EL GURÚ: LA ZONA DE CONFORT

Oct 8, 2026 | Columnas

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Sin tacto

Por Sergio González Levet

Llegué descansado, contento, apaciguado… radiante. Dos semanas de
vacaciones habían cumplido en mí el milagro de convertirme en la persona que
realmente soy (o que creo que soy), porque sin estrés y sin cansancio cualquiera
se puede dar el lujo de ser amable, de sonreír, de ver a vida con alegría…
Por eso esa mañana entré a la cafetería con una sonrisa de oreja a oreja, me
senté junto al Gurú, que ya me esperaba para desayunar, y a manera de saludo le
dije:
—Maestro, buenos días, vengo muy contento de estas dos semanas de asueto,
y lo que son las cosas, regreso del descanso y me acomodo en mi zona de
confort. Cómo que no se vale, ¿verdad?
—¿Por qué no? —me respondió también a manera de saludo—. No me digas
que eres de los que cree que toda persona debe buscar siempre salirse de su
zona de confort. Como que está muy anatematizado el término.
—Pero ¿cómo? ¿A poco usted dice que está bien que nos estanquemos y que
permanezcamos siempre en un lugar, en un trabajo o en una situación solamente
porque nos sentimos cómodos? Si hiciéramos eso, ¡estaríamos condenados a ser
unos mediocres! —le contesté mientras me iba exaltando ante la aberración que
me había dicho el Gurú, hasta entonces tan atinado y sensato en sus comentarios
e ideas.
—Yo no dije eso. Lo que pasa es que estás confundiendo peras con manzanas.
Permanecer en la zona de confort es una situación del ser humano que está muy
malentendida, y lo está por ciertas conveniencias de esa entelequia que
llamaremos El Sistema.

Mientras nos servían los cafés hirvientes y cargados, como deben ser, nuestro
sabio permaneció concentrado, organizando mentalmente lo que me iba a
explicar.
—Estar en tu zona de confort —empezó su razonamiento— quiere decir en
realidad que estás en una posición que te da satisfacciones, comodidad, gusto. Y
eso te hace más fuerte, mejora tus condiciones para pensar y producir, te hace ser
más feliz en tu trabajo, cualquiera que sea éste.
—Pues yo pienso lo contrario, maestro —me atreví a decirle.
—Es que confundes, Saltamontes, confundes… porque a partir de esa idea
concluyes que es malo estar bien o sentirse satisfecho, y que la vida es querer
estar cambiando siempre. Mudarse para mejorarse, como dijera Lope de Vega. El
Sistema ha terminado por convertirse en el aliado de los comerciantes, se
preocupa solamente de que haya más consumidores y que éstos compren mucho
y mucho y mucho más. En eso se funda toda nuestra economía mundial, global:
en hacer más y más ricos a los intermediarios por la venta excesiva de productos.
Y la mejor forma de lograr que la gente compre compulsivamente es cuando ésta
se siente insatisfecha. Por eso toda la publicidad, la propaganda y el
entretenimiento están dirigidos a que nos sintamos mal, a que nos salgamos de
nuestras zonas de confort, y así tratemos de remediar nuestras tristezas
comprando objetos de todo tipo, sobre todo los suntuosos e inservibles.
—¿Zona de confort, mi pequeño Salta? Permanece en ella, y desde ella
conviértete en una persona cada día más productiva, más creativa y más feliz.
Con eso te convertirás en un hombre realmente bueno, que es la aspiración de
todo misticismo.

sglevet@gmail.com