LA CONCORDANCIA HUMANA

Oct 30, 2024 | Columnas

WEB MASTER

Sin tacto.

Por Sergio González Levet.

Tal vez alguien pueda pensar que soy un Pero Grullo cuando afirmo que la
concordancia es una necesidad vital para las relaciones personales y sociales.
Como especie, los seres humanos somos terriblemente sociables. Casi toda la
humanidad comparte el gen de la inter-relación con sus semejantes; la vida
comunitaria es parte esencial de nuestro ADN. Viene desde que los homos se
dieron cuenta de que si trabajaban en equipo podían vencer a las bestias más
feroces. Es un elemento que cooperó fundamentalmente con nuestro éxito en la
evolución y nos coronó como la especie dominante en el planeta.
Cierto, hay excepciones, que son algunos tipos de personas imposibles para
establecer una relación sana, como los tontos, los necios, los fanáticos, los
morenos (je), los soberbios.
Gracias a que logramos ponernos de acuerdo para vencer a animales más
grandes y potentes, pudimos enseñorearnos de la creación. Esa cualidad
magnífica nos permitió convivir en manadas, luego en familias, en tribus, en
comunidades, en pueblos, en ciudades y en megalópolis, aunque es cierto que la
convivencia se volvió más difícil y problemática al crecer el número de las
aglomeraciones.
No obstante, hemos logrado sobrevivir en medio de los graves problemas
sociales y ambientales que produce el apiñamiento, y ahí la llevamos con la vida
como especie pendiente de un hilo y en el filo de la navaja.
Pero es que somos terriblemente sociales. Necesitamos del prójimo para hacer,
para crecer, para medrar. Muchos -con mucha razón- tabulan su éxito no por las
riquezas alcanzadas sino por la cantidad de amigos que han conseguido en su
vida personal y profesional.

Y hay otra cosa: si concordamos con la mayoría de nuestros semejantes,
terminaremos viviendo una vida mejor, más tranquila, más segura, más feliz. Una
vida en paz que nos aleja de los problemas, de los conflictos, de las guerras
mediatas o inmediatas.
Ponernos de acuerdo con los demás es una de las mejores formas de
ahuyentar la violencia, que es el recurso más oneroso para la convivencia
humana. Con el diálogo, la tolerancia y la comprensión se acaban los conflictos,
los problemas, las guerras.
Es tan fácil y remunerador ser tranquilo y pacífico que lo contrario solamente se
puede explicar por una enfermedad de la mente o del alma.
El problema que enfrentamos como personas únicas, es que la sociedad está
enferma, y no se le ve la cura por ningún lado.

sglevet@gmail.com