AL PIE DE LA LETRA
Raymundo Jiménez
En las últimas cuatro décadas, los Papas Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, los tres
ya fallecidos, han sido los únicos que entre 1979 y 2016 visitaron siete veces a México, un
país donde la religión católica sigue siendo la predominante, aunque va perdiendo
creyentes.
La primera visita papal ocurrió del 26 de enero al 1 de febrero de 1979, cuando Juan Pablo
II, recién electo, fue recibido por el presidente José López Portillo, lo que al mandatario
priista le generó un fuerte conflicto con el veracruzano Jesús Reyes Heroles, un político
liberal que tres meses después terminó renunciando a la Secretaría de Gobernación.
Durante seis días el Sumo Pontífice de origen polaco recorrió Ciudad de México, Puebla,
Oaxaca, Guadalajara y Monterrey, pronunciando mensajes de fe y unidad, y dejando para la
historia su célebre expresión: “México siempre fiel”.
En 1990, Juan Pablo II regresó al país invitado por Carlos Salinas de Gortari, quien dos
años antes había asumido la Presidencia de México entre protestas de los simpatizantes del
excandidato del Frente Democrático Nacional, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, que
acusaban al priista de fraude electoral. Entre el 6 y 13 de mayo de 1990 el Obispo de Roma
visitó varios estados y beatificó al indígena Juan Diego, reforzando la devoción
guadalupana. Tres años después, en agosto de 1993, realizó una visita breve a Yucatán, ya
como jefe de Estado tras el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre el gobierno de
México y la Santa Sede.
En su cuarta gira, del 22 al 26 de enero de 1999, fue recibido por Ernesto Zedillo, también
del PRI. En esa ocasión, Juan Pablo II subrayó los valores familiares y la fraternidad. Su
quinta y última visita, entre el 30 de julio y el 1 de agosto de 2002, ocurrió bajo la
presidencia de Vicente Fox –primer mandatario surgido de la oposición (PAN)–, momento
en el que canonizó al indio Juan Diego, elevándolo a los altares como santo y consolidando
así un legado espiritual profundo.
El segundo pontífice de la Iglesia Católica en visitar oficialmente al país fue Benedicto
XVI, de origen alemán. El 23 de marzo de 2012 fue recibido por el presidente Felipe
Calderón, también del PAN, cuyo apretado y polémico triunfo electoral en 2006 había sido
impugnado por los votantes del entonces perredista Andrés Manuel López Obrador. En esa
ocasión, el mensaje del Papa se centró en la paz, el rechazo a la violencia y la fortaleza de
la familia, en medio de una crisis social detonada por la inseguridad.
Y la séptima y última visita papal ocurrió hace una década con Francisco, el primer
Pontífice romano de origen latinoamericano. Invitado por el priista Enrique Peña Nieto, el
ex cardenal de Buenos Aires, Argentina, Mario Jorge Bergoglio, recorrió el país del 12 al
17 de febrero de 2016. Su gira apostólica incluyó la Ciudad de México y continuó por el
Estado de México, Chiapas, Michoacán y Chihuahua. Sus mensajes denunciaron la
corrupción, defendieron la dignidad de los migrantes, la inclusión de pueblos indígenas y la
urgencia de la justicia social.
Ahora, la presidenta Claudia Sheinbaum, de Morena, ha insistido ante el Vaticano para que
el nuevo Papa León XIV visite México.
Hace ocho meses, el 12 de diciembre del año pasado, en el marco de la celebración de la
Virgen de Guadalupe, la presidenta Sheinbaum Pardo habló por teléfono con el Papa para
que viajara a territorio mexicano.
“En esta fecha tan especial para el pueblo de México conversé por llamada telefónica con
su santidad el Papa León XIV para invitarlo a visitar nuestro país.
“Envía bendiciones y saludos a todos en este día de la Virgen de Guadalupe. Coincidimos
en que, más allá de la religión que profese cada persona y de la laicidad del Estado, la
Virgen de Guadalupe es símbolo de identidad y paz para las y los mexicanos”, apuntó la
mandataria morenista en redes sociales.
Ya en mayo de 2025 le había hecho llegar también una carta con la secretaria de
Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, quien en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano,
durante la recepción de las delegaciones de los países, la funcionaria de la 4T aprovechó
para felicitar a León XIV por su pontificado y entregarle de propia mano la invitación que
por escrito le hizo la Presidenta para que visitara México éste o el próximo año. Pero, hasta
ahora, el Sumo Pontífice ha desairado a la mandataria morenista.
La semana anterior volvió a insistir, ahora ante el cardenal Pietro Parolin, secretario de
Estado de la Santa Sede, quien estuvo tres días en la Ciudad de México. Llegó el martes 4 y
celebró la eucaristía en la Catedral Metropolitana; por la noche cenó con el secretario de
Relaciones Exteriores, Roberto Velasco Álvarez.
