CONCLUYEN LAS CAMPAÑAS, MORENA JUGÓ MAL, PERDERÁ LA GUBERNATURA

May 23, 2024 | Columnas

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Prosa aprisa.
Arturo Reyes Isidoro.
Esto, casi se acabó, que no el arroz ya se coció.
Los cierres de campaña de Claudia Sheinbaum el sábado en Xalapa y de Xóchitl Gálvez
el domingo en Coatzacoalcos prácticamente ponen punto final a las campañas de este
que, sin duda, es ya un histórico 2024 electoral.
Como cuando uno se fija una meta en la vida, pero por las circunstancias termina donde
menos se lo espera, así concluye la tarea proselitista en Veracruz, con un viraje que está
a punto de echar por tierra algo que se pensaba seguro: el triunfo de Morena.
Una encuesta de Polls.mx, con corte al 21 de mayo, refleja gráficamente el comentario: al
iniciar el año, el 1 de enero daba a Rocío Nahle una ventaja de 23 puntos, 58%-35%, que
se veía prácticamente inalcanzable.
Cuatro meses después, el registro de esa casa encuestadora redujo significativamente la
diferencia: 48%-45%, una caída de 10 puntos de Rocío y un crecimiento de 10 puntos de
Pepe, una diferencia de solo 3 puntos.
Aunque encuestas internas señalan que Pepe ya la rebasó y tomó ventaja de por lo
menos 4 puntos, el registro de Polls.mx ilustra bien la situación verdaderamente dramática
en que cayeron Morena y sus candidatos, porque Nahle los arrastra en su caída a todos.
A solo 8 días de ir a las urnas, con la inercia ganadora que trae, se ve irreversible el
triunfo de Pepe Yunes. No se puede asegurar lo mismo para el caso de Xóchitl, pero
tampoco se puede descartar que pueda dar la sorpresa.
Morena, jugó mal. Por un capricho del presidente, impuso como candidata a una
zacatecana. Si ofende a los veracruzanos por ese hecho (tierra de Heriberto Jara, de
Jesús Reyes Heroles, de Heberto Castillo), lastima a las mujeres, que son mayoría:
4,190.805 contra 3,871,77 varones.
O sea, entre poco más de 4 millones de féminas que viven en el estado, la mayoría
nativas, no pudo encontrar a una sola, a una veracruzana valiosa, para postularla al
máximo cargo, lo que es imperdonable.
López Obrador tomó la decisión en forma unipersonal, ignorando al pueblo veracruzano.
Ni siquiera intentó la farsa de “consultar” a los 8 millones de veracruzanos. La mujer no
conoce el estado, menos a los veracruzanos, su idiosincrasia.
Un veracruzano nativo, de verdad, un “francés”, Arturo Castagné Couturier, le demostró
su grave equivocación, porque, además, resultó una presunta corrupta, como nunca se

