EL ORFIS CONFIRMA EL BRUTAL SAQUEO QUE HUBO EN LOS AYUNTAMIENTOS

Ene 22, 2026 | Columnas

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Prosa aprisa

Arturo Reyes Isidoro
El 2 de octubre del año pasado, la Auditora General del Órgano de Fiscalización Superior
(ORFIS) del Estado de Veracruz, Delia González Cobos, se declaró “daltónica” cuando de
auditar a los ayuntamientos se trata. “Nosotros no advertimos los colores, nosotros somos
daltónicos, yo recibo a todos los alcaldes, yo no veo colores, trabajamos para los
resultados”, expresó y dijo que a “mucha gente” no le gustaba que hicieran un trabajo
impecable, pulcro, ético y profesional.
Su respuesta fue por una pregunta que le habían hecho a propósito de que los alcaldes
de entonces de Veracruz y Boca del Río, Patricia Lobeira Rodríguez y Juan Manuel
Unánue Abascal, respectivamente, ambos del PAN, habían resultado sin observaciones
en la Cuenta Pública 2024. Entonces, de los 212 municipios, solo 38 habían resultado sin
daño patrimonial. Porque su actuación (concluirá su periodo legal en septiembre próximo)
como auditora ha sido técnica profesional (por decirlo de alguna manera), no política,
cobra relevancia lo que manifestó este miércoles al comparecer en el Congreso del
estado.
Lamentó que aun cuando el ORFIS llevó a cabo la capacitación para que las autoridades
municipales tanto salientes como entrantes y las transiciones de entrega-recepción
ocurrieran de manera tranquila, algunas autoridades se llevaron desde documentos hasta
muebles y computadoras e incluso intentaron llevarse vehículos, como en el caso de la
exalcaldesa de Mixtla de Altamirano, Norma Estela Hernández. En efecto, acompañada
por el propio presidente de la Jucopo, diputado Esteban Bautista Hernández, durante
mayo recorrieron el estado capacitando a los alcaldes salientes, y en noviembre a los
entrantes, que iban a recibir.
Confirmó una queja y denuncia del PT, aliado de Morena
De alguna forma, confirmó la denuncia mediática que dos días antes hizo el dirigente
estatal del PT, Vicente Aguilar, de que presidentes municipales salientes de varios
partidos políticos, la mayoría de Morena, estaban exigiendo a ediles petistas entrantes
que firmaran documentos de entrega-recepción sin leerlos, “y si no se enojan”, como
había ocurrido en Lerdo de Tejada, lo que provocó un enfrentamiento entre la alcaldesa
morenista y el síndico petista. Dijo entonces que incluso en algunos ayuntamientos el
Cabildo no había sesionado. Otro caso que mencionó fue el de Tantima.
Los señalamientos, esta vez, no han sido de diputados, alcaldes entrantes o dirigentes de
partidos políticos de la oposición, ni de la prensa plural, independiente y crítica, sino de la
propia máxima autoridad en materia de auditoría y del dirigente de un partido semioficial,
aliado de Morena, por lo que a confesión de parte, relevo de pruebas. Del saqueo que
cometieron los alcaldes salientes, en forma oportuna la prensa de todo el estado dio
cuenta a la opinión pública. Los testimonios, pues, son múltiples.

Nadie recuerda un saqueo tan inmisericorde y despiadado
Para tratar de ser lo más puntual posible, he cruzado información y recuerdos con viejos
periodistas, como yo lo soy, y con actores políticos de muchos años, de diversos partidos
políticos, y nadie recuerda un saqueo inmisericorde y despiadado, un atentado contra el
patrimonio de los veracruzanos, de gran calado, como el cometido con Morena en el
poder y por muchos morenistas que llegaron a las presidencias municipales estando ya
los guindas en la Presidencia y en la gubernatura.
No que en el pasado no hubiera actos de corrupción, e incluso del priismo en el poder
viene la famosa frase “El año de Hidalgo”, porque rima con “Chingue a su madre el que
deje algo”, como también se puso de moda entonces el chiste de que ya fuera, el alcalde
saliente se enteraba que el entrante había encontrado cinco pesos en el cajón y entonces
se sorprendía y lamentaba: “¡Cómo! No los vi”. Ningún robo al pueblo se justifica, pero en
aquellos tiempos sí, le metían mano al cajón y no había ningún edil, alcalde, síndico y
regidor que saliera pobre o clase media como había llegado, sino ya nuevo rico, robaban
pero no saqueaban, como lo han hecho ahora y lo confirma la propia autoridad auditora.
Pero Morena se vendía como El Castillo de la Pureza
En sus campañas y cuando llegaron al poder, Morena se vendió como el partido non plus
ultra de la legalidad, la transparencia, la honestidad, la rendición de cuentas, la pureza
andando contra la corrupción, la austeridad republicana, la pobreza franciscana, cuando
mucho la medianía juarista, intolerante contra la impunidad, vamos, el uyuyuy de los
partidos políticos habidos y por haber, el paraíso político terrenal, tanto que se
proclamaron, hágame usted de refabróncavor, “La esperanza de México” y se inventaron
el mejor chiste que los pinta solos: “Primero los pobres”.
Roban y saquean porque se saben impunes
¿Por qué no obstante los cursos de capacitación, las recomendaciones, la cantaleta de
“No mentir, no robar, no traicionar”, la blandengue recomendación de Claudia Sheinbaum
“Pórtense bien”, los morenistas (y de otros partidos políticos, cómo no) robaron a manos
llenas, saquearon, se llevaron documentos oficiales, discos duros con bases de datos de
estados contables? Simple y sencillamente porque saben que algo que caracteriza
también a Morena y sus gobiernos es la impunidad, porque vieron cómo en el gobierno de
Cuitláhuac García Jiménez robaron a manos llenas y en lugar de llamarlos a cuentas,
hacerlos a que devolvieran lo robado, los premiaron con alcaldías, diputaciones, nuevos
cargos públicos federales y hoy todos se pasean impunes e incluso gozan de la
protección del actual gobierno.
Llegó a tanto la audacia y el cinismo en el morenismo que una alcaldesa saliente, ahora
ex, la de Mixtla, quiso sorprender a la autoridad legislativa ¡de su mismo partido!, a la vista
de todos, o sea, robaron y han intentado saquear sin ningún recato ni siquiera en forma
discreta, porque el escándalo ha sido público, pero las autoridades del Gobierno del
Estado, incluida la Contraloría, se han hecho de la vista gorda o han volteado a ver hacia

