Ángel Rafael Martínez Alarcón
Mi relación personal con el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano (1934–2026) se remonta a los acontecimientos políticos que marcaron el inicio de una nueva etapa en la vida democrática de México. Uno de los momentos que recuerdo con especial claridad fue el 12 de enero de 1988, durante la organización de la firma del acuerdo que daría sustento a la formación del Frente Democrático Nacional (FDN), en la ciudad de Xalapa, Veracruz gobernador por el Coronel Fernando Gutíerrez Barrios.
En aquel contexto, diversas fuerzas políticas —el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM), el Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (PFCRN) y el Partido Popular Socialista (PPS), entre otras— respaldaron la candidatura presidencial del ingeniero Cárdenas. El Partido Mexicano Socialista (PMS), por su parte, no se incorporó inicialmente a esa postulación, en medio de las diferencias políticas que suscitaba la militancia priista de Cárdenas. Finalmente, el ingeniero Heberto Castillo Martínez declinó su candidatura presidencial en favor de Cárdenas, en un gesto que contribuyó a fortalecer la unidad de las fuerzas democráticas opositoras.
Fue precisamente en aquella jornada del 12 de enero de 1988 cuando entablé amistad con el maestro Jorge Martínez Almaraz, nacido el 28 de octubre de 1946. Las coincidencias de la historia tienen, a veces, una dimensión profundamente humana: años después, el destino nos recordaría la cercanía entre dos grandes amigos, Cuauhtémoc Cárdenas y Jorge Martínez Almaraz.
Jorge fue diputado federal durante la LIV Legislatura, de 1988 a 1991. Con él mantuve una estrecha relación de amistad y una comunicación constante, especialmente por vía telefónica. Su fallecimiento, en 2022, dejó el recuerdo de una amistad construida en aquellos años de participación política y de intensas transformaciones nacionales.
A través de Jorge Martínez Almaraz, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas fue identificándome y ubicándome paulatinamente dentro de aquel entorno político. Así,
mi vínculo con ambos quedó unido por una fecha, una causa democrática y una amistad que perduró más allá de las coyunturas partidistas.
Hoy, al evocar estos acontecimientos, recupero no solamente una página de mi propia trayectoria, sino también una parte de la memoria política de México. Porque detrás de los grandes movimientos históricos existen encuentros personales, conversaciones, lealtades y amistades que, con el paso del tiempo, adquieren un significado especial.
