DE PRIMERA MANO
Por Omar Zúñiga
En un país donde el rezago educativo es una tragedia palpable, la decisión de las
flamantes autoridades de la SEP encabezadas por el impresentable Mario Delgado
de recortar más de un mes el calendario escolar 2025-2026 es, por decir lo menos,
irresponsable.
Bajo el pretexto del Mundial, la SEP ha decidido que el balón pesa más que los
libros, y que la pretendida comodidad vial de la Ciudad de México al sacar a
millones de chavos de las calles, es prioritaria sobre el derecho constitucional de
millones de niños y jóvenes a una educación completa y de calidad.
La justificación oficial, que incluye la incapacidad de las autoridades para gestionar
la movilidad urbana durante el evento deportivo, es una confesión explícita de una
planeación deficiente.
Ante la imposibilidad de garantizar el flujo vehicular y la seguridad en una
megalópolis colapsada per sé como la CDMX, la solución más simple —y cobarde—
es vaciar las aulas. Se castiga al chamaco por la incompetencia del político, un
argumento que subraya la preocupante falta de visión de Estado de Morena a largo
plazo.
Esta medida es una patada en la entrepierna para la realidad de México. Tras años
de resultados mediocres en pruebas internacionales y una pérdida de aprendizaje
acumulada por la pandemia, recortar clases es un contrasentido total y absoluto.
Mientras otros países (sudeste asiático, nórdicos) compiten por minutos adicionales
de instrucción, aquí se regalan semanas de ocio forzado para no incomodar a la
FIFA ni mucho menos a los patrocinadores.
¿Cómo se pretende elevar el nivel educativo si el propio Estado le resta valor al
tiempo en el aula?
El impacto no termina en el aula. Los profesores, ya de por sí asfixiados por una
burocracia y política educativa kafkiana -malamente llamada Nueva Escuela
Mexicana-, se ven obligados a «mutilar» sus programas de estudio para cumplir con
una meta humanamente imposible.
La política educativa que nos enjaretó el Nerón de Macuspana es terrible y nos deja
la máxima: No se enseña, se despacha.
Por otro lado, los padres de familia se encuentran en un estado de indefensión. En
un México donde la mayoría de los hogares dependen de que ambos papá y mamá
trabajen, el cierre anticipado de escuelas no son vacaciones para disfrutar los
juegos del Mundial, sino que se convierten en una crisis que golpea directamente la
economía y la estabilidad familiar, como base de la sociedad. No se exagera.
Sin embargo, el tufo más rancio de esta decisión no es educativo ni pedagógico,
sino cien por ciento político.
Resulta demasiado conveniente que este «regalo» vacacional y el ruido mediático
del Mundial se utilicen para tender una cortina de humo sobre los escándalos que
sacuden los cimientos de la administración morenista de Claudia Sheinbaum.
Mientras el país se distrae con estadios, recorte de clases y las armys de BTS, el
nombre de Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa con licencia, resuena en
las cortes de Estados Unidos y retumba en la cabeza de la presidenta.
Las acusaciones del Departamento de Justicia estadounidense contra Rocha Moya
por presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa y la colaboración con «Los Chapitos»
son de una gravedad sin precedentes, literalmente.
No estamos ante una sospecha aislada, sino ante el señalamiento de un
«narcogobierno» validado por el DOJ y validad por un Gran Jurado.
¿Qué mejor manera de diluir la indignación social por un gobernador bajo la lupa de
la Corte Federal del Distrito Sur de Manhattan que regalándole a la población un
mes de futbol y vacaciones anticipadas?
El recorte al calendario escolar es, al final del día, un síntoma más de las
prioridades de este gobierno: la imagen sobre la sustancia, la política electoral sobre
el futuro del pais, y la complicidad sobre la justicia.
No es sólo un mes de clases perdido. Se trata de la confirmación de que, para este
gobierno, el futuro de México puede esperar, siempre y cuando el presente político
esté a salvo de las críticas y las investigaciones internacionales.
Un autogol que pagarán las próximas generaciones.
«La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo», decía Mandela.
En México, parece ser la moneda de cambio más barata para comprar silencio y
distracción.
¡Qué barbaridad!
deprimera.mano2020@gmail.com
