Prosa aprisa
Arturo Reyes Isidoro
Gobiernan (?) pero desde su realidad. Viven otra realidad, la del poder y todo lo que da el
poder, pero muy distante de la realidad del pueblo que dicen representar y al que utilizan
para tratar de justificarse y justificar el mal gobierno que están haciendo.
La semana pasada acudí a consulta en mi Unidad Médica Familiar (UMF) de una clínica
del IMSS en Xalapa. No me dieron todo el medicamento, el que siempre me recetan.
Pensé que se le había pasado a mi médica y creo que pensó que no me había dado
cuenta. Cuando le advertí el faltante, se sinceró: no me lo dio porque no hay.
La presidenta (con minúscula) y la gobernadora (con minúscula), ellas sí hacen un show
visitando hospitales y alardeando que hay medicamentos y que hasta sobran, que surten
todas las recetas. En efecto, las surten, pero solo lo que hay. Los médicos y médicas
tienen órdenes de no recetar lo que no hay, luego entonces, ya no hay recetas
incompletas, sin surtir.
Sheinbaum reconoce carencias, pero dice que todo está bien
El viernes, Sheinbaum inició sus recorridos por hospitales del país. Comenzó en Hidalgo.
Este domingo siguió en Campeche (de Nahle no se supo que estuviera en algún hospital.
Ahora ya van por lo menos tres domingos que descansa o no se sabe qué hace cuando
un gobernador de un estado tan grande y complejo como Veracruz no se puede dar ese
lujo).
En Campeche salió ahora con la frase demagógica de que “como decía el presidente
López Obrador, me canso ganso que vamos a modernizar todo el sistema de salud”, una
frase que muestra sus limitaciones, y que cree que con eso van a parar las protestas
cuando al citar al mesías de Palenque eso los hace más odiosos como culpables que son
del desabasto.
El sábado, durante su gira por Yucatán, Claudia reconoció los problemas que enfrenta el
IMSS en el abasto de medicamentos, la disponibilidad de insumos médicos y la falta de
personal en sus hospitales y unidades médicas.
“A veces están en el almacén los medicamentos y no llegan a los hospitales. Entonces,
estoy escuchando de manera directa a los directores de hospitales, a médicos y a los
pacientes para ayudarle a todo el gabinete de salud a ver cómo resolvemos los
problemas”, señaló.
Sus declaraciones se dieron horas después de que una revisión interna del IMSS detectó
más de 7 mil carencias en unidades médicas de todo el país. Sin embargo, en Yucatán,
ya cuando se retiraba, Sheinbaum dijo que todo estaba bien y minimizó las carencias.
Concluyo mi testimonio como paciente con Covid-19
Concluyo ahora la reproducción de las tres columnas que publiqué donde narro mi
experiencia como paciente con Covid19, en julio de 2021, testimonio como una expresión
de respaldo y solidaridad con la lucha que sostienen, y como una invitación a toda la
población a salir en su apoyo, sin olvidar que siempre estamos expuestos a enfermar y
caer bajo su cuidado. Son necesarios, indispensables.
La batalla en el CAE contra el Covid-19, para salvar vidas (III y último)
Durante mi internamiento como paciente con Covid-19 en el Centro de Alta Especialidad
(CAE) “Dr. Rafael Lucio” de Xalapa me tocó ver que varios pacientes fueron dados de alta
(adultos mayores, mujeres, hombres, un adolescente). Salieron antes que yo.
Era la prueba más patente, me dije, de que el personal médico y de enfermería, de
químicos y radiólogos, de psicólogos y nutriólogos, de camilleros y de aseo, están
ganando la batalla a la pandemia del siglo. Aprendieron y ya tienen mucha experiencia
lidiando, con éxito, con el mal. Es, pues, personal altamente calificado.
Tanto tiempo en la primera línea de batalla, exponiendo incluso su salud y sus vidas, les
ha dado mucha confianza y mucha seguridad. Llevan un año y cuatro meses (en Veracruz
el primer caso que se conoció oficialmente fue el 18 de marzo de 2020) dedicados a
salvar el mayor número de vidas posible.
