LA REFORMA Y LA SOBERBIA

Feb 27, 2026 | Columnas

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Sin tacto

Por Sergio González Levet

Escuchar a la presidenta Claudia Sheinbaum en plan de señora respondona y ver
la soberbia plena de la dirigente de Morena Luisa María Alcalde Luján pone en
duda las bondades de que sea el tiempo de mujeres.
Una habla, gesticula y pontifica, y la otra repite en plan de clon las palabras, los
modos y las imposiciones. Las dos son la quintaesencia del autoritarismo, la
negación de la política como un método de negociar, la altanería como su única
forma de actuación posible.
Junto a ellas, Pablo Gómez está estacionado definitivamente en su demencia
senil y se empecina en imponer ya no sus ideas sino sus complejos de líder social
fracasado, al que le llegó el poder con muchas décadas de retraso y ya no supo
qué hacer con él ni pudo disfrutarlo, de ahí tanta amargura, tantos complejos,
tanta sed de venganza.
Las superpoderosa dama y su poderosa empleada, junto con el sugar daddy,
son las cabezas visibles del huracán transformador que se propone imponer la
reforma electoral que le daría la preponderancia a total a Morena por los siglos de
los siglos, piensan.
Como no saben hacer otra cosa, ellos han seguido al pie de la letra el manual
que les impuso Andrés Manuel López Obrador y se acoplan al libreto del mesías
tropical como si fuera su Biblia, su Das Kapital o su libro rojo de Mao:
Primero: mentir; hacerlo desaforadamente, sin límites, sin lógica y sin ningún
apego a la realidad (repetirse hasta el convencimiento total que una mentira dicha
mil veces no se vuelve verdad, sino realidad plena).
Segundo: imponer medidas ilegales y convertirlas en legales a fuerza de
mayoriteos en las cámaras; borrar la democracia en nombre de la democracia.

Tercero: acusar a los otros de los propios delitos cometidos; insultarlos,
calumniarlos, denostarlos.
Cuarta (muy importante): no dejar hablar a los adversarios, a los opositores; en
los foros, no soltar la palabra para que los demás no puedan oponer ideas, datos y
fundamentos: callar a los medios, a los periodistas, a los analistas; censurarlos;
desaparecerlos.
Así piensan imponer la reforma electoral con el fin de que ya nadie pueda en
México ganar elecciones en adelante, ni siquiera los partidos aliados, y de ese
modo Morena consiga el poder absoluto, llegue a la estadía soñada de la
dictadura (estalinista o maoísta o castrista)… y al Tercer Reich, que deberá
permanecer por un milenio, cuando menos.
Una vez que voten en el Congreso de la Unión sobre la iniciativa presentada
por Claudia, el lunes sabremos qué nos espera a los ciudadanos en 2027, en 2029
y en 2030.
Veremos qué tanto quedan vestigios de dignidad entre los representantes
populares…

sglevet@gmail.com