¡¡¡TRES EN UNO!!!

Oct 18, 2026 | Columnas

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BITÁCORA POLÍTICA
Por Miguel Ángel Cristiani G.
Hay espectáculos que se disfrutan con los oídos, otros que llegan al corazón y
algunos privilegiados que consiguen ambas cosas. Eso fue precisamente lo
que vivimos este fin de semana en la sala de conciertos Tlaqná, donde la
Orquesta Sinfónica de Xalapa (OSX), bajo la dirección huésped del joven y
talentoso músico Francisco Hernández Bolaños, acompañó al cantante
coatepecano Sergio Guiot en un emotivo homenaje al inolvidable José José.
Si escuchar a la Orquesta Sinfónica de Xalapa ya constituye una experiencia
extraordinaria, imagínese lo que sucede cuando a su calidad musical se suma
la batuta expresiva y carismática de un director como Hernández Bolaños y la
voz romántica de Sergio Guiot.
¡Ahora sí que, como dirían en los pueblos, fue un espectáculo de tres en uno!
Por una parte, la excelencia de una de las instituciones musicales más
importantes de Veracruz; por otra, la capacidad de un director que sabe
comunicarse con sus músicos y el público para transmitirles energía, y
finalmente, la interpretación de un cantante que asumió el reto de rendir
homenaje a uno de los grandes ídolos de la canción romántica mexicana.
Y vaya que José José sigue teniendo público.
Bastaron los primeros acordes de El Triste, Almohada y La nave del olvido
para comprobar que las canciones del llamado Príncipe de la Canción siguen
vivas en la memoria colectiva. No son solamente melodías: son historias de
amor, desengaños, recuerdos y emociones que varias generaciones llevan
guardadas en el corazón.
El repertorio incluyó quince temas, entre ellos Amar y querer, Lo pasado,
pasado, Lo que no fue no será, Mi vida, Seré y, por supuesto, El Triste,

aquella canción que convirtió a José José en una figura inolvidable de la
música popular.
Sergio Guiot, originario de Coatepec, ofreció una interpretación de carácter
romántico, respaldada por la potencia sonora de la orquesta y por una
propuesta escénica que buscó mantener vivo el legado musical del cantante
mexicano.
Pero una parte fundamental del espectáculo estuvo en el podio. Francisco
Hernández Bolaños, director de orquesta y pianista mexicano, ha sido
reconocido por su musicalidad, expresividad y carisma. Su trayectoria incluye
la dirección artística de la Orquesta Sinfónica Juvenil del Estado de Veracruz,
la fundación de la Orquesta Clásica de Cancún y su trabajo con la Orquesta
Filarmónica Arte en Movimiento.
A ello se suma su experiencia internacional, incluido su reciente periodo como
director asistente de la Windsor Symphony Orchestra, en Canadá, así como
sus presentaciones con distintas agrupaciones sinfónicas de México y el
extranjero. Egresado con honores de la Universidad Veracruzana, obtuvo el
Doctorado en Artes Musicales en Dirección de Orquesta y Ópera por Arizona
State University.
Su actuación en Tlaqná confirmó que Veracruz cuenta con músicos capaces de
trascender fronteras.
También hay que reconocer a los instrumentistas invitados que contribuyeron
a darle personalidad y ritmo al concierto: Edgar Dorantes Dosamantes, al
piano; Juan José Cervera Pérez, en la guitarra; Elliott Ernesto Torres
González, en el bajo eléctrico; Gerardo Croda Borges, en la batería, y
Emiliano Dorantes, responsable de los arreglos.
Y lo mejor llegó cuando el público dejó de ser un simple espectador para
convertirse en parte del espectáculo. Entre aplausos, voces que coreaban las
canciones y el entusiasmo que transmitía el director con cada movimiento de
su batuta, la sala se transformó en una gran celebración de la música
romántica.

Porque cuando una orquesta sinfónica consigue que el público aplauda al
ritmo de sus interpretaciones y cante junto con los artistas, queda demostrado
que la música clásica y la popular no tienen por qué vivir separadas por una
barrera invisible.
La cultura también consiste en acercar la música a la gente, despertar
emociones y demostrar que el talento local puede ofrecer espectáculos de
primer nivel.
La noche en Tlaqná dejó una lección sencilla: en Veracruz hay músicos,
cantantes y directores con capacidad para llenar de orgullo a su público. Lo
que hace falta es seguir abriendo espacios para que ese talento se presente, se
desarrolle y llegue a nuevas generaciones.
Y si, de paso, podemos volver a cantar aquellas canciones que nos recuerdan
los amores de ayer, mucho mejor.
Porque José José ya no está físicamente entre nosotros, pero mientras sus
canciones sigan arrancando aplausos, despertando recuerdos y haciendo cantar
a la gente, el Príncipe de la Canción seguirá reinando en los corazones.