DE PRIMERA MANO
*”Corrieron” a dos beneficiados con las bases “de última hora”
Por Omar Zúñiga
El líder sindical Juan de Dios Martínez Guzmán controla las dos carteras más
importantes del sindicato adherido a la CTM del Ayuntamiento de Xalapa junto
con su esposa.
Este fin de semana se conoció que dos persoanjes a quienes él ayudó a
colocar en la nómina -de útima hora- son ahora quienes golpean las puertas de
los despachos jurídicos para demandar al municipio.
La pregunta es quién paga esos abogados, pues cuando se solicita apoyo, el
sindicato nunca tiene recursos y a última instancia, quien lo paga son los
mismos trabajadores (incluidos los mismo que fueron hechos a un lado
esperando una base), que por supuesto, no están de acuerdo con los oscuros
manejos de Juanito.
Hay sindicatos que nacen para defender a los trabajadores y sindicatos que
nacen para defender a su líder.
El de la CTM en el Ayuntamiento de Xalapa lleva tiempo inclinándose
peligrosamente hacia la segunda categoría, y los últimos movimientos de Juan
de Dios Martínez Guzmán no dejan mucho espacio para la duda.
El mismo hombre que sentó en la nómina municipal a familiares de la ex
directora de Recursos Humanos Yazmín Zepeda Benvides (por cierto,
recomendada de la diputada cuitlahuista Dorheny García Cayetano), —y
presumiblemente a los suyos— es el mismo que ahora se reúne en lo oscurito
con los recientemente cesados y sus abogados para armar una demanda
contra el Ayuntamiento.
No está mal el personaje: primero violó el escalafón, y cuando las
consecuencias llegaron, asume la defensa de las víctimas que él mismo creó.
Conviene recordar el mapa del poder.
En el sindicato cetemista del Ayuntamiento de Xalapa, Juan de Dios Martínez
Guzmán ocupa la Secretaría General. Su esposa, como por arte de magia,
controla la Secretaría de Trabajo y Conflictos, la segunda cartera en
importancia del organismo.
Dos personas, un mismo apellido, dos sillas en la mesa donde se decide quién
trabaja, quién se basifica y quién se va a casa; eso tiene un nombre que no es
“coincidencia”: se llama nepotismo sindical, y en cualquier democracia sindical
funcional habría provocado ya un escándalo de proporciones considerables. En
Xalapa, apenas merece un murmullo.
Pero la historia se pone más interesante cuando se añade el capítulo de los
comisionados. Entre los beneficiados del esquema de basificaciones
irregulares —documentado en el informe C/DA/REV-03/2026 de la Contraloría
Municipal— estaban Esteban González Montilla, cónyuge de la ex directora
de RH Yazmin Zepeda Benavides, y, Jonathan González Alejandro, padre
de Esteban.
Ambos recibieron plazas definitivas con apenas una semana de antigüedad, y
fueron posteriormente comisionados al sindicato, dirían los clásicos ipso facto.
Dicho de otra forma: el sindicato colocó a sus propios allegados en la nómina
del Ayuntamiento y luego los reabsorbió como fuerza de trabajo sindical, una
elegancia circular que habla muy bien de la creatividad administrativa de
Juanito.
El Ayuntamiento, al recibir los resultados de la auditoría y aplicar el artículo 37
de la Ley Estatal del Servicio Civil, procedió este fin de semana al cese de
quienes no acreditaban los requisitos legales, es decir Jonathan y Esteban.
Ahora, afectado en sus ntereses personales, Juan de Dios Martínez Guzmán
toma el asunto como “personal” y está -desde ya- explorando acciones legales
contra el Ayuntamiento de Xalapa.
Las preguntas que nadie hace son¿Quién financia esa defensa legal? ¿Salen
esos honorarios de los bolsillos de Jonathan y Esteban, quienes durante
semanas cobraron del erario sin cumplir los requisitos de ley? ¿O provienen de
los recursos del sindicato, es decir, de las cuotas de los mismos trabajadores a
quienes Martínez Guzmán desplazó cuando repartió esas plazas por dedazo?
La ironía es mayúscula.
El líder sindical que ignoró el escalafón y dejó fuera a empleados con diez,
quince o veinte años esperando turno, ahora aparece como paladín de los
derechos laborales de quienes fueron colocados ilegalmente por él mismo. Es
como si el carterista se convirtiera en abogado de la víctima cuando le quitan lo
robado.
Para documentar el optimismo, se le formulan las siguientes preguntas a
Juanito:
¿Cuándo y cómo decidió el sindicato avalar basificaciones sin Comisión Mixta
de Escalafón activa durante todo 2025?
¿Bajo qué criterio su esposa ocupa la Secretaría de Trabajo y Conflictos del
mismo sindicato que él encabeza?
¿Quién cubre los honorarios de los abogados que representarán a los
cesados?
¿Con qué fondos sindicales —si es el caso— se financia esa defensa legal?
¿Cuántos trabajadores con antigüedad mayor a seis meses fueron omitidos del
proceso de basificación para dar paso a los beneficiados del esquema
irregular?
Estas preguntas no son por morbo o simple curiosidad, sino que son
cuestionamientos que tienen los trabajadores afectados de la base sindical… y
por supuesto exigen las respuestas correspondientes.
No contestar está generando una bomba de tiempo al interior del
Ayuntamiento, el tiempo corre… tic, tac.
El Ayuntamiento de Xalapa tiene aquí una oportunidad y un riesgo al mismo
tiempo.
La oportunidad de sostener con firmeza los ceses documentados en la
auditoría y no ceder ante la presión sindical; y el riesgo es que la nueva
administración, por razones de gobernabilidad o por la inercia de las
complicidades políticas, negocie en lo oscurito una restitución de plazas que
equivaldría a premiar el fraude escalafonario. No creemos que así suceda.
Mientras eso se define, Juan de Dios Martínez Guzmán sigue en su silla. Su
esposa también.
El sindicato opera como si nada hubiera ocurrido y los trabajadores que
llevaban años esperando su basificación conforme a ley seguirán esperando.
Que el líder sindical se reúna con abogados para defender a quienes él mismo
colocó ilegalmente dice mucho de su carácter, pero que pueda hacerlo sin que
nadie le exija cuentas, dice más todavía del sistema que lo sostiene.
¡Qué barbaridad!
deprimera.mano2020@gmail.com
