Desde el Café
Bernardo Gutiérrez Parra
El eco de la renuncia de quien sea al puesto o actividad que sea no
dura mucho, apenas unos días y después se apaga, se evapora, se
diluye. Claro, hay dimisiones que han trascendido el tiempo como la
del rey Eduardo VIII que en 1936 renunció al trono de Inglaterra
para casarse con Wallis Simpson, una norteamericana divorciada. O
la de Richard Nixon, que siendo presidente de los Estados Unidos
tuvo que renunciar al cargo en 1972 por el escándalo de Watergate.
Pero como Héctor Yunes Landa no es ni Enrique VIII ni Richard
Nixon, no veo por qué su renuncia al PRI tenga que ir más allá en el
tiempo.
Así lo entendieron en el PRI estatal que echaron su despedida en el
cajón del olvido. Y de ese tamaño la hubieran dejado de no ser
porque el diputado local dio la nota al asegurar que el líder nacional
Alejandro “Alito” Moreno, le propuso participar en una reunión con
la gobernadora Rocío Nahle, para comprometer su voto a favor del
paquete económico sin conocer su contenido. “La idea de esa cena
era que yo me comprometiera con la gobernadora a tener un trato
terso con su gobierno, a lo cual, desde luego me opuse, y ya no hubo
tal cena”, declaró.
Pero más tardó en soltar su choro que la gobernadora en
desmentirlo: “Yo no he hablado con Alito ni con nadie… respeto el
credo e ideología de todos, pero yo no he hablado con nadie”.
Y ayer el PRI también fijó su posición.
En conferencia de prensa el líder estatal Adolfo Ramírez Arana,
desmintió la afirmación de Héctor con un argumento lógico:
“¿Ustedes creen que si ‘Alito’ hubiera querido que se votara a favor
del paquete económico, la diputada Ana Rosa Valdés (compañera de
Héctor en la Legislatura) hubiera votado en contra?”
Quien fue concisa y demoledora fue la secretaria general, Carolina
Gudiño, que para dar cerrojazo al tema dijo: “No hay que darle
mucha importancia a la renuncia de Héctor… Judas se vendió por
treinta monedas de plata y Héctor se vendió con Morena para que el
OPLE le apruebe su partido, lo que quedará consumado antes de que
concluya el mes de mayo”.
Y con eso se cerró el asunto. Pero ayer mismo el propio Héctor
estrenó otro drama.
En un programa de radio dijo: “Yo sé que ahorita el tema es mi
renuncia al PRI (mentira, periodísticamente hablando su renuncia ya
fue, ya pasó, ya murió). Pero estoy aquí para hacer una denuncia
muy grave… Me enteré por una fuente ALTAMENTE CONFIABLE
de la Fiscalía General del Estado, que tienen una orden de
aprehensión en mi contra y una orden de cateo para mi domicilio. Y
quiero decirles que no lo voy a permitir”, (esta frase la repitió en
varias ocasiones).
Dijo que tiene temor de que vayan a sembrar drogas o armas en su
hogar donde vive con su esposa y su hijo de 16 años, pero no lo va a
permitir. Agregó que le tienen temor porque ha sido la voz opositora
más severa, pero va a seguir por esa línea.
“Ya se lo comuniqué a la gobernadora Rocío Nahle y al secretario
de Gobierno, Ricardo Ahued. Como he sido muy severo con la fiscal
(Lisbeth Jiménez Aguirre) no dudo que tenga ánimo de revancha.
Pero no me voy a callar y lo van a escuchar el jueves (hoy), voy a
subir a la tribuna a denunciarlos, conmigo no se van a meter y
menos con mi familia. Lo digo claro, lo que me pase o le pase a mi
familia hago responsable en principio a la Fiscalía General del
Estado”.
A ver, si existe la fuente altamente confiable de la FGE, lo engañó
como a un chamaco. Héctor no es cualquier ciudadano sino un
diputado con fuero legislativo que no puede ser detenido a menos
que haya sido desaforado en un proceso que lleva su tiempo.
Solo que un grupo de mariguanos asegure que en la casa del
legislador cultivan y venden droga aparte de armas de uso exclusivo
del Ejército, es como una autoridad competente podría catear su
casa.
En efecto, Héctor ha hecho críticas severas al trabajo de la Fiscalía,
pero no como para que la titular de la dependencia quiera
desquitarse zampándolo en el bote y cateando su hogar, por lo que
responsabilizarla de lo que le pueda pasar en el futuro es una actitud
irresponsable y fuera de toda ética del legislador.
Pero su denuncia no pasó inadvertida; provocó risa y acres
comentarios.
Un analista político me dijo que Héctor es el Alfredo Adame de la
política veracruzana. Otro dijo que los morenos en Veracruz deben
estar agradecidos con sus desfiguros porque les está sirviendo de
distractor. Uno más comentó que al nativo de Soledad de Doblado lo
mantuvo en el candelero el sistema priista: “pero cuando este
sistema se acabó Héctor se mostró como lo que es: un tipo carente
de inteligencia y madurez”. Y un cuarto analista fue más severo:
“Héctor está a unos pasos de comenzar a causar lástima”.
Quienes lo conocen saben -porque se le nota en la cara y se ha
convertido en su obsesión-, que su único anhelo es ser gobernador.
Pero estos no son los modos.
A lo más que llegará -aseguran- será a otra curul plurinominal y
después a su casa, porque está escrito que nunca será gobernador.
bernagup28@gmail.com