otro lado. ¿Dónde estuvieron los contralores internos municipales que no vigilaron el buen
uso de los recursos públicos, que los gastos y pagos se sustentaran con documentos
válidos, que se llevaran de forma impecable los estados contables para facilitar la
entrega-recepción?
¿Por qué se llevaron documentos los alcaldes salientes? Para ocultar las verdaderas
mafias que se crearon en Morena, en la que diputados crearon sus propias constructoras
y despachos contables y de auditoría, y con su poder de autorizar o rechazar ejercicios de
Cuentas Públicas obligaron, bajo amenazas de proceder en su contra si no se sometían, a
que les dieran las obras públicas y contrataran sus despachos, creando un monopolio
oficial que los ha sacado de chairos para siempre y a todas sus generaciones de
descendientes. Todos esos “constructores”, “contadores” y “auditores” no resistirían una
auditoría en serio. Corrupción, pues, corrupción y más corrupción con impunidad
protectora y hasta cómplice, impunidad y más impunidad.
Para colmo, hay terrorismo de Estado y municipal contra trabajadores
Como si lo anterior no bastara, a la redacción de Referentemx.com ha llegado gran
cantidad de mensajes de empleados públicos de diferentes dependencias estatales, así
como de varios ayuntamientos de la entidad, exponiendo la incertidumbre laboral que
viven. La gran mayoría coincide en que existe un gran caos político-administrativo inédito
en todo el estado, y que no recuerdan una situación parecida donde todo estuviera fuera
de control.
Recuerdan que en sexenios pasados bastaba con que hubieran participado en
actividades proselitistas y ser parte del equipo de alguna figura de alto nivel para obtener
empleo, o en caso de ya tenerlo poderlo conservar, “echándole ganas” y obedeciendo
instrucciones partidistas, incluso sin tener experiencia técnica en el puesto asignado, pero
mencionan que hoy día nada ni nadie les garantiza estabilidad laboral, son constantes los
despidos, así como la falta de pago en secretarías como las de Salud, Educación y
Desarrollo Económico y Portuario, y en alcaldías como las de Xalapa y Coatzacoalcos,
que los tienen con los nervios muy desgastados por el temor a que sean víctimas de estas
afectaciones institucionales.
Aseguran que no existe ningún respeto para los trabajadores, que no importan los años
de antigüedad, la experiencia, lo que aportan al servicio público, si tienen alguna
discapacidad o familia, mucho menos para quién han servido, qué trabajo han hecho en
las colonias o en sus lugares de origen para fortalecer la votación en beneficio del partido
oficial Morena a pesar de haber colaborado, así sea obligados, en las pasadas elecciones
estatales y municipales todos los días, fuera de horario laboral, con sus propios recursos,
promoviendo el voto y movilizando a familiares, amigos y vecinos bajo la promesa de
conservar su empleo.
Amparo a Lafita, palo a la Fiscalía; recobró su libertad
Por fortuna, gracias a un amparo a la media noche del miércoles-jueves, el periodista
Rafael Lafita León, de Coatzacoalcos, al que la Fiscalía General del Estado acusó de

terrorismo, obtuvo su libertad gracias a un amparo federal, pero en cambio está vivo,
impune y rampante el terrorismo de Estado y municipal contra miles de trabajadores
veracruzanos, totalmente impotentes e indefensos, porque Morena tiene el control total de
los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial y no hay quién los defienda. Pero este viernes
habrá que ver y escuchar a Claudia Sheinbaum, de visita a Veracruz, hablar de
humanismo, justicia social y escuchar todas las zarandajas que se le ocurran. Estamos
con los empleados. Este espacio es suyo.
El amparo al periodista constituye el primer palo, duro y a la cabeza, contra la Fiscalía
General del Estado y exhibe la arbitrariedad y el abuso con el que actúa. Quien queda
impune es el juez de control, José Guadalupe Nucamendi Albores, quien validó la
atrocidad cometida contra el comunicador. Cuántos veracruzanos inocentes más serán
sus próximas víctimas.
Y Delia ya se despidió
Fuera del texto de su mensaje que llevaba escrito, la Auditora General del ORFIS, Delia
González Cobos, prácticamente se despidió en su comparecencia en el Congreso. En un
momento dado se le quebró la voz y antes de que cualquier otra cosa sucediera, todos los
asistentes la interrumpieron con un fuerte y prolongado