AL PIE DE LA LETRA
Raymundo Jiménez
De todos los gobernadores que ha tenido Veracruz, el único que dejó los pelos en el
alambre fue el priista Fidel Herrera Beltrán en la elección de 2004.
Oficialmente le ganó la contienda al candidato del PAN, Gerardo Buganza, con una escasa
diferencia de apenas 25 mil votos, aunque el político-empresario cordobés revelaría a
finales del sexenio de Javier Duarte –en cuya administración fue secretario de Gobierno y
titular de la Secretaría de Infraestructura y Obras Públicas (SIOP)– que él había vencido al
cuenqueño con una diferencia menor de medio punto porcentual.
La versión de Buganza Salmerón cobró verosimilitud porque, como se recordará,
inmediatamente al asumir el poder, Herrera Beltrán hizo relevantes concesiones a las otras
dos principales fuerzas opositoras estatales –PAN y PRD– que el gobernador saliente,
Miguel Alemán Velasco, no les había otorgado. Fidel les abrió espacios en su gabinete a
panistas y perredistas pero, sobre todo, les entregó el control del Congreso local durante
medio sexenio, recuperándolo hasta la elección intermedia de 2007, cuando arrasó el PRI
en la mayoría de los distritos y municipios. Así, pues, el diputado Enrique Cambranis, ex
dirigente estatal de Acción Nacional, ocupó la presidencia de la Junta de Coordinación
Política (Jucopo) de la Legislatura del Estado, mientras que el maestro Atanasio García
Durán, entonces militante del partido del sol azteca, presidió la mesa directiva, lo que
nunca había ocurrido en la historia política veracruzana.
Lo que para sus adversarios de su propio partido se consideraba una debilidad, a Herrera la
pluralidad política terminó dándole fortaleza. La suficiente para conseguir en su sucesión lo
que ningún otro antecesor había logrado: imponer candidato y hacerlo triunfar en contra de
dos poderosos adversarios. En diciembre de 2010 le entregó la gubernatura a su delfín,
Duarte de Ochoa –al que llevó de la mano primero como subsecretario y secretario de
Finanzas y luego a la diputación federal–, derrotando a su acérrimo enemigo político
Miguel Ángel Yunes Linares, un ex priista y neopanista que como ex director del ISSSTE
tuvo todo el apoyo del entonces Presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa.
Esa alianza con líderes y operadores políticos del PAN y PRD le funcionó a Fidel, lo que ya
no pudo conseguir seis años después su sucesor Duarte de Ochoa, pues en su segunda
contienda electoral Yunes maniobró para amarrar la coalición con el partido del sol azteca,
a cuyo dirigente estatal, Rogelio Franco, le entregó la Secretaría de Gobierno.
Esa alianza con líderes y operadores políticos del PAN y PRD le funcionó a Fidel, lo que ya
no pudo conseguir seis años después su sucesor Duarte de Ochoa, pues en su segunda
contienda electoral Yunes maniobró para amarrar la coalición del partido del sol azteca, a
cuyo dirigente estatal, Rogelio Franco, le ofreció y cumplió entregándole la Secretaría de
Gobierno, lo que pagó muy caro Franco Castán en el sexenio de su ex correligionario
Cuitláhuac García, quien lo encarceló al llegar a la gubernatura en su segundo intento como
candidato de Morena. En 2018, impulsado por el efecto López Obrador, García Jiménez le
sacó más de 200 mil votos de ventaja a Miguel Ángel Yunes Márquez, hijo de Yunes
Linares, quien fue postulado por la coalición PAN-PRD-Movimiento Ciudadano.
Seis años después, Rocío Nahle rompió récord al vencer a Pepe Yunes Zorrilla, de la
alianza PRI-PAN-PRD, con una supuesta diferencia de un millón de votos que los
operadores electorales del priista aseguran que son “fantasma” pero que por un presunto
descuido no lograron acreditar sus representantes legales ante los tribunales electorales.
Sin embargo, anteayer, con la declaración del ex diputado local ex perredista Atanasio
García Durán las dudas sobre tan apabullante triunfo de Nahle han resurgido.
Y es que a casi 17 meses de iniciado el actual sexenio, el padre del ex gobernador
Cuitláhuac García ha puesto en entredicho el abultado bono democrático de la morenista, al
considerar que su administración carece de “visión, conocimiento y voluntad política”, por
lo que podría haber repercusiones en el respaldo ciudadano hacia el Movimiento de
Regeneración Nacional (Morena) en los próximos procesos electorales.
“Ya se empieza a ver un malestar. Lo que ocurrió en las elecciones municipales pasadas es
un termómetro. No sabemos cómo nos vaya a ir en 2027”, advirtió.
De acuerdo con Atanasio, es necesario que la 4T veracruzana tenga autocrítica para corregir
el rumbo antes de las elecciones intermedias del próximo año, en las que se renovarán las
diputaciones federales y locales.
“Debe haber autocrítica real, pero no siempre se permite… y eso también afecta”, aseveró
el maestro García Durán.
Ayer, Nahle le respondió escuetamente que “yo lo respeto mucho, no hay problema, es su
opinión, no hay división (en Morena)”. Sin embargo, algunos de sus voceros oficiosos y
subordinados lacayunos arremetieron contra Atanasio difundiendo sus antecedentes más
negros y nauseabundos, salpicando hasta a su hijo Cuitláhuac.
¿Llegará la gobernadora con suficiente fuerza interna y fuera de Morena para imponer a su
candidato y hacerlo ganar en la sucesión gubernamental de 2030, tal como lo consiguió
holgadamente el priista Fidel Herrera con Javier Duarte en 2010?
