EL PROFE. LA ZURDA QUE PESA

Ago 6, 2026 | Columnas

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DE PRIMERA MANO

Por Omar Zúñiga
Hay un dato de esta semana que debería obligar a releer el mapa político
veracruzano: en el más reciente Ranking Nacional de la encuestadora
Gobernarte —levantado del 30 de julio al 3 de agosto, con 885 entrevistas y 95
por ciento de confianza—, Esteban el profe Bautista Hernández aparece en
el Top Ten, ocupando el séptimo lugar entre los presidentes de Juntas de
Coordinación Política de todo el país, con 28.7 por ciento de índice, 28.9 ciento
de conocimiento y 28.4 ciento de aprobación.
Por encima de él sólo figuran los coordinadores de Ciudad de México, Morelos,
Nuevo León, Baja California, Estado de México y Tamaulipas: entidades con
reflectores nacionales, presupuestos mayores y, en varios casos, aspiraciones
presidenciales de por medio.
Veracruz, con el profe al frente de la Jucopo, se cuela entre ellos.


El dato no es casualidad ni producto de la exposición mediática.
A diferencia de otros coordinadores parlamentarios del país, el profe no ha
construido su posicionamiento a partir de conferencias de prensa ni de choques
calculados con el Ejecutivo o con bancadas rivales.
Lo ha hecho al revés: operando puertas adentro, tejiendo acuerdos entre
fuerzas políticas que en el papel tienen poco en común, y dejando que los
resultados —no los pleitos— hablen por él.
Esa es la definición más precisa de lo que en la vieja escuela política se
llamaba tener mano izquierda: la capacidad de negociar sin imponer, de ceder
sin perder el rumbo, de sumar voluntades sin necesidad de vencer a nadie en
público.
Esa zurda educada es, en buena medida, la explicación de por qué un
coordinador de un congreso estatal —no un gobernador, no un senador— logra
colarse en un ranking dominado por perfiles con mayor exposición nacional.


En la Jucopo conviven, por diseño institucional, representaciones de todos los
partidos con fracción legislativa; ahí no hay margen para el protagonismo
solitario, porque cualquier decisión requiere consenso.
Esteban Bautista ha entendido esa lógica mejor que la mayoría: en lugar de
forzar mayorías, las construye; en lugar de imponer agendas, las negocia.
El resultado se ha visto en la práctica legislativa reciente —desde la
coordinación con la Comisión Permanente de Desarrollo y Fortalecimiento
Municipal para entregar 156 Distintivos de Excelencia en Planeación Municipal
a los ayuntamientos que cumplieron con la Guía Metodológica de la propia
LXVII Legislatura— y ahora se confirma en un indicador externo, ajeno al
propio Congreso: el de una encuestadora que mide conocimiento y aprobación
entre la ciudadanía, no entre los pares.
Ese es, quizá, el dato que más debería llamar la atención: la aprobación de
Esteban Bautista (28.4 por ciento) es prácticamente idéntica a su conocimiento
(28.9 por ciento) lo que significa que, de quienes lo identifican, la enorme
mayoría lo aprueba.
No es el perfil de un legislador que polariza o que construye su marca a base
de confrontación; es el perfil de alguien cuyo trabajo, una vez conocido,
convence.
En la política veracruzana, acostumbrada a medir el liderazgo por el volumen
del choque, ese dato vale como una lección: a veces la mano que más pesa es
la que no se nota que empuja.
¡Qué barbaridad!
deprimera.mano2020@gmail.com