UNA PRESIDENTA IRACUNDA…CASI TODOS LOS DÍAS

May 21, 2026 | Columnas

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Desde el Café

Bernardo Gutiérrez Parra
No se necesita ser adivino para saber que en la mañanera de hoy
algún reportero a modo le preguntará a la presidenta Claudia
Sheinbaum sobre la columna de ayer de Carlos Loret, donde el
periodista dice que el estilo de mando de la señora está basado en el
maltrato, los gritos, las groserías, las reacciones viscerales y las
descalificaciones en público.
Y ya imagino su respuesta: “Yo no leo a Carlos Loret ni a
periodistas como él que sirven a los intereses de la derecha”, para
seguirse con un choro donde la audiencia se dará cuenta que SÍ lee a
Loret y le molestó lo que dijo de ella.
Carlos dice que el hijo del Caudillo, Andy López Beltrán; la jefa de
Gobierno de la CDMX, Clara Brugada y el Jefe de Asesores de la
propia Claudia, Jesús Ramírez, “anhelan” el estilo de mando de
López Obrador que siempre estaba sereno, calmado, con las cosas
bajo control, dando instrucciones (buenas o malas) pero claras, no
ambiguas. “Recuerdan que el sello de él era el buen trato. Que no le
gritaba a nadie ni buscaba humillar a sus colaboradores delante de
otros”.
Esto no necesariamente es cierto, Andrés Manuel llegó a gritarle a
Marcelo Ebrard, Hugo López-Gatell y a la propia Claudia en las
reuniones que tenía con el Equipo de Seguridad antes de las
conferencias mañaneras. Pero así como se encolerizaba, así se le
bajaba el coraje. Y a la presidenta no. “La doctora explota, grita,
maldice, humilla y el coraje le dura varias horas y a veces todo el
día”.
Aguas.

Gobernar un país tan complejo como México y más en estos
tiempos, debe ser algo muy espeso. Imagina lector, un país donde
todos los días hay asesinatos violentos, desapariciones forzadas,
feminicidios, secuestros y una creciente percepción de inseguridad.
Un país con un crecimiento económico de casi menos cero, con un
crónico desabasto de medicamentos, con una deuda externa
impagable, con Pemex en quiebra y con la inversión extranjera más
baja de su historia entre otros males; gobernarlo -reitero-, debe ser
una odisea.
Y si para colmo la buena mujer carga con el “encargo” de defender a
toda costa a un criminal como Rocha Moya, con las elecciones del
próximo año que no le pintan nada bien a su partido y con las
amenazas de Trump… futa.
Pero pretender que los problemas se resuelvan a gritos y
sombrerazos es el camino más seguro para ir directo al fracaso.
Un manotazo sobre la mesa y un grito a tiempo son ejemplos de
carácter. Pero cuando los gritos son destemplados y van
acompañados de humillantes improperios lo que muestran es
ignorancia de quien los profiere.
Alguna vez López Obrador le llamó la atención al general Luis
Crescencio Sandoval, secretario de la Defensa. Pero el general que
era más bueno que el pan (y además estaba agradecido con el
presidente por haberlo puesto donde lo puso, cuando era el último en
la lista de los generales propuestos para ese cargo) no hizo el menor
pancho.
Según Loret, Claudia quiso gritarle a mi general Ricardo Trevilla y
éste la paró en seco. “Gritos a mí, no señora”, debió decirle.
Y Claudia perdió, porque a partir de ese momento lo único que logró
es que su Secretario de la Defensa le tenga pisada la sombra.

Si la presidenta está gritando en demasía son malas noticias porque
está mostrando su falta de control emocional, ya que los gritos son
una forma de compensar su incapacidad para defender una postura
con inteligencia.
“Gritar es el esfuerzo de un cerebro limitado intentando expresarse”,
leí por ahí. Y me queda claro que quien grita pierde la autoridad que
quiere ejercer levantando la voz.
Los gritos de Claudia están resultando contraproducentes porque la
están desgastando; nadie le está haciendo caso y está perdiendo el
respeto de sus colaboradores y sus gobernados.
Por lo pronto, su mal carácter es la botana en las redes y eso la debe
tener más iracunda.
Pero mal para ella y pésimo para el país si se empeña en seguir
gritando como lo hace hasta ahora; casi todos los días.
bernagup28@gmail.com