LA AMASEMECA

Ago 4, 2026 | Columnas

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Sin tacto

Por Sergio González Levet

Para Mariana, mi hija, mi inspiración también, mi modelo, en su día que fue ayer.

—¡Señor, señor! ¿Cómo está usted? ¿Se acuerda de mí? Soy el “Marchista
Profesional”. ¿Recuerda que una vez me sacó en su columna? Soy Juan Pueblo
—nuestro personaje, vestimenta de campesino, mirada pícara, hombre de sonrisa
feliz.
—Claro, amigo. Es usted el que se dedica a alquilarse y alquilar a su mujer, sus
hijos y hasta a la abuelita para engrosar marchas y manifestaciones en Xalapa. ¿Y
cómo le ha ido últimamente?
—Mal, señor, la verdad. La profesión está de capa caída. Después de la buena
temporada que tuvimos con las campañas del alcalde el año pasado, ahora nos
está yendo de la patada.
—¿Y eso? Yo pensé que con tantos bloqueos y tomas de oficinas que ha
habido aquí, usted habría estado muy ocupado y con usted toda su familia.
—Mire, de faltar, no nos ha fallado la chamba. Ha habido mucha, como nunca.
Hasta el grado de que hemos tenido que trabajar de manera vespertina y hasta
nocturna…
En ese momento, mi conocido dejó ir la vista hacia el infinito, desapareció de su
rostro la sonrisa perenne, se puso entre serio y triste (“saudade”, le dicen a ese
sentimiento los brasileños) y dejó que la congoja se apoderara de su ánimo.
—Chamba no nos falta, sobra, — me explicó— pero el problema es que ¡nos la
han quedado a deber! No nos pagan. Viera usted qué confusión, que nosotros
marchamos para exigir que le paguen a los empleados, a los jubilados, a los
líderes, y éstos no nos pagan a nosotros. Se me hace que vamos a tener que

hacer una marcha por nuestra cuenta para lograr que nos den lo que se nos
adeuda.
La picardía volvió a aflorar, indetenible, y entonces pasó a explicarme lo que
estaba haciendo en los últimos días, que me maravilló francamente. Ahí les va:
—Fíjese, patrón, que como no veíamos claro con lo de los pagos, me junté con
otros colegas ahí en la calle y fuimos a hablar con un licenciado de apellido
Hernández, que nos salió muy bueno. Por recomendación de nuestro abogado,
nos constituimos como un grupo organizado, la Amasemeca, S.C. (Asociación de
Marchistas al Servicio de las Mejores Causas, Sociedad Civil) y empezamos a
levantar demandas ante la Secretaría del Trabajo. Nos explicó el licenciado
Hernández que, aunque no trabajamos en una oficina ni tenemos horario ni
contrato firmado, es posible… humm… documentar que tenemos una relación de
trabajo con los que nos contratan para darle cuero a las marchas.
—Y seguro van a tener éxito, porque a ese licenciado lo conozco y sé que es
muy bueno, y porque además las leyes laborales protegen más al trabajador que
al patrón —le dije, pensando en animarlo.
—No, y ni se imagina lo que nos acaba de descubrir don Rafael. ¡Vamos a
patentar las marchas! Nos dijo que hay una empresa que se llama Mansonto o
Musanto, que patentó todas las semillas, y en adelante cuando quiéramos
sembrar le vamos a tener que pedir permiso para hacerlo… y encima pagarle. Y
de ahí se le ocurrió la idea de que patentáramos las marchas. ¿Se imagina? Si
nos dan la patente, en adelante quienes quieran hacer una manifestación en
Xalapa van a tener que pagarnos los derechos. A ver si con eso cuando menos
nosotros los de la Amasemeca salimos del bache. Ya ve cómo están de
complicadas las cosas en Veracruz.

sglevet@gmail.com