Sin tacto
Por Sergio González Levet
Dice una conseja popular que todos los presos que permanecen en las prisiones
de México son inocentes. Y es así porque cualquier recluso manifiesta a la menor
provocación que no es verdadero el delito que le atribuyen las autoridades y la
sociedad.
[El único recluido que conocí que se confesaba culpable era un individuo de
Oaxaca que purgaba su castigo en la cárcel de Misantla. Reconocía que había
cometido un homicidio, pero afirmaba que se estaba cometiendo con él una
injusticia. “Mire, señor, reconozco que sí maté al policía ése de mi pueblo, pero es
que ya me tenía harto de que andaba atrás de mi mujer. Se lo advertí varias
veces, pero la siguió molestando hasta que día le sorrajé un balazo entre ojo y ojo.
Me metieron a prisión por eso, y está bien, ya llevo ocho meses encerrado… pero
es una injusticia, señor, porque yo considero que un policía, pues ¡con seis meses
de cárcel ya está pagado!”].
Pero si todos los que están presos son inocentes, los gobiernos de la Cuarta
Transformación han inaugurado la modalidad de que ahora son inocentes también
todos los que están fuera de la cárcel. La nomenklatura morenista se ha
convertido en una larga relación de no culpables (“Not guilty”, como les dicen en
los juzgados gringos).
Mire usted nomás (o “mira tú nomás”, según quien lo lea) la cantidad de
personajes que según el lopezobradorismo merecen la justicia y gracia juarista:
Es inocente el gobernador Rubén Rocha Moya, y también lo son el senador
Enrique Inzunza Cázarez, el alcalde de Culiacán Juan de Dios Gámez Mendívil y
los otros siete colaboradores de Rocha acusados por una corte federal de Distrito
de los Estados Unidos. Y debemos creerlo porque la Presidenta ha repetido hasta
el infinito que el Gobierno yanqui no ha presentado pruebas, pruebas, pruebas en
contra de ellos.
Son inocentes igualmente el contralmirante Fernando Farías Laguna y su
hermano el vicealmirante Manuel Roberto de los mismos apellidos, sobrinos
políticos de quien fue Secretario de Marina en el sexenio de Andrés Manuel López
Obrador, acusados según ellos injustamente de ser los operadores del huachicol
fiscal, que le robó a la hacienda pública 600 mil millones de pesos.
En ese caso, es inocentísimo el tío almirante José Rafael Ojeda Durán
(xalapeño por cierto, lo que produce un orgullo inverso a los nacidos en la
hermosa capital de Veracruz), quien ni siquiera ha sido mancillado con el velo de
la sospecha más transparente, y permanece fuera de toda investigación, siguiendo
las instrucciones del patriarca macuspano.
Y también son inmaculados para la justicia mexicana el hermano Adán Augusto
López Hernández y con él la senadora impoluta Andrea Chávez. Igualmente lo son
los miembros de la vasta progenie de los Monreal en Zacatecas, el viajero
frecuente Gerardo Fernández Noroña, todos los funcionarios corruptos que
pululan en los tres niveles de gobierno guindas, y los operadores políticos que se
roban elecciones.
Bueno, hasta los delincuentes organizados son unas blancas palomitas para la
ley mexicana.
sglevet@gmail.com
