EL PATO Y LA PRESIDENTA

Jun 23, 2026 | Columnas

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Sin tacto

Por Sergio González Levet

Si camina como pato, grazna como pato, mueve la cola como pato y picotea a la
presidenta Sheinbaum como pato, entonces es el famoso Pato Merlín, al que en
su afán enfermizo de comprarle popularidad a Claudia llevaron a la mañanera del
lunes… pero una vez más la jugada no les resultó como pensaban a los asesores
cubanos y venezolanos que le echan a perder su populismo a la Cuarta
Transformación.
Y sí, en la búsqueda de la simpatía perdida -que es como la búsqueda del
tiempo perdido de Proust-, las fuerzas oscuras que sustentan la Mañanera del
Pueblo doblaron manitas, amenazaron, compraron ambiciones y consiguieron que
la señora Karla Ivette Gómez y sus hijos Carlos y Christian dieran su brazo a
torcer y llevaran al famoso patito con su camiseta de México, sus calcetines de
pollo y su conveniente bufanda de la FIFA.
La mascota de los hijos de doña Karla se hizo viral en las redes cuando
apareció en videos particulares meneándose al caminar como los barcos en
altamar, en medio de las celebraciones por la victoria de la selección de México
ante Sudáfrica primero y Corea después “haiga sido como haiga sido”. Y como ya
sabemos que la Presidenta está urgida al máximo del reconocimiento del pueblo al
que tanto mienta (mientras tantos se la mientan) se les hizo fácil llevar al
cuacfamoso personaje para que le contagiara entusiasmo y carisma a Claudia.
Pero ya se sabe que los patos no tienen palabra, y el viral palmípedo lo primero
que hizo fue lanzarle un picotazo en vivo y a todo color a la propia Presidenta
cuando se le acercó con su gracia quebradiza a tratar de acariciarlo en la cabeza
(cualquier patólogo sabe que a estas aves hay que tratarlas con cautela, porque
se sienten amenazadas con cualquier movimiento y tienen respuestas agresivas).

He ahí entonces que las benditas/malditas redes explotaron de inmediato con
comentarios sarcásticos en contra de la actitud presidencial en este asunto, que
terminó convertido en un Patogate. Y ahora no saben cómo hacerle para ocultar
con un dedo el escándalo de la Presidenta y el Pato.
Lástima que tampoco le resultara esta jugada a los genios de imagen que traen
a tan mal traer a su clienta, y todos esperamos que por fin se den cuenta de que la
señora no es simpática natural, es anticlimática y resulta imposible que se
convierta en mediática y sencilla.
Cerrar las mañaneras del pueblo sería lo mejor que podrían hacer, pero el
problema es que Chucho Ramírez y sus cómplices perderían un contrato de unos
13 millones de pesos diarios, y ya se sabe que los morenos no dejan ir ningún
peso que se puedan robar.
Mientras tanto, Merlín el Pato sigue disfrutando de su fama y sus dueños, unos
modestos vendedores de aguas frescas en las calles de la Ciudad de México, han
hecho su agosto en junio.

sglevet@gmail.com