Hubo una enfermera que me dijo que al principio sí tenían temor, además porque le
tuvieron que entrar de lleno sin haber afrontado antes la enfermedad de muy alto riesgo.
Hoy, de acuerdo a la impresión que me quedó, se han sobrepuesto al virus, lo enfrentan y
lo combaten con toda decisión y van ganando la batalla y la guerra.
Pareciera, el suyo, un trabajo rutinario. Podría pensarse que luego de tanto tiempo están
cansados de hacer lo mismo. No se advierte ningún signo de que ello les esté ocurriendo.
Todos los días en la mañana, en la tarde, en la noche y en la madrugada llegan con
nuevos bríos. Son unas máquinas de salvar vidas, pero unas máquinas investidas por el
poder divino para cumplir su noble misión.
Sin duda, prestigian a la comunidad médica veracruzana, pero también a los servicios de
salud pública del estado.
Son una extensión de la gracia de Dios
Jorge Luis Borges dijo que el libro es el instrumento más asombroso porque es una
extensión de la memoria y de la imaginación. Pensé, y pienso, que quienes en el CAE, así
como también en el IMSS, en el ISSSTE y en cualquier hospital donde atienden enfermos
de Covid-19, son una extensión de la gracia de Dios.
Estando en la cama de enfermo, viendo los milagros que vi, me dije que pediría –y eso
hago ahora– a la jerarquía eclesiástica de la Iglesia católica y a los ministros de las
Iglesias evangélicas que en sus oficios religiosos dediquen oraciones por la salud y el
bienestar de todo el personal que está consagrado a salvar vidas, a vencer el mal, el
adversario.
Pensé que lo menos que podrían hacer los gobernantes sería entregarle a todo el
personal de todos los centros hospitalarios del país un reconocimiento, de ser posible
firmado por el Presidente, que los estimule, que estimule a sus familias y que quede como
testimonio, para sus hijos, para sus descendientes, de que estuvieron a la altura de las
circunstancias cuando en su tiempo la emergencia se los requirió. Que cumplieron
cabalmente con su deber (entre paréntesis, hoy subrayo aquí que López Obrador nunca
lo hizo).
También me dije que si el gobierno tiene al máximo el uso de sus recursos para atender la
pandemia (sin duda, no se escatima para atender y tratar de sanar a los enfermos), la
iniciativa privada, o personas generosas con recursos, podrían ayudar donando
oxímetros, que los fijos de tanto uso ya fallan y los móviles o portátiles, igual, acusan
desgaste por tanto uso, y cuán necesarios son.
A varias enfermeras les platiqué que tengo familiares que desde el inicio del problema
también han estado en la primera línea de batalla, enfermeras, enfermero, química, en
otros hospitales del estado. Ahora entiendo mejor el valor de su trabajo y me siento muy
orgulloso de ellos.
Los contagios, a todo lo que dan
Salí, pero también iban llegando nuevos pacientes. Se desocupaban camas para ser
ocupadas de inmediato. Me di cuenta que los contagios están a todo lo que dan y que en
el área de los enfermos de Covid-19 no hay tregua (cinco años después comento que me
dieron de alta contra la opinión de una jefa médica que se oponía y dijo que debía seguir
internado por lo menos una semana más, pero la necesidad se impuso: necesitaban la
cama porque había personas más graves que yo).
Sé muy bien que nadie experimenta en cabeza ajena, pero, por mi experiencia, hago un
respetuoso llamado a vacunarse a quienes no lo han hecho, y, además, no obstante estar
inoculados, cuidarse, no aflojar el cubrebocas ni el uso de gel. Se ayuda uno, evita
contagiar a sus familiares y ayuda al personal médico no sobrecargándole más trabajo.
Narro una experiencia. Consciente de que estaba contagiado, pero ya en buenas manos,
mi mayor preocupación era la preocupación que tendría mi familia, porque, por el estricto
protocolo de seguridad no se puede estar entrando y saliendo del área, no se permite el
ingreso de ningún teléfono celular y prácticamente se pierde toda comunicación con el
exterior.
