EL PESO DE UNA NOCHE MUY LARGA

Abr 16, 2026 | Columnas

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Desde el Café

Bernardo Gutiérrez Parra
En noviembre anterior Javier Duarte, preso en el Reclusorio Norte,
estaba tan seguro de que pasaría la Navidad en su casa que organizó
una pachanga en su celda y se preparó para que la jueza federal,
Ángela Zamorano Herrera, le otorgara la libertad anticipada por
haber cumplido el 90 por ciento de su condena y por buena
conducta.
Pero la togada le echó para abajo su anhelo al ordenarle que
cumpliera con los cinco meses que le faltaban y el exgobernador se
quedó. Este martes debió salir en completa libertad de no ser porque
hace unos días, el juez de control Gustavo Aquiles Villaseñor, le
ratificó la prisión preventiva por el delito de peculado por 5 millones
de pesos. Y si resulta culpable podría purgar hasta 14 años de
prisión adicional.
A Javier lo conocí en Tamiahua cuando era candidato del PRI a la
gubernatura y yo director de un diario en Tuxpan. Y contra lo que
pudiera suponerse era un tipo agradable, campechano y
(aparentemente) bien intencionado, con quien no tuve problemas
para hacerle una breve entrevista.
Pero ya como gobernador aguas… el tipo se corrompió, le ganó el
mal humor, la intolerancia y sobre todo la soberbia.
En noviembre del 2015 cuando estaba a todo lo que daba la
efervescencia por la sucesión en Veracruz, el entonces líder estatal
del PRI, Alberto Silva Ramos, aceptó comer con los periodistas del
Grupo de los Diez y para sorpresa de los comensales, llegó
acompañado de un invitado de lujo: el gobernador Javier Duarte.

Javier entró al Asadero Cien saludando a todos los periodistas de
mano y bromeando con algunos. El motivo de su buen humor era
que acababa de despedir en el aeropuerto a su amigo el presidente
Enrique Peña Nieto con quien habló largo y tendido al pie de la
escalinata.
Cuando se le preguntó si habían tocado la sucesión en Veracruz,
Javier se removió en su asiento y sonrió. “Sí, hablamos de la
sucesión y me dijo: ‘Javier, nunca me has fallado, pero es la decisión
más importante de tu vida, no te puedes equivocar’, con lo cual me
está dando la gran responsabilidad”.
¿Mintió Javier? Por supuesto que no. Imagina lector que hubiera
puesto en boca del presidente palabras que éste no dijo. Uta no.
Javier no mintió, pero al él sí le mintieron porque Peña Nieto jamás
pensó dejarle la responsabilidad de la sucesión.
(¿Por qué los medios de comunicación no le dieron la debida
difusión ese notición que hubiera sido de portada? Porque Duarte le
debía y mucho a todo mundo y los medios no eran la excepción).
Lo que sí hizo fue embarrarle mucha crema a sus tacos: “El
Presidente me tiene en gran estima; nunca he tenido un no de él.
Siempre ha dicho que sí a todo lo que le he pedido”.
Sonriente a su lado, Alberto Silva escuchó lo que dijo de él su jefe y
amigo: “Alberto es una opción (para la gubernatura) sin duda
alguna, somos amigos desde hace muchos años y le tengo respeto.
Pero tengo que analizar (a todos los aspirantes) de manera muy
fría… bien me dijo el presidente que no me puedo equivocar”.
Lo cierto es que en ese noviembre Javier Duarte ya tenía en Alberto
Silva a su candidato, al que prefirió por encima de Pepe y Héctor
Yunes, Tomás Ruiz, Jorge Carvallo y Erick Lagos.
Pero como paradoja, a partir de esa comida de la que Duarte salió
muy contento y Alberto Silva lo que le sigue a feliz, las cosas se le

comenzaron al descomponer al gobernador. La alta estima en que lo
tenía Peña Nieto sufrió un increíble bajón principalmente por el
desfalco a las arcas estatales, la inacabable violencia y la falta de
pago a jubilados, proveedores y trabajadores.
Quizá su mayor afrenta fue en enero del 2016 cuando Miguel Ángel
Osorio Chong, lo llamó para decirle: “Sólo para avisarte que el
bueno para Veracruz es Héctor Yunes y por mi conducto el
presidente te ordena que lo apoyes”.
A partir de ese momento Peña Nieto no le recibió ninguna llamada y
se negó a recibirlo cuando sin cita de por medio, Javier acudió a Los
Pinos en un par de ocasiones.
La última vez que se les vio juntos fue en una ceremonia en Antón
Lizardo a la que asistió Javier en calidad invitado de piedra, porque
fue ignorado por el presidente.
Tras ese desaire fue despedido del PRI y se le vino la noche al en su
tiempo poderoso y consentido gobernador veracruzano que este 14
de abril cumplió su condena de nueve años. Pero sigue en prisión
porque hay otra acusación en su contra que puede alargar su noche
otros 14 años.
bernagup28@gmail.com