DE PRIMERA MANO
*El Cabildo que no miró el calendario
Por Omar Zúñiga
Hay fechas que obligan, no por ley, sino por decencia, el 7 de octubre es una de ellas,
y el Cabildo de Xalapa decidió pasarla por alto, por que se lo ordenaron o peor aún, por
ignorancia.
La noche del 7 de octubre de 1913, el senador chiapaneco Belisario Domínguez
Palencia fue sacado de su habitación del Hotel Jardín, en la Ciudad de México, por
esbirros del usurpador Victoriano Huerta; lo llevaron al panteón de Coyoacán y ahí lo
asesinaron mansalva.
Su delito fue hablar, decir desde la tribuna del Senado lo que todos sabían y nadie se
atrevía a pronunciar.
Ciento trece años después, ese mismo 7 de octubre, en sesión extraordinaria
encabezada por la alcaldesa Daniela Griego, el Ayuntamiento de Xalapa aprobó, por
UNANIMIDAD, el proyecto de decreto que reforma el artículo 78 de la Constitución
veracruzana para eliminar el fuero de alcaldes, presidentes de concejos municipales y
síndicos.
Nadie en la honorable Sala de Cabildo recordó, segurmente por ignorancia, a Belisario
Domínguez, por supuesto nadie pidió un minuto de silencio y no, nadie propuso, por
mínimo pudor, mover la sesión extraordinaria para el 6 o el 8.
Hay que recordar quién fue, porque está visto que muchos no lo saben…, Belisario
Domínguez nació en Comitán, Chiapas, en 1863; estudió medicina en París y volvió a
su tierra a ejercerla, con fama de atender sin cobrar a quien no podía pagar por su
servicios.
Peor también fue periodista, fundó en su tierra “El Vate”, un periódico que él mismo
redactaba y repartía.
Llegó al Senado en 1913 como suplente, casi por accidente, en el peor momento de la
República, Madero y Pino Suárez acababan de ser asesinados y el usurpador
Victoriano Huerta ya despachaba en Palacio Nacional.
En septiembre de ese año preparó un discurso que la Mesa Directiva del Senado se
negó a dejar leerlo, pero el senador-periodista no calló.
Lo hizo imprimir, con ayuda de una joven tipógrafa, María Hernández Zarco, y lo hizo
circular.
En él sostenía que el pueblo mexicano no podía resignarse a tener como presidente a
Victoriano Huerta, y pedía al Senado deponerlo; sabía lo que eso le costaría, pero aún
así lo escribió.
Días después lo mataron.
Cuando la Cámara de Diputados exigió explicaciones, Huerta respondió disolviendo el
Congreso y encarcelando a más de un centenar de legisladores.
Ese fue el precio de la palabra libre en 1913.
Por eso la máxima condecoración que otorga el Senado de la República lleva su
nombre: la Medalla Belisario Domínguez que se entrega cada año, justamente en
octubre, a mexicanas y mexicanos de mérito excepcional.
Por eso Belisario Dominguez es más que cualquier prócer de bronce, el verdadero
adalid de la libre expresión en este país.
Cuando los constituyentes de Querétaro escribieron en 1917 que diputados y
senadores son inviolables por las opiniones que manifiesten en el desempeño de su
cargo, y que no podrían ser procesados sin que antes lo autorizara la representación
popular, tenían fresca la sangre del senador chiapaneco.
La protección constitucional a quien ejerce un cargo de representación nació para eso,
para que ningún tirano pudiera volver a callar a un representante con una bala o con
una acusación fabricada.
Belisario Domínguez no inventó esa protección, pero es su mártir y su razón moral.
Que el fuero haya degenerado, con los años, en escudo de pillos es otro rollo, y una
historia cierta; nadie sensato defiende hoy que un alcalde corrupto o un síndico ligado
al crimen se esconda detrás de una declaración de procedencia.
El Congreso de Veracruz aprobó la reforma el pasado 25 de septiembre, y ahora
corresponde a los ayuntamientos avalarla.
El fondo admite debate, la forma no admite excusa.
Para documentar el optimsimo…, esto no fue un descuido de una sola persona, auqneu
su responsabilida recaiga en el Secretario del Ayuntamiento, y el secretario del
Ayuntamiento, Víctor Hugo Meza Cruz.
En la sesión estuvieron también la alcaldesa Daniela Griego; el síndico Marco Aurelio
Martínez Sánchez; las regidoras y regidores de todos los partidos políticos Diana
Julieta Aguilar Ortega, Axel Fernández Cambambia, Susan Liliana Morales Segura,
Alfonso Osegueda Cruz, Raquel Rosalía Castañeda González, Hilda Elvia Aguilar
Arroyo, Diego Moreno Martínez, Clarissa Monserrat López Morales, Joaquín Alejandro
Cano Hernández, Mónica Mendoza Madrigal, Dalos Ulises Rodríguez Vargas, Flor de
María Mendoza Muñiz y Priscila Nataly Labastida Vega.
Quince personas licenciadas, maestras, cuatro que se ostentan con grado de doctor.
Asesores, áreas jurídicas, una Secretaría del Ayuntamiento que arma el orden del día.
Y en toda esa estructura nadie levantó la mano para decir -«Oigan, hoy es el
aniversario luctuoso de Belisario Domínguez… ¡hoy no!».
¿Cuál era la urgencia? Una sesión extraordinaria, por definición, se convoca cuando el
asunto no puede esperar. ¿No podía esperar veinticuatro horas la supresión de un
fuero que lleva más de un siglo en la Constitución? ¿Qué se perdía votándolo el
jueves? Nada. Lo que sí se perdió fue la oportunidad de demostrar que quienes
gobiernan la capital del estado saben en qué país viven y de dónde vienen sus
instituciones.
Uno puede imaginar la escena alternativa: la alcaldesa abre la sesión, recuerda al
senador de Comitán, explica que la reforma no traiciona su legado porque el fuero que
hoy se elimina ya no protege la palabra sino la impunidad, y pide un minuto de silencio.
Habría sido un gesto de Estado, en cambio, quedó el ridículo de aprobar la
desaparición del fuero el mismo día en que se recuerda al hombre cuyo asesinato le
dio sentido.
¿Es ilegal?, la presuesta es no, pero es peor, es ignorancia o es desdén y no sé cuál
de las dos resulta más preocupante en un cuerpo colegiado que gobierna la Atenas
veracruzana.
A quienes vivimos de la palabra, esto debería indignarnos y no es pontificar de ninguna
manera.
Belisario Domínguez fue periodista antes que senador, y murió por decir lo que el poder
no quería leer ni escuchar.
Veracruz carga desde hace años la vergüenza de ser uno de los estados más
peligrosos del país para ejercer el periodismo, aquí, más que en cualquier otro lugar, el
7 de octubre debería ser fecha de memoria y no de trámite.
Si el Cabildo no supo cuidar las formas, que al menos nosotros no perdamos la
memoria. Porque un pueblo que olvida a sus Belisarios termina gobernado por quienes
ni siquiera sabe que existieron.
¡Qué barbaridad!
deprimera.mano2020@gmail.com
