Sin tacto
Por Sergio González Levet
Si tuviéramos que calificarla solamente por sus intervenciones en la tribuna
autocomplaciente de la mañanera del pueblo, la presidenta Claudia Sheinbaum no
saldría muy bien librada, porque ha enseñado una imaginación paupérrima y una
aún más baja versatilidad.
Su actuación deja mucho que desear aun para el público de los pro-morenistas
disfrazados de reporteros que son mayormente aceptados como claque en el
Salón de la Tesorería del Palacio Nacional.
Como vocera de su propio Gobierno, Claudia se revela por sus limitaciones
extremas en el arte de hablar y de comunicar (ya de informar ni hablemos) y sus
escasas dotes para conquistar la simpatía y para dotar de credibilidad a sus
declaraciones y sus afirmaciones.
El trato continuado de las mañaneras es la repetición de las frases más
rimbombantes del Manual de AMLO, el librito mitológico que condensa la filosofía
de banqueta del patriarca tabasqueño; una filosofía económica en ideas y en
significados.
Pasado un año y cinco meses de estar al frente de las instituciones nacionales,
la Presidenta de la República se ha dedicado a gobernar desde esa tribuna
permitida sólo para un público comprado y complaciente -como lo hizo su
antecesor-, un grupo de marionetas que actúan malamente su papel de
periodistas.
Ante la falta de cuestionamientos serios y reales, Claudia ha terminado por
crearse a sí misma un propio enemigo, y termina contestando de mala manera las
preguntas que no se le hacen.
La repetición exasperante de las mismas frases y expresiones del manualito de
Andrés Manuel ha terminado por aburrir a la cada vez más escasa concurrencia
nacional, y hace exclamar bostezos a los invitados al festín de las mentiras de la
Cuarta Transformación.
La retahíla de la Presidenta se circunscribe a decir hasta la ignominia que “no
robamos, no mentimos y no traicionamos al pueblo”. Y sume usted otras perlas del
ingenio macuspano: “Pero Calderón robó más”, “Nosotros somos los únicos
honestos”, “los comentócratas”, “los carroñeros”, “¿Por qué no critican a García
Luna?”
Muy temprano de lunes a viernes, el decreciente auditorio de la mañanera del
pueblo ve entrar a la Presidenta con su paso cansino y dirigirse al podio como
quien va al cadalso. Saluda con una falta de entusiasmo que parece emanada de
una tragedia. Empieza a hablar y empieza a mentir su alegría de sonrisa emitida a
fuerzas, a ensayar su énfasis artificial que no logra convencer, a repetir su voz tan
cansada por los lugares comunes.
Y lo peor de todo es que solamente resulta una persona aburrida, que aburre;
una aspirante a lideresa que solamente puede ofrecer el tedio de su voz sin
aristas, desolada.
Y así no se puede conducir un país tan bullicioso como el nuestro.
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