AHORA YA CUENTAN LOS QUE SIEMPRE DEBIERON CONTAR

Feb 25, 2025 | Columnas

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Desde el Café
Bernardo Gutiérrez Parra
En tiempos pretéritos ser indígena, mujer, afromexicano,
discapacitado, joven, o tener preferencias sexuales diferentes al
común de las personas, eran motivos más que suficientes para no
aspirar a un cargo de elección popular. Todavía hasta hace poco se
escuchaba en esta sociedad machista, misógina, homofóbica y
racista: “¿Qué cosa? ¿Que nos quiere gobernar un indio, una vieja,
un negro…? No no no; ni lo permita Dios”.
A pesar de que a lo largo de la historia México ha tenido
gobernantes con alguna de esas características (Benito Juárez era
indio zapoteca e Ignacio Comonfort nunca se casó y la de chismes
que se armaron a costillas del pobre hombre), se consideraba hasta
indigno decir que un presidente era indígena o sospechar siquiera
sobre sus preferencias sexuales.
Para votar si contaban, pero si querían ser votados les ponían trabas
punto menos que imposibles.
En el caso de las mujeres, las dejaron votar a partir del 3 de julio de

  1. Pero fue hasta 1977 cuando una mujer tuvo un cargo de
    elección popular: Griselda Álvarez que primero fue senadora y en
    1979 gobernadora de Colima. Y tras ella vino Rosa Luz Alegría,
    titular de Turismo de 1980 a 1982 y primera mujer en un gabinete
    legal.
    Pero en el caso de los afromexicanos, estaban casi invisibilizados y
    era muy hacia arriba verlos en un cargo público.
    Ahora ya no es así porque todo mundo cuenta, no sólo como
    ciudadanos con derecho a votar, sino como candidatos a ser votados.

De acuerdo con los Lineamientos para la Implementación de
Acciones Afirmativas en Cargos de Elección Popular, los partidos
políticos y coaliciones deberán registrar exclusivamente fórmulas de
candidaturas indígenas en los cargos edilicios por el principio de
mayoría relativa en la Presidencia Municipal y Sindicatura, en
aquellos municipios cuya población indígena sea igual o mayor al 80
por ciento. Y en Veracruz hay 39 municipios cuya población es
mayoritariamente indígena.
Lo mismo pasará con los afromexicanos que viven mayoritariamente
en nueve municipios: Tamiahua, Yanga, Cuitláhuac, Paso Vicente,
Chinameca, Benito Juárez, Oteapan, Los Reyes y Aquila.
En los municipios cuyos Ayuntamientos se integren a partir de seis
ediles, y que no hayan sido objeto de acción afirmativa indígena, los
partidos deberán registrar una fórmula de candidatos jóvenes.
En el caso de la comunidad LGBTTTIQA+ (lesbianas, gays,
bisexuales, transexuales, transgénero, travestis, intersexuales, queer,
asexuales y otras identidades), los partidos deberán registrar al
menos una fórmula de candidatos de esa comunidad.
Lo mismo sucederá con las personas discapacitadas cuyos partidos
deberán registrar al menos una fórmula en municipios que cuenten
con 12 o 13 regidurías.
Si tu lector eres caucásico, rubio, de ojos azules pero más mexicano
que el Son de la Negra y quieres competir por la presidencia
municipal de Yanga ¿lo puedes hacer? Claro que sí, pero ahora
competirás con aspirantes afromexicanos. Y lo mismo sucederá con
un afro, una persona con discapacidad, un joven, un indígena o un
miembro de la comunidad LGBTTTIQA+ que podrá competir en
cualquier municipio.

Las Acciones Afirmativas pueden ser perfectibles, pero lo
importante es que las mal llamadas minorías ya están siendo
tomadas en cuenta.
Parafraseando a un representante de un partido político ante el
OPLE: “Con las Acciones Afirmativas ya cuentan los que siempre
debieron contar”. ¿Tarde? Quizá sí, pero no lo bastante para ser
ignorados de manera permanente.
bernardogup@hotmail.com