Sin tacto
Por Sergio González Levet
Por obra y gracia de que los morenos quieren ganar con sobornos y/o dádivas lo
que perdieron en las urnas, muchos presidentes municipales oriundos de la
oposición se han quejado de que son objeto de presiones o víctimas de intentos
de seducción política, de parte ya sea de funcionarios estatales o federales o de
directivos del partido oficial, con el fin de que abandonen la filiación que los llevó a
ganar las elecciones del 1º de junio de 2025.
Algunos alcaldes han caído por miedo o conveniencia y han estado anunciando
que dejan las filas del partido que los abanderó y se pasan a darle un poco de
cuerpo al ralito conjunto de las comunas que en Veracruz quedaron bajo el manto
de Morena.
Las autoridades de la Cuarta Transformación, que no pudieron vencer en las
urnas, han insistido en la estrategia de convencer para que les compartan la miel
de su victoria, a quienes fueron los vencedores reales, amparados en siglas
diferentes a las del partido Movimiento de Regeneración Nacional. Cometen con
eso varios errores e inmoralidades, cuando no ilegalidades.
Son ilegales porque quieren adjudicarse de manera artificial la voluntad
soberana del pueblo veracruzano, que fue a las casillas a manifestarse a favor de
la persona y el color de quienes consideraba debían ser la autoridad cercana en
cada uno de los municipios del estado.
Son inmorales porque tuercen los deseos más próximos de los electores, que
decidieron por la mayoría democrática qué abanderado y de qué partido debía ser
quien encabezara el ayuntamiento del 1º de enero de 2026 al 31 de diciembre de
2029.
Y cometen un gran error porque se alejan del pueblo al obligar a representantes
genuinos de la mayoría popular a que se transformen en meras comparsas del
poder autoritario; a que, campeones invictos, terminen por ser simples títeres.
Ahora que tanto se insiste en la necesidad de una reforma electoral, un tema
que debería ser crucial es la urgencia de que se respete integralmente la voluntad
mayoritaria manifestada en las casillas. Una simple indicación sería prohibir que
los triunfadores puedan cambiar de partido; sería desechar para siempre a los
chapulines, que una vez ganada la elección venden su voto o su autoridad al
mejor postor.
La voluntad reside en el pueblo, en los electores, no en el receptor de los
sufragios ni en los líderes de los partidos. El ciudadano da su voto de manera
integral, por el postulante, de la misma manera en que lo hace por el instituto
político que lo postula.
Los órganos electorales exigen que cada partido y cada candidato exponga su
proyecto de gobierno, su línea ideológica y su plan de trabajo con el fin de que
sean las razones que convenzan a los electores. Sin embargo, una vez dirimida la
votación, se les da una patente de corso a los vencedores para que puedan hacer
a un lado las razones que ofrecieron para ser elegidos.
Los ganadores que se cambian de partido traicionan su palabra y defraudan a
los ciudadanos que eligieron votar por ellos y por su propuesta.
Y no hay de otra.
sglevet@gmail.com