había tenido a alguien, menos a una mujer, en Veracruz. Él mismo le llevó las pruebas
hasta el Palacio Nacional, pero no se las quiso recibir.
Envió, además, a la funcionaria de su gobierno con la peor carta de presentación: la de
incapaz. Le encargó una de las obras insignias de su sexenio, la refinería de Dos Bocas, y
no la pudo concluir, que casi triplicó su costo original y que ya casi a dos años de su
inauguración oficial es el momento en que no produce un solo litro de gasolina.
Postuló al mejor ejemplo de todo lo que reniega ante el pueblo mexicano: a una “pecadora
social”, como él la califica, a una candidata que habiendo tanta pobreza se traslada en
autos “de súper lujo”, “presumida”, “fantoche”, que hace gala de “ostentación” y
“opulencia”, que “presume una mansión” (de 50 millones de pesos).
Y nos la quiere enjaretar. Lectora, tápate los ojos para que no veas, porque lo voy a decir
como veracruzano de verdad, como en Alvarado, pero también en el sur, en el centro y en
el norte, en la Huasteca, en La Mixtequilla, y donde quiera que haya un veracruzano
auténtico: qué pendejo te lo hallaste.
Tuvieron seis años para consolidar su movimiento y convertirlo en un auténtico partido, y
terminaron pidiendo chichi sobre todo al PRI para poder postular candidatos propios. Es
un grupo grandote, pero en realidad una tribu de tribus, que no evolucionó.
En seis años no fue capaz de surgir un líder que los acaudillara, que los guiara, que se
convirtiera en autoridad moral, que les diera aliento para seguir con vida ya pronto sin
López Obrador.
Quien debía haber cumplido con ese papel, Cuitláhuac García Jiménez, redujo su
gobierno a un grupito de familiares, amigos, viejos compañeros de escuela, cómplices,
pero nunca entró en diálogo con los veracruzanos, a despertar simpatías y construir
consenso para asegurar el voto que iban a necesitar después.
Se olvidó de sus promesas de campaña, cerró las puertas del palacio de gobierno con
cadenas, permitió el abuso y la corrupción, y él mismo se convirtió en el represor número
uno encarcelando a los enemigos políticos de su gobierno sin tener pruebas de las
acusaciones que les hizo.
Algo nunca visto, ordenó y es el principal responsable de la persecución y represión
contra los trabajadores al servicio del gobierno del estado, cuando se oponen a aplaudir,
pero también a servir, a un partido político que no el suyo y a apoyar a sus candidatos.
Hoy llevan como candidatos a cargos de elección popular a un titipuchal de
impresentables, buena parte que ya estuvo en funciones y que dieron muestras de ser
una verdadera nulidad, aunque sí aprendieron a vivir, y bien, del presupuesto. Muchos
debieran estar en prisión.
Y el estado, el territorio, las carreteras. De fuentes fidedignas, puedo afirmar, otra vez
como veracruzano de verdad, que literalmente se chingaron el dinero. Para este año

habían dispuesto 11 mil millones de pesos para reparar todas las carreteras del país, y
cuando ya se tenían licitadas o asignadas las obras, los contratos firmados, de pronto
López Obrador, a través del SAT, ordenó recoger el dinero. ¿Para el Tren Maya? ¿Para
Dos Bocas? ¿Para los programas sociales? ¿Para comprar votos? ¿Para mansiones?
¿Para el Año de Hidalgo?
Mea culpa. En 2018, voté por la esperanza que representaban López Obrador, Morena.
Lo acepto. Me arrepentí, me decepcioné, lo lamenté y lo lamento. Ahora se me presenta
la oportunidad de rectificar, de corregir, y lo voy a hacer en forma decidida.
Seis años han sido más que suficientes para conocer a quienes se vendieron alguna vez
como los salvadores de México. Resultaron fanáticos, mentirosos, corruptos, incapaces,
serviles al poderoso, levanta dedos sumisos como diputados, nepotistas, represores,
abusivos, enemigos de las instituciones autónomas, violadores de la Constitución y sus
leyes, enemigos de la prensa independiente, todo eso y más, suficiente para no volver a
votar por ellos, nunca más.
Pero el próximo domingo cada quien tiene que tomar su propia decisión en forma lo más
responsable posible. Y lo deseable es que todos vayamos a votar.
Sinceramente deseo, y espero que no defrauden, que las autoridades electorales, el
OPLE y el INE, estén a la altura de las circunstancias y no se sometan a los dictados del
palacio de gobierno y del palacio nacional. Dudo de la imparcialidad del Tribunal Electoral
de Veracruz, sometido siempre al gobierno del estado, y del INE, ahora más que nunca
también por el sometimiento de su presidenta Guadalupe Taddei al presidente López
Obrador.
Legalmente las campañas concluyen el próximo miércoles. Pero lo fuerte serán los cierres
de este fin de semana.
¿Qué, en mi caso, quiénes deseo que ganen, o por quiénes voy a votar? Sin duda, por
Pepe Yunes y Xóchitl Gálvez. Usted vote por quiénes mejor les parezcan, pero voten. No
habrá otra oportunidad de ejercer nuestro sagrado derecho al voto en elección
presidencial sino hasta dentro de seis años (que en mi acaso a ver si llego, por eso ahora
lo voy a hacer más convencido).