BITÁCORA POLÍTICA
Por Miguel Ángel Cristiani G.
Cuando se habla del café veracruzano, casi siempre aparecen los nombres de Coatepec,
Xico, Teocelo o Huatusco. Son regiones con una reconocida tradición cafetalera. Sin
embargo, hay historias que merecen salir del anonimato y ocupar el lugar que les
corresponde.
Una de ellas se encuentra en San Pablo Coapan, municipio de Naolinco, donde Finca El
Izote ha os la oportunidad de visitar la finca y comprobar que detrás de una buena taza hay
mucho más que aroma y sabor: existe una historia familiar, años de trabajo y la decisión de
explorar hasta dónde puede llegar un producto de nuestra tierra.
La historia reciente de El Izote tiene un momento decisivo en 2021. Katia Loeza Merino,
convencida del potencial del café de su familia, decidió inscribir un lote en Taza de
Excelencia México, aun sin contar inicialmente con el consentimiento de su padre.
El resultado sorprendió incluso a los propios integrantes de la familia: un café de
variedades Marsellesa y Geisha, procesado por vía natural, obtuvo 91.4 puntos en la
evaluación de la Specialty Coffee Association y el segundo lugar del certamen, según los
antecedentes compartidos por la finca.
Aquella experiencia abrió nuevas posibilidades. La familia Loeza comenzó a experimentar
con distintos procesos, perfeccionar el manejo del cafetal y buscar una expresión propia del
café cultivado en las tierras de San Pablo Coapan.
Y los resultados continuaron.
En 2026, Finca El Izote anunció haber obtenido el primer lugar en la categoría Honeys
Naturales de Taza de Excelencia México, con un lote de café Geisha Honey. Un
reconocimiento que, de acuerdo con la información proporcionada por sus productores,
representa uno de los mayores logros de su trayectoria.
Detrás de este resultado están el propietario, Carlos Hugo Loeza Sánchez; Katia de Jesús
Loeza Merino, responsable de presentar el lote, y todas las personas que participan en las
labores de producción y procesamiento.
Su historia demuestra que la tradición no está peleada con la innovación. Al contrario,
cuando el conocimiento acumulado durante generaciones se combina con la disposición a
experimentar y mejorar, los resultados pueden trascender las fronteras.
Y hay una lección adicional: Veracruz cuenta con productores capaces de competir en
mercados especializados, donde la calidad, el cuidado de los procesos y la identidad del
producto pueden marcar la diferencia.
Por eso vale la pena mirar hacia San Pablo Coapan. Mientras sus familias cultivan las flores
que adornan los altares de Todos Santos, también trabajan la tierra para producir café con
calidad internacionales.
A veces buscamos fuera del estado aquello que tenemos más cerca. Nos acostumbramos a
reconocer las regiones de siempre y dejamos en segundo plano a comunidades que también
construyen prestigio para Veracruz.
Finca El Izote merece ser conocida, visitada y reconocida por el trabajo que realiza. Su
historia es un recordatorio de que el desarrollo rural también se construye con innovación,
calidad y oportunidades para las nuevas generaciones.
Y como diría Pancho López, el filósofo ateniense xalapeño:
“¡Mira nada más! Mientras algunos se pasan la vida vendiendo humo, en San Pablo Coapan
hay una familia que aprendió a vender café
