública sobre las razones.
¿Motivos personales?
¿Diferencias administrativas?
¿Reacomodos políticos?
¿Presiones internas?
El comunicado oficial no lo dice.

Y cuando el poder público guarda silencio, inevitablemente la especulación ocupa el
espacio que debería llenar la información.
El problema no es el cambio.
Los cambios en la administración pública son normales y, en ocasiones, necesarios.
El verdadero problema es la opacidad con la que se manejan.
En tiempos donde la confianza ciudadana hacia las instituciones es cada vez más frágil, los
gobiernos deberían entender que la transparencia no se proclama en los comunicados: se
practica explicando las decisiones.
Decir que todo forma parte de un “ejercicio de continuidad institucional” puede sonar muy
bien en el discurso político, pero la continuidad real se construye con claridad, no con
silencios administrativos.
La alcaldesa tiene la facultad legal de proponer a los titulares de las áreas estratégicas del
Ayuntamiento y el Cabildo, como órgano colegiado, tiene la atribución de aprobarlos o
rechazarlos.
Eso ocurrió formalmente.
Pero el procedimiento legal no sustituye la obligación ética de informar a la ciudadanía.
Sobre todo, cuando se trata del manejo del dinero público.
Manuel Alejandro Serrano Trinidad llega ahora a la Tesorería Municipal con el respaldo
unánime del Cabildo y con la encomienda de conducir las finanzas del municipio bajo
criterios de orden, eficiencia y rendición de cuentas.
Es una responsabilidad enorme.
Y también una oportunidad.
Porque más allá del discurso institucional, lo que realmente fortalece la credibilidad de un
gobierno es la forma en que administra los recursos y la transparencia con la que rinde
cuentas.
Veracruz, uno de los municipios más importantes del país por su peso económico, turístico
y portuario, necesita administraciones municipales sólidas, responsables y abiertas al
escrutinio público.
No administraciones que expliquen los cambios a medias.
Porque gobernar no es sólo tomar decisiones.

También es tener la valentía de explicarlas.
Porque cuando un tesorero se va en silencio y la autoridad responde con frases de
boletín, la transparencia deja de ser un principio