AMOR DE PADRE

Abr 29, 2026 | Columnas

WEB MASTER
Últimas entradas de WEB MASTER (ver todo)

Sin tacto

Por Sergio González Levet

Sé que el amor paterno ciega y que siempre terminamos por ver en los hijos
virtudes, talentos y capacidades que no siempre se ajustan a la realidad (si mis
hijos no fueran perfectos, seguramente me engañaría pensando que lo son, pero
no es el caso, para fortuna mía y de mi objetividad).
Pienso en la madre de El Carajo, el grotesco personaje de la novela El apando
de José Revueltas, que no quiere aceptar en su esperpéntico hijo las
deformidades físicas, mentales y espirituales que saltan a la vista a lo largo de
toda la narración.
En la literatura, que es la madre invicta de todo el conocimiento humano,
aparecen padres de todo tipo: el sufriente y abnegado Papá Goriot de Balzac; el
poderoso y despiadado Pedro Páramo de Juan Rulfo: el atinado Atticus Finch en
Matar un ruiseñor de Harper Lee, el inolvidable Jean Valjean de Los Miserables de
Víctor Hugo; el implacable Fiódor Pávlovich Karamazov, padre de tres hijos y un
bastardo, creación inmortal de Fiódor Dostoievski,
Los padres a menudo tenemos un gran amor por nuestros hijos, y así los
echamos a perder de una gran manera, con lo que terminamos por forjar a buenas
personas que se insertan debidamente en la sociedad y son buenos ciudadanos.
Hay padres complacientes, estrictos, lejanos, ausentes, atemorizantes,
amorosos, consentidores, castigadores, golpeadores, criminales. Entre toda esa
fructuosa taxonomía lo que perdura es que casi nunca pierden su condición, ya en
la ficción o en la misma realidad.
Y hay progenitores que irremediablemente echan a perder a sus hijos cuando
quieren darles todo a cambio de nada, cuando procuran que no hagan ningún
esfuerzo para que no sufran. Son los incubadores de hijos inútiles y estólidos.

El maestro Atanasio García Durán se reveló ayer mismo como un padre
preocupado por el presente y el futuro inmediato de su vástago, que
accidentalmente fue Gobernador de Veracruz durante un gris y execrable sexenio.
No de otra manera se ha interpretado la insólita declaración que lanzó ayer llena
de críticas a la actual mandataria Rocío Nahle García. Lo que dijo en contra de la
ingeniera es lo de menos, porque la segunda intención es lo que valió, con la que
evidentemente trataba de poner a su Cuitláhuac en uno de los cajones de salida
de los posibles candidatos del partido oficial para las diputaciones federales del
año próximo.
He ahí seguramente la razón por la cual Atanasio hizo a un lado su proverbial
discreción mediática y se lanzó sin red protectora en contra de la Gobernadora,
que en la tradición es la cabeza política del movimiento en el que él milita y del
que se siente una figura histórica.
Tal vez él y su progenie consideran que a fuerza de críticas pueden debilitar los
nexos del poder que encumbran a la señora Nahle y que reducirán sus
capacidades de decisión a la hora de seleccionar los abanderados de Morena y, si
es el caso, de su o sus aliados.
Vamos a ver cómo le va al buen Atanasio… y al Cuitla.

sglevet@gmail.com