SAN PABLO COAPAN: UN MAR DE FLORES QUE PERFUMA A VERACRUZ

Oct 11, 2026 | Columnas

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BITÁCORA POLÍTICA

Por Miguel Ángel Cristiani G.
Hay que darse tiempo para pueblear. A veces, a pocos kilómetros de la capital veracruzana,
se encuentran historias de trabajo, tradición y esfuerzo que merecen ser contadas.
Este fin de semana visitamos San Pablo Coapan, comunidad del municipio de Naolinco,
ubicada a unos 45 kilómetros de Xalapa, donde los campos ya se encuentran en plena
floración para recibir a quienes buscan las flores que adornarán los altares de Todos Santos.
Del 17 de octubre al 2 de noviembre se celebrará el Festival del Cempasúchil, una
oportunidad para conocer los cultivos de esta comunidad y apoyar directamente a las
familias campesinas que los hacen posibles.
De acuerdo con la Asociación de Productores Agropecuarios y Floricultores, alrededor de
60 familias ofrecen más de 50 mil rollos de flores de temporada, entre cempasúchil,
terciopelo, sempiterna y girasol, cultivadas en poco más de 25 hectáreas.
Durante el recorrido por sus calles empedradas, Saúl Llera Araujo, Lizhet Barradas
Martínez y Demetrio Martínez, presidente, secretaria y tesorero de la organización,
respectivamente, describieron el espectáculo como un mar de color naranja que perfuma la
tierra.
Y vaya que tienen razón.
Los sembradíos se extienden por distintos puntos de la comunidad y convierten el paisaje
rural en un atractivo para visitantes de Veracruz y otros estados del país. Según los
productores, también han recibido turistas procedentes de Estados Unidos, Francia,
Inglaterra, Japón, Rusia, Alemania y Canadá.
Pero San Pablo Coapan no vive solamente de sus flores.
Está el pan tradicional recién salido del horno de don Carlos, la gastronomía local y la
hospitalidad de sus habitantes, que reciben al visitante con la sencillez propia de las
comunidades donde todavía se conserva el gusto por compartir.
Entre los lugares de interés se encuentran la antigua iglesia de Santa María Magdalena, del
siglo XVII, el Cerro de la Cruz y una zona identificada como arqueológica.
Detrás del atractivo turístico existe, además, una economía rural que merece
reconocimiento. Los floricultores calculan que la actividad genera más de mil 800 empleos

SANdirectos y aproximadamente mil 300 indirectos, desde la preparación de las parcelas y el
cuidado de las plantas hasta el corte y la comercialización.
El proceso comienza meses antes de la cosecha. En julio se preparan las tierras y los
semilleros; durante agosto se trasplantan las plantas a los surcos, donde reciben los
cuidados necesarios hasta su corte en octubre y noviembre. Todo depende también de las
condiciones del clima y de las lluvias.
Las mujeres desempeñan un papel fundamental en estas labores y participan igualmente en
otros cultivos, como café, maíz, caña de azúcar y frijol, además de las actividades de
crianza de animales de traspatio.
La lección es sencilla: detrás de cada flor que llega a un altar hay trabajo, inversión,
conocimiento campesino y familias que esperan recuperar el fruto de varios meses de
esfuerzo.
La visita también nos permitió disfrutar de la hospitalidad de Saúl Yera, quien nos abrió las
puertas de su casa para compartir los platillos tradicionales de la gastronomía de San Pablo
Coapan. Son esos gestos de generosidad los que hacen que recorrer las comunidades
veracruzanas sea mucho más que una excursión: es encontrarse con su gente, sus
costumbres y su manera de entender la vida.
Y entre los atractivos productivos de la comunidad también destaca Finca Elizote, que
comercializa su café bajo la marca Caliexca, presente en las redes sociales. Calificado entre
los cinco mejores del mundo, una muestra más de que el trabajo de las familias campesinas
de San Pablo Coapan no se limita al cultivo de flores de temporada, sino que abarca otras
actividades agrícolas con potencial para generar ingresos y dar a conocer la producción
local.
Así, entre los campos de cempasúchil, el café y la gastronomía tradicional, San Pablo
Coapan tiene mucho que ofrecer a quienes buscan conocer el Veracruz rural y respaldar
directamente a sus productores.
Por eso, quienes visiten San Pablo Coapan durante el festival pueden hacer algo más que
tomarse fotografías entre los sembradíos: comprar directamente a los productores, consumir
en los establecimientos locales y conocer una comunidad que busca convertir sus
tradiciones en oportunidades de desarrollo.
Porque el turismo rural tiene sentido cuando beneficia a quienes mantienen vivo el campo.
Pancho López, el filósofo ateniense xalapeño, seguramente diría:
«¡Qué bueno que vengan a tomarse la foto entre las flores, pero que no se les olvide
comprar un rollo, llevarse un café y comer en el pueblo! Porque de aplausos y fotografías
no viven las familias campesinas».