Sin tacto
Por Sergio González Levet
Una vez que los diputados del PT y el Partido Verde votaron en contra de la
iniciativa mandada por la presidenta Claudia Sheinbaum para hacer la reforma
electoral, que entregaría al Gobierno morenista el control total de las elecciones, la
mandataria afirmó que ella estaba tranquila con su conciencia, pues aunque no le
habían aceptado su Ley Maduro, había propuesto los cambios que le había
pedido, y que digo eso, que le había exigido la voluntad popular.
La respuesta, que trataba de ocultar la tremenda derrota que sufrió a manos de
sus propios aliados, no tiene nada que ver con la realidad, y no fue más que una
patada de ahogado, una sinrazón esgrimida para tratar de ocultar el ridículo que
hizo y su falta de capacidad para negociar, es decir, para hacer política.
Y una vez más Claudia cayó en la repetición de los argumentos que terminó por
hacer caducos a fuerza de esgrimirlos hasta la saciedad. ¿Voluntad popular? ¿El
pueblo se lo pidió? ¿Solamente hizo lo que le dijeron los ciudadanos que querían?
Ni siquiera Lord Molécula alcanzaría a explicar de dónde saca la mandataria
eso de que el pueblo quería la reforma electoral. En este tema, ella insiste en
seguir lo que dice el librito de AMLO de que una mentira repetida mil veces
termina por volverse verdad en la percepción de la masa.
La reforma electoral propuesta por el segundo piso de la Cuatroté nunca
apareció en las promesas de campaña de la única y verdadera corcholata
lopezobradorista y menos fue alguna petición hecha por ciudadanos.
Cierto, si alguien pregunta en una encuesta si quieren que baje el costo de las
campañas electorales, o que se reduzca el número de diputados que cobran
sueldos muy elevados, la respuesta será automáticamente en favor. Es lo mismo
que si se cuestionara si deben ser castigados los responsables del robo del
huachicol o del desfalco de Segalmex o los políticos que están relacionados con el
narco.
La verdad es que la señora Sheinbaum no interpretó para nada ningún deseo
del pueblo bueno y honesto, y sólo utiliza la voluntad popular como un pretexto
para modificar la Constitución con el fin de darle a su Gobierno el control total de
los procesos electorales.
Esa es una muestra más de que la Cuarta Transformación, en cualquiera de
sus pisos no parejos, lo único que pretende es eternizarse en el poder a través de
modificaciones a las leyes que le faciliten hacer los fraudes electorales que
necesitará para no tener que entregar las gubernaturas, senadurías, diputaciones
locales y federales y presidencias municipales que irá perdiendo en la medida en
que deje de pagar los programas sociales con los que actualmente compra los
votos.
La verdadera voluntad popular se está expresando multitudinariamente e las
benditas redes sociales y dice que ya basta de corrupción, de mentiras y de
traiciones del movimiento que encabezó López Obrador y que está por irse al baúl
de las cosas inútiles de la historia de México.
sglevet@gmail.com
