DERECHO UV: UN TEATRO CON TODO Y PAYASOS

Jun 10, 2026 | Columnas

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DE PRIMERA MANO

*Jorge Martínez se perfila como nuevo director
Por Omar Zúñiga
La sorpresa fue que no hubo sorpresa.
Como le anticipamos en este espacio, la Junta Académica convocada por la directora
Araceli Reyes López en la Facultad de Derecho de la UV transcurrió exactamente
conforme al guión que los pasillos habían escrito con días de anticipación.
El circo se montó -payasos incluidos-, y la función siguió adelante con la normalidad
perturbadora de las instituciones que ya no se molestan en disimular.


La votación arrojó que José Luis Zamora Valdés Zamorita bebé obtuvo 94 votos;
Jorge Martínez Martínez, 29 y Roberto Monroy 1. Ese único voto que recibió Monroy
fue el propio pues se autopropuso; sin trayectoria académica que lo respalde, sin
investigación, sin publicaciones, sin nada que no sea su condición de compadre y
amigo cercano de Zamorita bebé. Su función en la terna fue la misma de siempre:
ocupar el tercer sitio y avalar la farsa.
Caso curioso, por decir lo menos, es que entre las papeletas escrutadas en voz alta
—así se hizo, con los escrutadores leyendo en público el contenido de cada voto—
hubo una que decía simplemente «imposición, es una farsa», se voto fue anulado.
Sin embargo en un par de ellos se leía «Zamorita» y «Zamora bebé». Los mariachis
callaron.


Al inicio de la asamblea, un grupo de personas enviadas desde Rectoría por el mismo
martincito (así en minúsculas como él) intentó ingresar al recinto en calidad de
«observadores».

La escena fue reveladora: Araceli Reyes López, en su última intentona de quedar bien
con Rectoría, buscó franquearles el paso; al final la asamblea votó en contra y les cerró
la puerta en la cara.
Sin embargo, que la propia directora haya estado dispuesta a abrir las puertas a
emisarios de martincito en un proceso que se supone autónomo dice mucho sobre el
tipo de gestión que ahora concluye, y sobre los hilos que la mueven desde arriba, como
un titiritero.


La candidatura de Zamorita bebé fue presentada por el maestro José Lorenzo Álvarez
Montero. La de Jorge Martínez Martínez, por Josefa Montalvo Romero. Así se estila:
que algún profesor de renombre, de los que se llaman «decanos», avale con su nombre
la postulación.
El rito confiere un barniz de solemnidad a lo que en el fondo es una operación política.
La semblanza de Zamora no fue memorable; todo mundo sabe que tiene su plaza de
tiempo completo pero no investiga, no publica, apenas exige, y no ha dejado huella
intelectual en la institución. El currículum, en este contexto, es un requisito formal, no
un criterio de selección.


El maldito “pero” de siempre viene a cuento porque a pesar de que Zamora arrasó en la
votación con 94 votos, los números en la Junta Académica no determinan quién ocupa
el cargo.
La terna ahora viaja a Rectoría, donde martincito —a quien en estas páginas nos
resistimos a llamar de otra manera, así en minúsculas, como corresponde a quien
ejerce un cargo cuya legitimidad está en disputa— tomará la decisión final.
Y ahí es donde Jorge Martínez Martínez tiene su carta más importante, la única que
en este juego parece importar, pues fue él uno de los dos abogados que intervino
públicamente en el Consejo Universitario General para defender la prórroga del rector,
aquella extensión de mandato que buena parte de la comunidad universitaria calificó de
ilegal y que fue posible gracias al respaldo del entonces líder sindical Enrique «Papo»
Levet.
Martínez Martínez habló cuando se le pidió que hablara, respaldó lo que se le pidió que
respaldara, y lo hizo en el foro más visible de la universidad.

Ese es su currículum real. No sus publicaciones —que son escasas—, no su labor
como delegado sindical —que ha sido tibia hasta la inutilidad—, no su especialidad en
Derecho del Trabajo —que paradójicamente nunca ha ejercido en defensa de sus
propios colegas—.
Su mérito es haber sido leal cuando la lealtad tenía precio, y en la Universidad
Veracruzana que martincito encabeza, ese tipo de lealtad se paga.


Este viernes 12 de junio, los tres candidatos deberán presentar sus planes de trabajo
en otro acto del teatro institucional, pues rara vez determinan nada; son documentos
que se producen, se presentan y se archivan. La decisión, como todos saben, se tomó
antes de que comenzara la función.
Si Jorge Martínez Martínez termina siendo designado director de la Facultad de
Derecho de la Universidad Veracruzana —y todo apunta a que así será—, la
comunidad universitaria sabrá exactamente lo que eso significa: que en esta institución,
el camino más corto al liderazgo no pasa por la investigación, ni por la docencia (ni
decencia) rigurosa, ni por la defensa de los derechos académicos.
Pasa por haber dicho «sí» en el momento justo, ante quien tenía el poder de cobrar el
favor.
La Facultad de Derecho lleva años formando abogados. Lo que no ha podido formar es
una cultura institucional que merezca ese nombre. Y el proceso que está por concluir
no augura un cambio.
¡Qué barbaridad!
deprimera.mano2020@gmail.com