Sin tacto
Por Sergio González Levet
Si usted viaja por la autopista de Veracruz a Xalapa o viceversa -el sentido es lo
de menos-, al cruzar el bonito poblado de Tamarindo o al pasar veloz a un lado de
Chichicaxtle estará en terrenos de Puente Nacional, un municipio de 25 mil
habitantes que rebosa historia y muchas otras lindezas.
Tiene, entre tantas cosas, una construcción de piedra histórica (sí, histórica la
construcción e histórica la piedra): el Puente del Rey, que le da nombre al
municipio y que pronto va a gozar otra vez de muchos visitantes porque por fin le
están arreglando los accesos, hasta hoy llenos de baches.
También en Puente hay un observatorio de aves famoso internacionalmente,
aunque desconocido en Veracruz, por la presencia única y exclusiva del “Colibrí
Tijereta Mexicano (Doricha eliza), una especie endémica de México, que habita en
zonas costeras y matorrales secos del centro de Veracruz, destacando por su pico
largo y cola distintiva, especialmente en los machos muy vistosos.”
Y aún hay más, porque en las 72 comunidades que se aposentan en su
territorio puede usted hallar gente de campo “empeñosa y diligente” (Martín Fierro)
como sólo lo son los veracruzanos, y una topografía que va desde las alturas
medias de sus “cerros pelones, sin más adorno que su buen temperamento”
(Arreola) hasta las cañadas insomnes por las que transcurre el río Huitzilapa (en
náhuatl, ajá, río de los colibríes).
Ahora y desde hace dos semanas para fortuna de sus habitantes, en Puente
Nacional gobierna como alcaldesa la licenciada Bibiana Sánchez Báez, una mujer
oriunda, crecida y luchona en la comunidad de El Crucero, a quien todos conocen
y le llaman familiarmente como Bibi Báez.
Ella se reunió ayer con los integrantes del Grupo de los Diez y sostuvo con
nosotros una charla interesante, cordial, enteradora. Allí, en el desayuno estaba y
estuvo la increíble y reconocida reportera Noemí Valdez (que rompe
agradablemente el club de Tobi en que a veces estamos convertidos sin querer),
que es nativa de El Cuajilote, un caserío de 271 habitantes en el que casi todos
son parientes, y por eso puede dar fe de todo lo bien que habla Bibi del municipio
en el que son paisanas.
Bibi Báez trae un entusiasmo continuado que está asentado en el sueño de su
vida (“Desde los ocho años dije que iba a ser presidenta municipal de mi pueblo”),
en su particular hiperactividad, en su preparación académica y en su experiencia
de nueve años de haber trabajado para el ayuntamiento puenteño.
Junta los retos inmediatos: revivir la recolección de basura, mejorar el parque
vehicular que le dejaron en posición de chatarra, ganarle de una vez por todas al
analfabetismo latente, proponer soluciones al problema endémico del agua,
certificar a la policía, mejorar las condiciones de los campesinos olvidados.
Y propone soluciones maduras, enteradas, viables. Bibi sabe que tiene cuatro
años por delante y por eso exprime las horas de cada día para aprovechar al
máximo las mañanas tempraneras y las noches enjundiosas.
Representa sin ambages a la mujer contemporánea y sin mayores preámbulos
trabaja con tino para hacer por fin lo que siempre quiso ser… y sus paisanos se lo
están agradeciendo.
sglevet@gmail.com
