Sin tacto
Por Sergio González Levet
—Maestro, ayer hice la tarea —le comento como saludo matinal, cuando me abre
la puerta de su morada—. Busqué en la Wikipedia qué es una fuga, musicalmente
hablando, y me encontré con esto, se lo leo: “Fuga es un procedimiento musical
en el cual se superponen ideas musicales llamadas sujetos. Su composición
consiste en el uso de la polifonía vertebrada por el contrapunto entre varias voces
o líneas instrumentales (de igual importancia) basado en la imitación o reiteración
de melodías en diferentes tonalidades y en el desarrollo estructurado de los temas
expuestos.”
—En efecto —me contestó el Gurú con vacilación, y por primera vez me di
cuenta de que, al igual que yo, había áreas del conocimiento en las que él no tenía
la menor idea, como la de la notación musical. Con ese pequeño triunfo en la
mano, me salí de la música y dirigí la conversación por otros derroteros, en los
que estaba seguro de que el sabio pisaba más firme.
—Pero hay otra fuga sobre la que me interesa reflexionar, que es la fuga que
mal define el diccionario de la Real Academia Española…
Aquí tendré que detenerme unos párrafos para comentarle a la sintáctica
lectora y al ortográfico lector el berenjenal gramático en el que me metí al hacer la
consulta con la RAE. Primero, la dichosa Academia define la “fuga” como “Acción
de fugarse”, lo que va contra toda lógica porque no se debe definir un término
usando el mismo término.
Bueno, como soy necio para esas cosas (y para algunas otras, no muchas), me
fui a buscar la definición de “fugarse” y me encontré con que es ¡“Poner en fuga”!
Y entonces quedamos peor que con la definición musical, porque “fuga” es
“acción de fugarse” y “fugar” es “poner en fuga”.
¡Qué manera de fugarse, pero de la gramática!
Dichas todas las exclamaciones posibles sobre la falta de rigor de los
académicos españoles de la lengua, regresamos a la plática usual, y entonces
pude formular mi inquietud con toda propiedad:
—¿No cree usted que la fuga es un recurso de solución aparente que el hombre
moderno está usando mucho cuando enfrenta un problema?
—Y un recurso que no sirve para nada —añadió el intelectual—. Tratar de
escaparnos de una dificultad seguramente nos llevará a un callejón sin salida. Los
problemas se deben atacar de frente, con valentía, dando la cara. El que se fuga
es un cobarde, un charlatán y un tonto. Quien huye de sus responsabilidades
muestra el pobre tamaño de su humanidad, la persona lastimosa que es. ¿Quieres
saber si un hombre es íntegro? Fácil: ponlo ante un problema y si ves que la
evasión es su estrategia, sabrás que no vale nada, que es un mentecato… y
también un mentiroso. Si cometiste un error o un pecado, tienes que asumir tu
culpa y pagar por ello.
—Caray, maestro, veo que se está enojando…
—Sería más adecuado decir que me estoy indignando. En verdad que me saca
de mis casillas ver que hay personas que no responden con integridad ante una
situación de conflicto, y sobre todo cuando son culpables. Lo más bajo que puede
hacer alguien es huir, engañar, escabullirse del justo castigo. ¿Y te digo por qué?
Porque la fuga es la peor respuesta que podemos tener, puesto que no resuelve
nada y sólo sirve para hacer más grande el problema. Para mí el ser más
deplorable es aquél que no sabe reconocer sus errores. ¡Y cómo hay de ésos a
nuestro alrededor!
sglevet@gmail.com