Al día siguiente, miércoles 5, la Presidenta recibió al representante del Papa en Palacio
Nacional. El cardenal llegó a las 9:55 y se retiró a las 11:10. Sheinbaum le reiteró la misma
petición.
Minutos antes de recibir en su despacho presidencial al número dos del Vaticano,
Sheinbaum recordó en su conferencia mañanera que hizo una carta con la invitación en su
momento, además de que el 12 de diciembre “tuve la oportunidad de hablar con el Papa y
ahora que recibimos esta visita, que es muy importante, vamos a insistir en la visita del
Papa a México”.
La mandataria expuso que aparte de lo que significa para el pueblo católico, “hoy el Papa
también representa una visión de un debate que hemos estado dando aquí, relacionado con
las plataformas digitales y la Inteligencia Artificial (IA)”.
Resaltó que la encíclica Magnifica Humanitas, sobre la IA, “es una referencia mundial de
un debate sobre quién controla esas plataformas, quién define los contenidos, cómo se
diseñan los algoritmos y hacia dónde vamos como humanidad. Es un debate muy
importante a nivel planetario, y en México lo estamos dando”.
Entonces, “más allá de su representación religiosa y evidentemente que en México hay
separación de la Iglesia con el Estado, y así va a ser siempre, hay una referencia muy
importante que él está representando en el mundo respecto a esta reflexión. Incluso él
mismo llama a la regulación pública de la Inteligencia Artificial y a reconocer entre todos
cuáles son los impactos y a quiénes están beneficiando”.
Enfatizó que el Papa “es un referente a nivel internacional sobre éste y muchos otros temas
humanitarios, y vamos a insistir en que está gratamente invitado a nuestro país”.
Pero el cardenal Parolin, después de la reunión con la presidenta, concelebró con los
obispos del Episcopado Mexicano una misa en la Basílica de Guadalupe, donde dijo lo que
no pudo expresar en Palacio. Su mensaje central giró en torno a una de las crisis más
profundas del país: el dolor de las madres buscadoras y las personas desaparecidas en
México. Durante su homilía, el representante del Vaticano invitó al pueblo mexicano a
unirse en oración por estas mujeres, reconociendo la relevancia mundial del santuario
guadalupano como un espacio de consuelo y esperanza.
Parolin subrayó que una madre siempre hará todo por sus hijos y aseguró que la
persistencia y perseverancia de las madres mexicanas –a través de sus plegarias y acciones–
recibirán su recompensa.
“El Señor recompensa la absoluta confianza que ella deposita en él, así como su
determinación. Su ejemplo resuena con especial fuerza aquí en México, donde tantas
madres siguen buscando con firmeza y fe a sus hijos desaparecidos”, destacó el cardenal.
Además, hizo un fuerte llamado a la empatía social, recordando que “nada puede
impedirles hacer todo lo posible por ayudar a sus hijos” y pidió a los asistentes respaldarlas
con oraciones para que su fe rinda frutos.
Fue un duro golpe para la presidenta Sheinbaum, quien se ha negado a recibir en Palacio a
las madres buscadoras.
Además, por la tarde, Parolin sostuvo un encuentro con los líderes del Diálogo Nacional
por la Paz, en el que confluyen la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), Jesuitas
de México, la Dimensión Pastoral de los Laicos y la Conferencia de Superiores Mayores de
Religiosos de México.
El Cardenal no vino a México de turista. El secretario de Estado del Vaticano llegó cuatro
días después de que el Episcopado Mexicano rompiera el silencio de largos años. A finales
de julio, los obispos del país habían firmado un documento que parte del centenario de la
Guerra Cristera y termina en un reclamo directo al poder.
Los obispos acusaron al Estado Mexicano de permitir que el crimen organizado opere como
un gobierno paralelo que secuestra, extorsiona, asesina y seduce a los jóvenes con una falsa
idea de poder. El mensaje no lo firmó un académico de derecha ni la oposición anti-4T,
sino el pleno de la CEM. Por eso, Parolin no vino a una visita diplomática sino a respaldar
a los obispos mexicanos.
Y, según trascendió, el Papa León XIV no tiene programado viajar pronto a México, sino
que muy posiblemente lo haría hasta el año 2031, con motivo de la celebración del quinto
centenario guadalupano. Para entonces, el mandato de Sheinbaum ya habrá concluido.
¿Por qué tanta insistencia de la morenista en que venga el Papa a México, si ella no es
creyente? ¿A poco su partido necesitará de “ayuda divina” para retener el poder?
¿Ya se olvidó de todas las críticas que le llovieron en la campaña presidencial de 2024,
cuando tuvo que disfrazarse de beata y conseguir una audiencia en El Vaticano al enterarse
que su contrincante, Xóchitl Gálvez, de la alianza PAN-PRI-PRD, había sido recibida por
el Papa Francisco?
