A MI ME PUSO DON PORFIRIO

Feb 17, 2026 | Columnas

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Desde el Café

Bernardo Gutiérrez Parra
Cuenta la leyenda que después del triunfo de la Revolución y
cuando don Porfirio ya había muerto en Paris, un viejo funcionario
porfirista seguía despachando en un cargo menor en la Aduana de
Veracruz, hasta que de arriba ordenaron su remoción y nombraron a
otra persona en su lugar.
El viejo se negó en redondo a dejar su chamba, pero como lo
apremiaran se atrincheró en su oficina, se armó con una carabina y
gritó: “De aquí no me sacan. A mi me puso don Porfirio y en tanto
no tenga en mis manos una orden firmada por él, de aquí no me
muevo”.
Marx Arriaga el ex director de Materiales Educativos de la SEP, no
ha llegado al extremo de armarse, pero desde el viernes anterior y
hasta la hora de hacer este bodrio, seguía atrincherado en su oficina
con un grupúsculo de seguidores a los que ha dicho que nada le debe
a la presidenta sino al “presidente” Andrés Manuel que lo puso
donde está (con ayuda de Beatriz Gutiérrez Müller). Y no se irá si el
tabasqueño no se lo pide.
Y en efecto, no fue la presidenta quien le dio el nombramiento, pero
sí quien ordenó su remoción. Solo que al titular de la SEP Mario
Delgado, o le faltaron pantalones o le faltó inteligencia, porque
mandó a un par de policías auxiliares a darle la noticia y de ahí se
agarró el trasnochado comunista para hacer su numerito. “Me
quieren correr por el crimen de hacer libros de texto”.
A pesar de las flores que le echó ayer por la mañana, a Claudia
nunca le cayó bien ni Marx Arriaga ni sus libros de adoctrinamiento

para menores. Pero lo aguantó porque era una orden de Palenque,
hasta que el mismo Marx le dio motivos para que lo corrieran.
Hace unos días y en reunión con estudiantes de la Escuela Normal
de Balancán, en Tabasco, dijo que la nueva administración (de
Sheinbaum) traicionó los sueños de López Obrador. “¿Qué está
haciendo el gobierno federal? Pues traicionar”, aseguró.
Pero fue más allá al llamar a los estudiantes a formar Comités de
defensa del obradorismo y de la Nueva Escuela Mexicana, además
de pedir la destitución de su jefe Mario Delgado al que acusó de
neoliberal.
Y con eso tuvo.
Enterado de la “insubordinación” en la Aduana, el comandante
militar encargado del puerto de Veracruz se apersonó en la oficina
del viejo porfirista y gritó: “O se larga en un minuto por las buenas,
o le meto de plomazos por las malas”.
El viejo dejó su carabina, tomó su sombrero de bombín y su bastón
antes de decir: “Como me lo pide por las buenas, con mucho gusto
me voy, mi general”.
Ante la necedad de Marx, lo que debió hacer Mario era ordenar a la
fuerza pública que lo sacaran de su oficina y listo. Pero armaron
todo un circo. “Lo apreciamos mucho pero se tiene que ir, le
ofrecimos un consulado o una embajada y no acepta…”.
¿Un consulado o una embajada a un sujeto que hizo unos libros de
texto carentes de una buena estructura pedagógica, con errores
garrafales de sintaxis y ortografía, con contenidos dispares y donde
las matemáticas y la lectura fueron relegadas a su mínima
expresión? ¿Unos libros que no son para enseñar, sino para
adoctrinar? Futa…

Pero de que se va se va. Si no se largó anoche, se irá hoy o a más
tardar mañana.
Su lugar lo ocupará Nadia López García, una joven de 33 años con
una hoja curricular envidiable. Nadia es entre otras muchas cosas
licenciada en Pedagogía por la UNAM con especialización en
política educativa, materiales educativos, comunicación educativa y
educación intercultural. Además es poetiza y escritora.
Es la antítesis de Marx que a lado de ella es casi un analfabeta.
Con el despido de este sujeto, ya son dos obradoristas de los que se
ha desembarazado la señora presidenta. El otro es Adán Augusto
López, el “hermano” de López Obrador.
Ya nomás le faltarían Jesús Ramírez Cuevas, Epigmenio Ibarra,
Paco Ignacio Taibo II, Martí Batres y Rafael Bajaras “El Fisgón”,
los gruesos de Morena y del obradorato, que siguen yéndose por la
libre obedeciendo solo al señor de Palenque.
bernagup28@gmail.com