Sin tacto
Por Sergio González Levet
Don Eugenio Carreón Díaz fue un hombre lúcido y de movimientos ligeros y
seguros hasta el momento de su muerte, que le ocurrió a los 96 años cumplidos,
en los brazos de su hijo médico Rafael. En la sala de espera del laboratorio en
donde le harían unos análisis urgentes, cayó como un pajarito de ésos que
mueren por la desazón del amor, él que siempre estuvo tan lleno de vida.
Me decía a sus años que no le gustaba ir a cobrar el cheque de su jubilación
porque en la cola encontraba a puras personas entradas en los 70 años, llenas de
tristezas y achaques, de limitaciones…
—Si siguen así con tantas quejas y lamentos, qué les va a quedar para los
próximos 20 años, en lo que llegan a mi edad —les reclamaba.
Don U, como le decíamos con cariño, fue un basquetbolista legendario que con
sus hermanos formó un equipo que ganó para Aguascalientes el campeonato
nacional de 1931. Por eso y otras razones la cancha estatal de basquetbol de
Aguascalientes se llama Gimnasio Hermanos Carreón, a mucha honra.
Don Eugenio fue el primer profesor de educación física del estado y obtuvo
también el cariño de sus semejantes por su bonhomía y su gran sentido del
humor.
Quien siga la filosofía de vida de Eugenio Carreón podrá considerar que tenar
más de 70 años es casi como comenzar una nueva vida; es empezar una nueva
aventura. Hay quienes piensan como ancianos y se sienten tales desde edades
muy tempranas, y otros como don U siguen vigentes y productivos hasta el último
suspiro.
Gracias a esa actitud, en la literatura tenemos grandes obras que fueron
escritas porque sus autores no se dejaron vencer por los años.
El padre de la literatura rusa, León Tolstoi (1828-1910), escribió una de sus
mejores novelas, Resurrección, en 1899, a los 71 años, y Víctor Hugo, su similar
para la literatura francesa, en 1874 empezó a escribir, a los 72 años, una trilogía
de novelas sobre la Revolución Francesa de la que pudo concluir la primera,
llamada Noventa y tres, después de que había coronado sus siete décadas de
vida con un libro de poemas, El año terrible.
En la literatura española, don Félix Lope de Vega y Carpio (1562-1635) todavía
andaba por el siglo XVII escribiendo poemas a la que era una edad muy avanzada
para la época, como La gatomaquia (1634), Rimas humanas y divinas del
licenciado Tomé de Burguillos (1634) y La Vega del Parnaso (1637).
Tal vez el caso más ejemplar es el del portugués José Saramago (1922-2010),
quien escribió la parte más sustancial de su obra ya grande. De ahí provienen
Ensayo sobre la ceguera (1995), Todos los nombres (1997), El hombre duplicado
(2002), Ensayo sobre la lucidez (2004), Las intermitencias de la muerte (2005), El
viaje del elefante (2008), Caín (2009) y tres capítulos de Alabardas (2014), su
última novela.
Don Alfonso Reyes (1899-1959) y Octavio Paz (1914-1998) son dos cumbres
mexicanas que produjeron hasta el final mismo de sus vidas.
Y no podemos olvidar a Jorge Luis Borges (1899-1986), que escribió después
de sus 70 el Elogio de la sombra (1969), El informe de Brodie (1970), El libro de
arena (1975), La memoria de Shakespeare (1989) y Nueve ensayos dantescos
(1982).
Así que considero que aún me queda cuerda… y ánimo.
sglevet@gmail.com
