Sin tacto
Por Sergio González Levet
Con la derrota de México ante Inglaterra y su salida del Mundial, de lo primero que
podemos estar contentos es de que cuando menos ocho mexicanos salvaron la
vida, porque eran los que seguramente iban a ser apachurrados en las
celebraciones del Zócalo y del Ángel de la Independencia si nuestros muchachos
hubieran hecho la hombría de pasar a la siguiente ronda.
También hay un asunto de salud pública, pues se dejaron de consumir cientos
de miles de litros de cerveza y tequila y ron y brandy, y con eso muchos hígados
nacionales dejaron de sufrir por las congojas del alcohol en demasía.
Sí, dolió la derrota al orgullo nacional, pero también nos permitió salir del sueño
mundialista que ha sido una pesadilla para nosotros desde que empezamos a
participar en 1930, cuando se jugó la primera Copa en Montevideo, Uruguay, a un
lado del Mar de la Plata; Copa que conquistaron los anfitriones charrúas de la
misma manera que en 1950 fueron a Río de Janeiro, al Maracaná, a ganarle a
Brasil, lo que provocó hasta suicidios de fanáticos cariocas, que consideran al
futbol como una religión.
Y la salida del sueño convertido en pesadilla nos arrojó de nueva cuenta a la
cruenta realidad, lo que fue una congoja para todos, pero al mismo tiempo una
necesidad indispensable por la premura de los tiempos que corren, que nos están
llevando al abismo irremisible de la violencia incontenible, que acaba con nuestra
gente y nuestra tranquilidad; de la corrupción galopante, que está terminando con
lo poco que nos queda de riqueza; de la incapacidad absoluta de las autoridades,
que no pueden hacer nada bien; de la desaparición de nuestra democracia, que
tanto nos costó en recursos y en vidas humanas.
Terminó el Mundial y la Mañanera del Pueblo se quedó sin tema, con lo que la
Presidenta tuvo que volver a la antigua y ya insoportable cantaleta de que la culpa
de todo la tienen el presidente Felipe Calderón (tío de un conocido columnista
veracruzano) y su secretario de Seguridad Pública Genaro García Luna. Todo
para no hablar de la realidad que agobia a los mexicanos y de los yerros que
comete su Gobierno para defender a los protagonistas de la Cuarta
Transformación metidos hasta el cuello con las bandas del crimen organizado,
entre ellos los tres infantes lopezobradorianos más grandes.
Acabaron la tensión y las esperanzas fallidas de los juegos de eliminación
directa y regresó el creciente enojo de la gente en contra de las mentiras y los
excesos de las autoridades que llegaron al poder porque prometieron que iban a
ser sencillos, austeros y honrados.
México volvió de nuevo a su realidad, a su horrible realidad, a su fastidiosa
cotidianidad llena de crímenes, desapariciones, secuestros, cobros de piso,
hurtos.
Terminó el futbol, ahora falta que termine la pesadilla de Morena.
sglevet@gmail.com
