AQUÍ NO PASA NADA, DICE SHEINBAUM SOBRE EL RESULTADO DEL DOMINGO

Jun 3, 2025 | Columnas

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Prosa aprisa
Arturo Reyes Isidoro
Un chiste ya muy viejo se refiere a un boxeador al que le están pegando una severa
madriza (disculpa lectora, lector, la palabreja, pero es para significar lo severa que era) y
cuando termina el round y llega al banquillo de su esquina, le pregunta a su mánager que
cómo va. Pues noqueando apenas si empatas, le responde. ¡Pa’ su ma!, así estaba de
molido a golpes.
Me lo recordó ayer Claudia Sheinbaum cuando declaró en su mañanera que, no obstante
la madriza que les pegó la oposición en las elecciones del domingo pasado, a Morena
“no, no le fue mal”. Otra vez ¡pa’ su ma!, que si le hubiera ido mal, se imaginan. Y, claro, a
Rocío le gustó lo que dijo porque fue como si le pusiera ungüento en la herida.
“Agradezco a la presidenta @Claudiashein el análisis que hace de los resultados
electorales en Veracruz de la elección en los 212 municipios. Ha seguir construyendo la
transformación en nuestro bello estado” (transcribo literalmente su mensaje en X).
Quiero entender que ni modos de salir a decir públicamente que les fue mal, pero para
ellas y su partido y sus gobiernos sería grave si deveras creyeran que no les fue de la
patada. Solo faltaría que, como Javier Duarte, creyeran y dijeran que aquí no pasa nada.
Según mi experiencia, a la media noche del domingo-lunes, cuando se tuvo el 100 por
ciento de las actas capturadas y los resultados preliminares del OPLE, se debieron haber
encendido todos los focos rojos en el Palacio Nacional, en la Secretaría de Gobernación,
en la Coordinación General de Programas para el Bienestar y en el edificio del CEN de
Morena con respecto a Veracruz.
Porque cuando solo faltan 24 meses para la elección intermedia, cuando se renovará la
Cámara de Diputados, ahí donde se aprueban o rechazan las iniciativas presidenciales, el
Gobierno de Veracruz no entregó las cuentas que se esperaban, con un grave retroceso
electoral respecto al avance significativo que habían logrado en seis años desde que son
Gobierno. A reserva del cómputo final de votos, que se inicia este miércoles (quieren
hacer trampa y revertir los resultados, para lo que están tratando de inhabilitar legalmente
a quienes ganaron o someter a los OPLEs municipales), como publiqué ayer, el número
real de municipios que ganó Morena el domingo puede ser solo de 59 de los 212 del
estado, ya que una fuente autorizada del PVEM me aseguró que las 13 alcaldías que
obtuvo sin alianza corresponden solo al Partido Verde y que no se pueden sumar a
Morena, pero que, además, de las 60 que ganaron en coalición, por lo menos 12 fueron
también de candidatos verdes.
Con otra, aparte de las cifras alegres que manejó Sheinbaum en su mañanera, en la que
sumó los triunfos de los verdes y los del PT (solo le faltó incluir el del candidato
independiente), así como hicieron los verdes que reclaman sus triunfos para ellos solos y

no quieren que los metan en la misma licuadora con los de Morena, así también los
petistas no les quieren compartir crédito y hasta les reprochan que los trataron con
soberbia y los ningunearon y ahora quieren usar sus triunfos para inflar la escuálida lista
guinda.
La verdad, me sorprendió el talante con el que apareció el lunes, un día después de la
elección, la gobernadora Nahle, muy sonriente, ella misma dijo que hasta “contenta”, sin
ningún dejo de preocupación. Me dije que si estaba aplicando aquello de al mal tiempo
buena cara, no estaba mal, o hasta llegué a pensar que antes de enfrentar a la prensa en
su conferencia se había tomado tres jarras de té de tila, bien caliente, y había salido
mentalizada repitiéndose que había que aguantar vara.
Son muchos los factores que influyeron en la derrota y se tendría corta visión si todo se
reduce a echarle toda la culpa al dirigente formal de Morena, Esteban Ramírez Zepeta,
pues no es ningún secreto que en nuestro sistema político quien manda es el dirigente o
líder natural, en este caso la dirigente y líderesa natural, que no es otra que la
gobernadora Nahle. Ella es la responsable política del estado y de su partido, nadie más,
aunque hay varios o muchos culpables que le fallaron o que no hicieron lo que debían o
que incluso siendo de su mismo partido le jugaron la contra. Se impone (eso creo), le urge
una recomposición de toda la estructura humana de su Gobierno, aunque ella dijo el 19
de mayo pasado que no hará cambios pues tiene “un gran gabinete”.
Necesita hacer un rearmado, con urgencia, para recuperar el electorado que perdieron y
enfrentar con éxito el proceso electoral de 2027, así como para mostrar a los ojos –que ya
no se los va a quitar de encima– de la Ciudad de México que no se quedó con los brazos
cruzados, para que confíen en ella el manejo de la elección dentro de dos años, ya que es
mucho lo que estará en juego y porque la misma media noche del domingo-lunes pasado,
todos sus enemigos políticos se han de haber ensañado con ella ante la presidenta
Sheinbaum, mínimo diciéndole que no pudo y que no puede y que tienen que meterle
mano ellos a Veracruz.
Ella misma tiene que hacer un alto y revisar si en efecto tiene un “gran gabinete”, pues no
es posible que se les pasen detalles, le fallen y no la tengan bien informada, como ese de
que anunciaron un homenaje a Celia Cruz en el Salsa Fest, en puerta, cuando no habían
solicitado autorización del uso del nombre de la artista a la fundación dueña de los
derechos, porque ignoraban que había que hacerlo, y el lunes tuvo que salir a dar la cara
para aceptar que hubo un error, o sea, a pagar ella por los yerros de otros. O como el
error en su texto de ayer en X: “Ha seguir construyendo…”, cuando lo correcto debía ser:
“A seguir construyendo…”, sin hache. ¿Quién la asesora? ¿Quién cuida los textos que
publica? Cito esos dos detalles porque son ilustrativos de que desde ahí tiene que
empezar a dar una fuerte sacudida para corregir el rumbo y si quiere enfrentar con éxito
político los cinco años y medio que le restan de Gobierno.
Creo –y es mi muy personal punto de vista– que quien siempre tuvo la razón y sabía lo
que decía porque veía venir las consecuencias, fue Manuel Huerta. Desde el sexenio
pasado, Morena perdió el rumbo y se alejó de su sentido original, incluso empezó a

perder su esencia, porque el poder, y todo lo que ello implica: la corrupción, el dinero, el
abuso, la impunidad, los deslumbró y los atrapó. Pronto cayeron en lo mismo que tanto
criticaron al PRI, incluso se pasaron. Por eso los castigó también el electorado el
domingo. Llegaron a calificar a Manuel de traidor porque siempre les dijo la verdad. El
tiempo le ha dado la razón.
Creo que harán mal la presidenta y la gobernadora si no dimensionan en su justa medida
la gravedad de la derrota de su partido el domingo. El electorado veracruzano ya vio y
comprobó que no son invencibles y que los pueden derrotar aun teniendo todo el poder
federal y todo el poder estatal. El electorado y los partidos de la oposición quedaron
motivados para seguirles dando y no les van a dar tregua. Si Morena y todos los que lo
integran no dan muestras de cambio real, los veracruzanos no les van a devolver la
confianza. Pasaron del hartazgo del PRI, aunque aguantaron 70 años para que los
colmaran, al hartazgo de Morena, que en apenas seis años lo logró. Por eso se
derrumbaron el domingo.