Aconsejaría a los familiares de quienes están internados mantener la calma, no perder la
esperanza ni la fe. No hacer caso de versiones de personas bien intencionadas que
opinan que “parece que está muy grave, quién sabe si viva” (a mi familia les llegaron
versiones así e incluso hubo quienes preguntaron a mis hijos si era cierto que ya había yo
fallecido).
También esa situación la tienen prevista en el CAE. Cada dos o tres días lo visita a uno el
psicólogo, la psicóloga. Platican con uno, hacen su trabajo de terapia y solo ellos traen un
teléfono celular y lo comunican con algún familiar para que lo vean a uno y pueda haber
un breve diálogo (algunos casi no pueden hablar porque les agarra el ataque de tos). Pero
debe haber reposo absoluto.
Entiendo a los familiares que llegan a hacer guardia a la puerta de los hospitales. Nada
resuelven ni van a resolver. Aconsejaría tener confianza en el personal médico y en Dios y
dejar que hagan su trabajo.
Memorias de Adriano
No pude evitar recordar la confesión que en una carta le hace Adriano al joven Marco,
luego de visitar a su médico Hermógenes, pasaje recreado por Marguerite Yourcenar en
su clásico Memorias de Adriano: “Me tendí sobre un lecho luego de despojarme del manto
y la túnica… Es difícil seguir siendo emperador ante un médico y también es difícil
guardar la calidad de hombre”.
Aplica para cualquier ser humano. Desde que se interna uno y se despoja de toda su ropa
para quedar solo con una delgada bata, abierta de atrás, cobra sentido la fragilidad que
nos envuelve. Ahí se acaba la altivez (el orgullo, la soberbia), la vanidad, la arrogancia.
Atentísimas, las enfermeras, al inicio me informaban que me iban a checar mis signos o a
inyectar, o a aplicar algún medicamento a través de la sonda. Casi inmovilizado, sabiendo
que era necesario lo que tenían que hacer conmigo, estando en sus manos, indefenso,
les agradecí que por respeto me anticiparan, pero les dije que en adelante ni me avisaran,
que simple y sencillamente llegaran y actuaran (una doctora me llegó a decir que era yo
un paciente muy disciplinado, pero qué otra cosa podía decir o hacer).
A todos, sin excepción alguna, que supe que estuvieron preguntando en el hospital por mi
evolución, que supe que hicieron oración por mí, que expresaron sus buenos deseos
porque me aliviara, lo mismo a través de las redes sociales que en chats, por correo
electrónico que en forma directa con mis familiares y por interpósitas personas, mi más
sincero agradecimiento.
Mi alta, mi salida del hospital la firmó el médico Francisco Mañón Banda, a través de
quien quiero expresar mi eterno agradecimiento a sus compañeros que me atendieron y
cuidaron. También al médico Édgar Xavier González Juan, del módulo médico (SAISUV)
de la Universidad Veracruzana, quien me atendió inicialmente, me canalizó y ahora sigue
pendiente de mi recuperación.
Con Rigo Tovar y escuchando salsa
“O qué gusto de volverte a ver / Saludarte y saber que estás bien”. Miguel Molina,
periodista veracruzano de los grandes, muchos años en la BBC de Londres, hoy en
Ginebra, Suiza, compañeros que fuimos en la Facultad de Letras Españolas de la UV y en
el semanario Punto y Aparte, me sorprendió ayer. Con esa letra de una de las clásicas de
Rigo Tovar, entre risas y bromas, me marcó (2 de la tarde en Xalapa, 9 de la noche en
Ginebra) para saludarme y celebrar que estoy bien. Por el Facetime nos vimos que
estamos bien, yo más flaco de lo que soy porque el bicho me tumbó varios kilos. Disfruté
el buen humor que lo caracteriza. Quedamos que cuando venga a México habremos de
celebrar. Con terapias así, pronto –eso espero– habré de retomar mi ritmo normal.
Luz María Rivera, compañera del puerto de Veracruz, me alentó también ayer: “Escucha
salsa e imagínate bailando. Y primero Dios pronto estarás al 100”. Lo intentaré.
