Sin tacto
Por Sergio González Levet
Ahora que los vientos del norte apabullaron techos, instalaciones eléctricas y
espectaculares, viene a modo revisar la situación de los postes de cableado
aéreo, porque Eolo, el señor de los vientos, anduvo este lunes jugando una vez
más con ellos y puso a muchos en trance de caerse ya al menor soplo, tanto en la
levantisca ciudad de Veracruz como en la capital Xalapa, y contemos los poblados
y poblaciones que se asientan entre ellas.
Y si el posterío que le debemos a la Comisión Federal de Electricidad y a
Teléfonos de México implica un riesgo para las casas, las haciendas y las cabezas
y cuerpos de los ciudadanos y los niños, también son fuente de fealdad para
nuestros horizontes urbanos, porque rompen la concordia de las calles y las
construcciones en lugares en los que aún permanecen algunos resquicios de
estética.
Digo, porque con el oficio de la albañilería y el concurso del cemento, la cal, la
arena y los ladrillos se han cometido y se cometen a diario innumerables pecados
en contra de la hermosura. Vea usted esa casa de ahí enfrente que parece que
fue hecha por un herrero retorcido, con sus protecciones mal puestas, su puerta
chueca, sus tejas colocadas al aventón y su pintura desgastada por el tiempo y el
mal gusto.
Pero pongamos que en nuestras ciudades y pueblos aún quedan ciertas partes
que son testimonio de la belleza que llegó a tener el antiguo arte de los alarifes, o
del empeño de algún arquitecto moderno con dignidad y cierto sentido de la
belleza y el equilibrio… garbanzos de a libra que cada día se encuentran menos y,
para desgracia, que son echados a perder por la intromisión de los cables que se
interponen entre el horizonte y las paredes.
Hay en cada uno de los ayuntamientos una oficina muy pomposa que se
denomina de desarrollo urbano y que se encarga -entre otras cosas importantes-
de que permanezca la armonía en el paisaje de mampostería construido por el
hombre. Según la lógica del arte, quien quiera construir una casa, un edificio, un
portento, debe convencer a los responsables de esa área de que su obra no
afectará la seguridad de las personas ni la concordia de la vista.
Vaya, si su proyecto es feo, podrían decirle allí que no la amuele, que busque
hacer algo más placentero a los ojos de todos; que no arruine la panorámica del
barrio, de la colonia o del fraccionamiento.
Y en desarrollo urbano también tendrían que estar atentos a esos alambres que
rompen cualquier armonía, porque no son nadamás los de la luz o del teléfono,
pues ahora se agarran de los postes también los servicios de televisión por cable,
que son manejados por técnicos con vocación de hombres-araña, porque en cada
esquina establecen marañas de hilos que entorpecerían cualquier salida de
Ariadna al laberinto de Creta, por poner un ejemplo.
Alguien debería multar seriamente a los cableros por el atentado que hacen
contra la estética urbana y alguien debería ponerse a cortar y a desenredar ese
atentado en contra de la vista humana.
sglevet@gmail.com
