¡CUIDADO CON LA CABERGOLINA!

Ago 14, 2026 | Columnas

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Sin tacto

Por Sergio González Levet

No obstante su nombre que podría parecer abstruso, la cabergolina es una
sustancia que se emplea para tratar enfermedades que requieren un cuidado
especial.
Es un medicamento que disminuye los niveles de la hormona prolactina en la
sangre. Se usa para tratar la hiperprolactinemia (prolactina alta), tumores en la
glándula pituitaria o hipófisis (prolactinomas) y problemas de fertilidad.
Sirve también para bajar la prolactina alta en sangre. Ayuda igualmente en las
mujeres con la falta de regla o problemas para tener hijos, y es un auxiliar muy
eficaz para detener la producción de leche en el pecho tras el parto.
En el caso de los tumores hipofisarios, la otra alternativa que queda para
removerlos es una complicada cirugía que se hace entrando por la encía superior
para llegar a una cavidad ósea llamada silla turca del hueso esfenoides, justo
debajo del cerebro y detrás de la nariz. Es, además de peligrosa y molesta,
sumamente cara, porque requiere de un neurocirujano muy especializado y de
hospitalización por varios días.
La cabergolina es una medicina de uso permanente, y en casos se debe tomar
por años. La dosis normal es de dos pastillas de 0.5 mg a la semana. El caso es
que la presentación viene en frascos de dos pastillas o de ocho.
Y vea usted los precios: las presentaciones de dos tabletas genéricas cuestan
entre $118 y $222 MXN; la caja con ocho tabletas genéricas ronda entre $464 y
$704 MXN, y -aquí viene lo comentable- el medicamento de patente (Dostinex)
oscila entre $1,959 (cuatro tabletas) y $3,246 MXN (ocho tabletas).
Muchas mujeres y varias personas de la tercera edad toman ese medicamento,
que es recetado por endocrinólogos.

¿Y qué cree usted? Pues que a un funcionario de salud de la Cuarta
Transformación, precisamente de la Comisión Federal para la Protección contra
Riesgos Sanitarios (Cofepris), se le ocurrió recientemente la salvajada de
considerar a la cabergolina como un medicamento controlado, con lo que los
laboratorios que la importaban dejaron de tener permiso para hacerlo, y la
sustancia desapareció de las farmacias, tanto en su presentación comercial como
en los genéricos. Esa orden salió y fue ejecutada sin que hubiera una razón
científica válida, y nadie se explica por qué fue dada. Obvio, los sistemas de salud
públicos dejaron de surtir el medicamento a sus derechohabientes desde hace
varias semanas.
Los colegios de endocrinólogos de todo el país pusieron el grito en el cielo,
junto con millares de pacientes que dependen de la cabergolina para mantener
una vida sana. Por ejemplo, si un tumor en la hipófisis crece, llega a tocar el nervio
óptico y el paciente pierde un considerable porcentaje de su visión periférica. En
otro caso, hay mujeres que dependen del medicamento para poder embarazarse.
Oootra más de la 4T, que insiste en poner a personas sin preparación en áreas
muy delicadas de la función pública. Por eso está el país como está.

sglevet@gmail.com