AUSTERIDAD

Abr 6, 2026 | Columnas

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Sin tacto

Por Sergio González Levet

Se muestra muy preocupada la presidenta Claudia Sheinbaum por los gastos
superfluos e innecesarios que ocurren en el presupuesto público, y con tal
situación, le dice al pueblo honesto y bueno, ha emprendido varias acciones para
sustentar la anhelada austeridad en los gastos gubernamentales de todo tipo.
Por ejemplo, ha insistido mucho en que nadie que reciba un salario público
gane más que ella y por eso se la pasa criticando a quienes siguen devengando
los sueldos de antes, como los ministros de la SCJN, los que reciben pensiones
doradas, los diputados y senadores, algunos gobernadores y alcaldes, los
consejeros del INE y ciertos titulares de organismos descentralizados.
Es tal su afán, que todos queremos creerle a la primera dama que fue
presidenta en México cuando desde su tribuna de la Mañanera del Pueblo se
enoja, se acongoja y sufre por los derroches del dinero que los ciudadanos
aportan a la nación con su esfuerzo y su sacrificio.
Que si los sueldos son muy altos, que si los partidos políticos reciben mucho
dinero, que si las elecciones son muy caras, que si el PREP cuesta un ojo de la
cara, que si hay que acabar con los lujos de la SCJN (que vienen desde la época
del PRIAN, claro).
La doctora Sheinbaum no duerme, acongojada porque los impuestos no se
aplican correctamente y no se aprovechan hasta el último centavo en el bienestar
del pueblo, y son los que hacen que los pobres vivan un poco mejor.
En esa preocupación compartida, no faltan ciudadanos de buena fe que le
recomiendan a la Presidenta que tome algunas otras medidas que serían muy
buenas para quitarle presiones al erario y que permitirían que los dineros de la
nación se ocuparan para seguir pagando las becas del Bienestar, los cheques a

los ancianos, los famosos programas sociales que están sacando de la pobreza a
millones de mexicanos, según publicita la Cuarta Transformación.
Hay sangrías que se pueden evitar, como la del costo de la operación del Tren
Maya, que pierde 10 millones de pesos al día, 300 millones de pesos al mes,
3,650 millones de pesos al año.
El AIFA es otra sangría, que ha hecho perder al Gobierno 924 millones de esos
pesos por los que llora tanto doña Claudia.
Y Mexicana de Aviación, una empresa que se le otorgó al Ejercito para que la
administrara, pierde 3 y medio millones de pesos diarios.
He ahí unas verdaderas sangrías que nuestra primera mandataria podría
rescatar, para que cuando menos su conciencia estuviera un poco más liberada.
Y falta el costo actual de la corrupción.

sglevet@gmail.com