Punto de Vista.
Filiberto Vargas Rodríguez.
Prefacio.
La magistrada presidente del Tribunal Superior de Justicia en Veracruz, Lisbeth
Aurelia Jiménez Aguirre, está haciendo todo lo posible para mantenerse en el
cargo a pesar del cambio en el gobierno estatal. *** Suele utilizar como bandera el
supuesto combate a la corrupción en el Poder Judicial, pero en diversos puntos de
la entidad brotan expresiones de protesta por la voracidad de los jueces del fuero
común. *** Es el caso de la jueza Diana Suárez, adscrita al Juzgado Segundo de
Primera Instancia en Pánuco, quien “opera” para favorecer a un grupo de
abogados, con los que -es bien sabido en aquella zona- suele participar en
“reuniones sociales” y a los que favorece fallando a su favor y agilizando todos sus
asuntos. *** El tema ya trascendió aquel distrito judicial y las barras y foros de
abogados armaron ya un grueso expediente con las irregularidades cometidas por
esta juzgadora y que están documentadas. *** La actitud prepotente y arbitraria de
esta jueza -dicen- se sostiene en la supuesta protección que recibe de uno de los
consejeros de la Judicatura, que está plenamente identificado. *** Abogados
litigantes de aquella zona advierten que la voracidad de la jueza ha ido creciendo,
pues anticipa tendrá que dejar el cargo que una vez que se hagan sentir los
efectos de la reforma al Poder Judicial. Sabe que las condiciones no le favorecen,
toda vez que su esposo también es juez. *** Algo tendrá que hacer la magistrada
presidente, si no quiere que todos estos casos terminen afectando su imagen
frente a quien tomará las decisiones a partir del primero de diciembre.
“Es por todo lo anterior que, en libertad y con plena convicción, votaré a favor del
dictamen”.
Y así fue. Al final terminó por despojarse de la máscara. La mañana de este
miércoles quedó claro que aquella bravata de su padre (“¡nosotros no nos
doblegamos ate nadie!”), no era sino otro burdo disfraz para disimular su
verdadera naturaleza: la de traidores, la de mercachifles del voto parlamentario.
Miguel Ángel Yunes Márquez caminó erguido, con paso firme, hasta la tribuna. Sin
una sola muestra de dolor pidió la venia del presidente de la mesa directiva,
Gerardo Fernández Noroña y emitió un discurso para explicar (que no justificar) el
sentido de su voto.
“Quienes se oponen a la reforma afirman que se va a militarizar el país, insinúan,
pero no se atreven a decirlo que existe el riesgo de represión, de que se destruya
nuestra democracia y de que vayamos hacia una dictadura. Yo no veo esos
riesgos porque conozco de cerca nuestras Fuerzas Armadas y sé de su amor a
México, de su lealtad a la Constitución, de su institucionalidad y de su patriotismo”.
No hace mucho tiempo, apenas en abril del presente año, ese mismo muchacho,
con gesto severo y postura valiente, hablaba frente a miles de simpatizantes en la
cabecera municipal de Álamo:
“Cuando me dicen que estos de Morena defienden la cuarta transformación, yo
pregunto cuál es esa transformación, porque a lo único que se han dedicado es a
echarle la culpa al pasado, pero no se dan cuenta que ellos ya son el pasado:
Cuitláhuac García y López Obrador tiene casi seis años gobernando y la realidad
es que sus resultados son malísimos y son un verdadero fracaso”.
Su discurso, ahora, no fue el mismo:
“Nunca, nunca en la historia reciente de México, ha estado presente la amenaza
de dictadura militar que hoy de manera velada se sugiere, pero tampoco veo esos
riesgos, porque quien pronto asumirá el mando supremo de las Fuerzas Armadas
es una mujer forjada en la lucha social y en el impulso a las libertades
democráticas, la doctora Claudia Sheinbaum. Llegó al poder con el voto de
millones de mexicanas y mexicanos, y estoy seguro de que honrará ese voto
preservando y fortaleciendo nuestra democracia”.
Lo cierto es que el cambio de bando ya se había dado por hecho entre el frente
opositor. En esta ocasión el primogénito del Clan Yunes no pudo argumentar que
fue “amenazado” por el dirigente nacional del que aún es su partido -el PAN-, ya
que desde 20 días antes Marko Cortés dio por perdido el voto de su senador
veracruzano.
Miguel Ángel Yunes Márquez soñó hace algún tiempo, que llegaría a ser “el mejor
gobernador de Veracruz” y lo intentó a tan corta edad, que no descartaba la
posibilidad de brincar de ahí a Palacio Nacional. Tenía todo para conseguirlo: el
respaldo económico y político de su padre, que en ese momento gobernaba la
entidad; el prestigio de dos exitosos períodos como alcalde de Boca del Río y un
discurso en el que privilegiaba el combate a la corrupción y el castigo para los
ladrones.
Se le atravesó un político de la vieja guardia, alguien a quien en su familia
bautizaron como “viejo loco”, pero que arrastró multitudes y fue capaz de
derrotarlo en Veracruz a través de un espantapájaros, una momia incapaz de
pronunciar tres frases coherentes.
Al final, en el colmo del pragmatismo, los Yunes (los de El Estero), decidieron
aplicar aquella consigna: “si no puedes con el enemigo, únetele”.
Epílogo.
El hallazgo de los cuerpos sin vida de Hipólito Rodríguez Betancourt, funcionario
del ayuntamiento de Playa Vicente, y de su padre, Hipólito Rodríguez Sánchez,
abre un grave precedente en el estado. *** Las primeras investigaciones permiten
anticipar que se trata de un acto de represalia en contra del empleado municipal,
por decisiones que tomó y que afectaron no sólo a bandas del crimen organizado
en aquella zona, sino a altos funcionarios del gobierno que encabeza Cuitláhuac
García. *** Muy pronto se conocerán más detalles.
filivargas@gmail.com
